Opinión

Sin territorio pero con fanáticos: así sobrevive el Estado Islámico

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El Estado Islámico aún no ha sido derrotado. Aunque sin territorio y mucho más débiles, todavía cuentan con un gran número de fanáticos que ni sienten arrepentimiento ni aceptan la derrota.

Poco más de 260 combatientes atrapados en tiendas de campaña improvisadas entre Baghouz y el río Éufrates. Eso es lo que queda del hasta hace poco temido califato del Estado Islámico (EI). Sin embargo, aún es pronto para celebrar, ya que el EI, una de las organizaciones terroristas más letales y salvajes de la historia, no ha sido derrotado.

Alberto Rodríguez García, periodista especializado en Oriente Medio, propaganda y terrorismo.
Alberto Rodríguez García, periodista especializado en Oriente Medio, propaganda y terrorismo.
"El colapso del califato en Irak y Siria es un duro golpe moral para los simpatizantes del Estado Islámico en todo el mundo, pero todavía hay fanáticos convencidos".

En un mundo marcado por las telecomunicaciones, la derrota militar no supone el fin de la organización terrorista. Estado Islámico se ha convertido en una ideología para la que no existen fronteras y que no dejará de intentar captar terroristas hasta que se supere en el plano intelectual e ideológico.

Es cierto que el colapso del califato en Irak y Siria es un duro golpe moral para los simpatizantes del EI en todo el mundo, pero todavía hay fanáticos convencidos de sus ideas y dispuestos a morir. Son pocos, sí, pero suficientes. En noviembre de 2015, únicamente hicieron falta siete miserables para llevarse consigo la vida de otras 130 personas en París.

Cientos de miembros del Estado Islámico se están rindiendo a las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), pero según afirma el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos, muy pocos o ninguno muestran arrepentimiento. Algo que ya pasó con el terrorista canadiense Mohammed Khalifa, que tras ser detenido por las FDS aseguró que no se arrepentía de nada. Khalifa fue quien narraba los videos del Estado Islámico en inglés, pero también participó en ejecuciones de soldados sirios.

Los yihadistas europeos que ahora piden volver a sus países intentan quitarse la responsabilidad de haberse unido voluntariamente a una organización terrorista, en gran medida, ayudados miserablemente por medios anglosajones como The New York Times o The Guardian, que pretenden generar empatía y presentarlos como víctimas.

No caigamos en este engaño. Los hombres y mujeres que viajaron para unirse al Estado Islámico ni son víctimas ni lo serán jamás. Son personas que se unieron al califato embaucadas por lo que veían; y lo que veían era guerra, ejecuciones, integrismo, odio, violencia extrema y miedo en la mirada de los enemigos del EI. La única razón por la que ahora quieren volver a Europa es porque su sueño de un califato global ha fracasado. Quieren volver porque si se quedan, solo les queda la muerte, mientras que en Europa las condenas son irrisorias. Tareena Shakil, que en 2014 se unió al Estado Islámico en Siria y volvió a Reino Unido 2016, ha pasado menos de 3 años en prisión. Ahora, goza de plena libertad.

En España la ley es igual de irrisoria. Abu Dahdah, miembro de los Hermanos Musulmanes en Siria y líder de al-Qaeda en España hasta su detención en 2001, solo ha pasado 12 años en prisión y actualmente goza de plena libertad. Dahdah conocía los planes del atentado del 11-S contra las torres gemelas, y la célula que lideró fue la misma que atentó el 11 de marzo de 2004 en Madrid.

Y en esta tolerancia reside el problema. El Estado Islámico como ideología no es algo que surja en 2014 con Abu Bakr al-Baghdadi. La base ideológica que estructura la posterior teoría del EI la encontramos en una organización legal en Europa.

"Es naturaleza del islam dominar, no ser dominado, imponer su ley a todas las naciones y extender su poder a todo el planeta". Esta cita, que bien podría haberla dicho el califa Baghdadi, pertenece a Hassan al-Bana; fundador de los Hermanos Musulmanes en 1928. 

Los Hermanos Musulmanes son una organización islamista que inspiró a los terroristas yihadistas más conocidos del mundo por su infamia. Según teorizó Bana, la sociedad occidental y la separación de religión y política fruto de la ilustración son responsables de la decadencia de las naciones musulmanas.

Del seno de 'la hermandad' surgió Sayyid al-Qutb, que unió el integrismo islámico con la vía violenta. "Una sociedad en la que la legislación no se apoye en la ley divina no es musulmana por muy musulmanes que se proclamen sus miembros", afirmaba, justificando así la violencia contra sus semejantes y los golpes contra gobiernos de tendencia secular.

De las tesis de Sayyid al-Qutb bebieron Osama bin Laden, el actual líder de al-Qaeda Ayman Zawahiri, y uno de los miembros más importantes de al-Qaeda y actual inspiración del Estado Islámico Anwar al-Awlaki.

Alberto Rodríguez García, periodista especializado en Oriente Medio, propaganda y terrorismo.
Alberto Rodríguez García, periodista especializado en Oriente Medio, propaganda y terrorismo.
"Aunque los Hermanos Musulmanes no han cometido directamente atentados en Europa, profesan una ideología extremadamente radicalizante que facilita el traspase de muchos de sus simpatizantes a organizaciones como el Estado Islámico y al-Qaeda".

Los Hermanos Musulmanes actualmente se sienten muy cómodos con los gobiernos turco y qatarí, pero amparados en "obra social", también han logrado asentarse en Europa. A España llegaron en los años 60, y aunque su presencia actualmente es muy difusa, están representados en la Liga Islámica para el Diálogo y la Convivencia en España, que tiene nexos con la Federación de Organizaciones Islámicas de Europa, que aglutina diversas organizaciones de 'la hermandad' en el continente.

Si bien los Hermanos Musulmanes no han cometido directamente atentados en Europa, profesan una ideología extremadamente radicalizante que facilita el traspase de muchos de sus simpatizantes a organizaciones activamente violentas como EI y al-Qaeda.

Al riesgo que supone que estas ideologías ultra-conservadoras y anti-occidentales campen a sus anchas, hay que añadirle el fracaso del sistema penitenciario. Métodos tan ridículos como el de las cárceles españolas de utilizar clases de yoga contra el extremismo de presos yihadistas, lo único que hacen es facilitarles la labor de radicalizar a otros presos con los que comparten espacio. 

Para un terrorista del Estado Islámico, la cárcel no es un castigo si no un sacrificio necesario que los acerca a dios. En el EI la palabra sacrificio es una constante, y sus seguidores más convencidos la tienen grabada en su mente.

Entre 2019 y 2020 cerca de 500 presos relacionados con yihadismo saldrán de las cárceles europeas, y se estima que como ellos, hay otros 1.500 presos comunes radicalizados que también saldrán próximamente. A esta problemática hay que añadirle aquellos fanáticos que no han sido detenidos.

Los retornados también van a ser un gran problema. Estados Unidos amenaza con liberar a 800 yihadistas extranjeros detenidos por sus aliados en Siria si los países europeos no se hacen cargo de ellos.

Los más buenistas (por no pensar que son algo peor), piden que se le dé una segunda oportunidad a estos prisioneros; al menos a las mujeres y los niños que se amparan en una especie de inocencia por no haber sido combatientes. Esto es una falacia. No haber estado en el frente no exime de la culpabilidad de haberse unido, de forma voluntaria, a una organización terrorista que ha declarado la guerra al mundo entero. Si por esta gente fuese, cuando el Estado Islámico era fuerte nos habrían aniquilado sin pestañear.

Las mujeres voluntarias que desde Europa viajaron a Siria son cómplices de todos y cada uno de los asesinatos que ha cometido la organización. Que no estuviesen en el frente no significa que no hayan cometido los peores crímenes que podamos imaginar. Según cuentan desde la fundación para el tratamiento post-traumático de las yazidíes que sobrevivieron al genocidio del Daesh contra su comunidad, la 'Free Yezidi Foundation', las mujeres del EI muchas veces eran peores que los hombres.

Alberto Rodríguez García, periodista especializado en Oriente Medio, propaganda y terrorismo.
Alberto Rodríguez García, periodista especializado en Oriente Medio, propaganda y terrorismo.
"El Estado Islámico ha creado una generación de asesinos de cuya magnitud todavía no somos conscientes".

La mayoría de extranjeras que llegaban al califato participaban activamente en la organización, ya sea captando y radicalizando desde el Ministerio de Medios, preparando las esclavas sexuales o patrullando las calles como la policía de la moral 'Hisbah'. Lo que todas tienen en común es que fueron para criar a "los leones del mañana"; término con el que el EI se refería a los niños que adoctrinaba y entrenaba para matar. Porque sí, el Estado Islámico ha creado una generación de asesinos de cuya magnitud todavía no somos conscientes.

La destrucción del califato que proclamó Abu Bakr al-Baghdadi desde Mosul el 4 de julio de 2014 es motivo de celebración; pero que ello no impida ver toda la lucha que aun hay por delante contra la organización, que mantiene territorios en Asia y África, y contra la ideología, que todavía embauca a lobos solitarios como el que esta semana hirió con arma blanca a dos personas en Marsella.

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