Opinión

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Alberto Rodríguez García

Periodista y fundador 14 Milímetros. Especializado en Oriente Medio, propaganda y terrorismo, analiza desde un punto de vista crítico los conflictos que están re-inventando las Relaciones Internacionales en un momento en el que las 'fake news' saturan el panorama informativo. @AlRodriguezGar
El mundo es un lugar despiadado en el que el mercado existe para que el grande pueda comer al pequeño. El precio del barril de petróleo ha caído, y el panorama no es nada esperanzador. El margen de beneficio cada vez es menor y muchos proyectos ni siquiera pueden cubrir el coste, por lo que solo el más preparado sobrevivirá. Y el momento demostrará si "el pez grande" realmente lo es o si el poder que vemos no es más que la proyección de una sombra amplificada por el fulgor de su ocaso.
Los terroristas más poderosos del mundo no están ni en Siria ni en Afganistán ni en Mali; están en Washington. Los halcones más belicistas del gabinete Trump amenazan a diario la vida de 81 millones de iraníes que, en plena pandemia por el COVID-19, hacen frente a unas sanciones criminales que asfixian su economía y limitan la capacidad de respuesta al coronavirus que ha puesto al mundo en alerta.
El presidente turco, que sueña con convertirse en 'el nuevo sultán otomano', lleva años en los que ya ni siquiera se esfuerza en ocultar sus ambiciones expansionistas apelando repetidas veces a las fronteras del Imperio Otomano y reivindicando como las fronteras nacionales de Turquía Alepo y Mosul, además de regiones de Grecia, Georgia y todo Chipre cuyo norte ya ocupan los turcos.
Con el resultado de las elecciones al Parlamento, la mayoría del poder en Irán vuelve a estar en manos de la línea más dura de la revolución islámica, que se ve con cada vez más posibilidades de recuperar una Presidencia que ha estado en manos de los reformistas desde la derrota de Ahmadineyad.
Esta ofensiva de Idlib es algo más que una batalla del gobierno sirio contra la última región que tiene declarada abiertamente la guerra al estado: es una batalla contra la infamia.
Tras la invasión de 2003 y el derrocamiento de Saddam Hussein, Irak quedó roto y no se ha recuperado de unas heridas que siguen sangrando. Los iraquíes ahora gozan de más libertad para expresar sus sentimientos y sus ideas, sí, pero siguen encerrados entre cuatro muros: uno de corrupción, otro de inmovilismo, otro de sectarismo y otro de servilismo a la potencia de turno.
Siria sufre una terrible guerra económica por parte de EE.UU. y la UE que busca, como los asedios medievales, someter a la población. El país pasa por uno de sus peores momentos, y cómo lo gestione el gobierno será determinante para poder empezar a hablar de paz en el país.
A estas alturas y tras 9 años de violencia, la única solución para Libia es la militar. No puede haber convivencia entre Tobruk y Trípoli, y apostar únicamente por esa vía solo va a alargar el sufrimiento de la población.
Irán realizó el ataque, pero no terminó el conflicto con EEUU. Entiende las claves de la crisis que ha tenido al mundo en vilo.
En un país en el que la desigualdad económica es tan notoria como la generacional reflejada en un gobierno gerontocrático, en el que los jóvenes piden la modernización de un sistema estancado, Tebboune deberá enfrentarse al reto más difícil que debe asumir un líder político: el cambio.
EEUU perdió la guerra en Afganistán. Su intervención, inútil, no ha podido impedir que los Talibán sean cada día más fuerte. Es hora de dialogar, de introducir nuevos actores y de conseguir poner fin a una guerra que ya es lo único que conocen muchos afganos
La falta de liderazgo, organización y la inexistencia de programada, sumado a la injerencia externa y los malos aliados, condenaron las protestas de Irán a fracasar desde el principio.