Opinión
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Alberto Rodríguez García

Periodista y fundador 14 Milímetros. Especializado en Oriente Medio, propaganda y terrorismo, analiza desde un punto de vista crítico los conflictos que están re-inventando las Relaciones Internacionales en un momento en el que las 'fake news' saturan el panorama informativo. @AlRodriguezGar
Abu al-Jolani ahora reniega abiertamente de la marca de al-Qaeda, y con ello, aun manteniendo las mismas ideas criminales, solo con un cambio de envoltorio para el mismo producto, quienes tienen voz en Washington y Bruselas ya han puesto en marcha la maquinaria para revelarlo como la alternativa.
Los veinte años de intervención solo han servido para enriquecer a una nueva élite corrupta que ha perpetuado y agravado las diferencias entre la población urbana y rural.
El presidente ha dejado muy claro que no se va a ir y que ha sobrevivido, resistido y superado la guerra, la insurrección yihadista financiada por terceros países y unas sanciones salvajes.
Es el vil castigo que impone Marruecos a España por dar tratamiento médico por cuestiones humanitarias a Brahim Ghali, líder del Frente Polisario y presidente de la República Árabe Saharaui Democrática. Imaginen lo que es capaz de hacer un tirano que castiga a otra nación soberana solo por hacerse responsable de sus obligaciones humanitarias.
No, la escalada de violencia entre Israel y Palestina no es una escalada provocada por Hamás. No, la escalada no ha empezado por los cohetes gazatíes.
La decadencia de al-Qaeda, que no ha sido capaz de volver a atacar en el corazón de Europa y EEUU, no es consecuencia directa de haber descabezado la serpiente, sino más bien de las divisiones dentro del yihadismo internacional.
Por mucho que intenten maquillarlo, la retirada ordenada por Joe Biden no difiere tanto de la retirada de Richard Nixon en Vietnam.
Teherán ha sobrevivido y ha salido con más fuerza. Y en su desesperación, Tel Aviv está tensando la cuerda de tal modo que si no mide sus acciones solo serán posibles dos escenarios: o un Irán fuerte con armamento nuclear, o pasar de la guerra asimétrica a la guerra total.
Tanto Irán como Rusia, China, Reino Unido y la UE coinciden en que el acuerdo nuclear es la mejor opción para la seguridad, la convivencia y la prosperidad. Pero al otro lado del Atlántico, en EE.UU., aunque Biden haya criticado la política de Trump, no está dispuesto a ceder contra su rival chií reconociendo una humillante derrota en la política exterior de su país.
La auténtica guerra a la que todavía tiene que hacer frente Siria –aunque la mayoría de los frentes hayan desaparecido o se hayan calmado–, es a la de la supervivencia económica.
Los mismos países, activistas y tramposos que hablaban de que las condiciones de vida debían mejorar en Siria, ahora quieren castigar a los sirios condenándolos al hambre, celebrando su hambre, para que nunca conozcan la paz. Porque las mismas potencias que quisieron destruir Siria, quieren que Siria nunca renazca de sus cenizas. Porque la infamia no conoce los límites.
Si de acuerdo a la ONU China respeta y enseña las lenguas y expresiones culturales de las minorías en sus regiones, si atendiendo a la libertad religiosa en China hay musulmanes uyghures, hui, kazajos, uzbekos, tayikos; si de acuerdo a los censos la población uyghur de Xinjiang está aumentando, ¿por qué llevar a cabo un genocidio contra los uyghures?