Opinión

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Alberto Rodríguez García

Periodista y fundador 14 Milímetros. Especializado en Oriente Medio, propaganda y terrorismo, analiza desde un punto de vista crítico los conflictos que están re-inventando las Relaciones Internacionales en un momento en el que las 'fake news' saturan el panorama informativo. @AlRodriguezGar
Esta ofensiva de Idlib es algo más que una batalla del gobierno sirio contra la última región que tiene declarada abiertamente la guerra al estado: es una batalla contra la infamia.
Tras la invasión de 2003 y el derrocamiento de Saddam Hussein, Irak quedó roto y no se ha recuperado de unas heridas que siguen sangrando. Los iraquíes ahora gozan de más libertad para expresar sus sentimientos y sus ideas, sí, pero siguen encerrados entre cuatro muros: uno de corrupción, otro de inmovilismo, otro de sectarismo y otro de servilismo a la potencia de turno.
Siria sufre una terrible guerra económica por parte de EE.UU. y la UE que busca, como los asedios medievales, someter a la población. El país pasa por uno de sus peores momentos, y cómo lo gestione el gobierno será determinante para poder empezar a hablar de paz en el país.
A estas alturas y tras 9 años de violencia, la única solución para Libia es la militar. No puede haber convivencia entre Tobruk y Trípoli, y apostar únicamente por esa vía solo va a alargar el sufrimiento de la población.
Irán realizó el ataque, pero no terminó el conflicto con EEUU. Entiende las claves de la crisis que ha tenido al mundo en vilo.
En un país en el que la desigualdad económica es tan notoria como la generacional reflejada en un gobierno gerontocrático, en el que los jóvenes piden la modernización de un sistema estancado, Tebboune deberá enfrentarse al reto más difícil que debe asumir un líder político: el cambio.
EEUU perdió la guerra en Afganistán. Su intervención, inútil, no ha podido impedir que los Talibán sean cada día más fuerte. Es hora de dialogar, de introducir nuevos actores y de conseguir poner fin a una guerra que ya es lo único que conocen muchos afganos
La falta de liderazgo, organización y la inexistencia de programada, sumado a la injerencia externa y los malos aliados, condenaron las protestas de Irán a fracasar desde el principio.
Líbano atraviesa un momento histórico. La población se ha cansado de la corrupción y la nefasta situación económica, pero la revolución está amenazada por el sectarismo y el temor de quienes todavía tienen muy presentes los 15 años de guerra civil.
Reconocer que hubo un exterminio sistemático de armenios junto a otras comunidades cristianas en el Imperio Otomano no va a cambiar la historia. Tampoco va a hacer que los armenios dejen de ser una de las comunidades más dispersas a lo largo del mundo. Pero reconocer el genocidio es el primer paso para honrar la memoria de las víctimas del 'primer genocidio del siglo XX'.
La muerte de Baghdadi ha llegado ya demasiado tarde. A estas alturas ya hay miles de radicales que han interiorizado las ideas del Estado Islámico y han hecho suyo el estandarte de la brutalidad y la guerra contra el mundo. Habrá divisiones, disputas e incertidumbre. Innegablemente se debilitarán, pero mientras no se trabaje contra los problemas que lo refuerzan y la retórica que lo legitima, el monstruo lejos de desaparecer, se limitará a cambiar su forma.
Las YPG se perdieron tanto en su quimera que no vieron cómo Trump llevaba tiempo avisando con que quería salirse de Siria. Tampoco vieron que eran incapaces de hacer frente a ejércitos de verdad. Y ahora ya no les queda nada por lo que luchar. Las únicas posibilidades de supervivencia que le quedan a las YPG en este momento son la de reconciliarse con Damasco en los términos de la legalidad de Siria o convertirse en la fuerza mercenaria de EEUU en el desierto sirio.