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Sectarismo y odio: así era el terrorista sirio que convirtieron en mártir

Publicado: 13 jun 2019 17:31 GMT

Sarout era un futbolista sirio que no tardó en convertirse en el icono de "la rebelión contra Bashar al-Assad". Pero sus canciones, famosas desde las primeras revueltas de Homs, eran un llamamiento al odio. Sarout siempre simpatizó con el Estado Islámico, y murió compartiendo trinchera con los terroristas de al-Qaeda.

El terrorismo tiene muchas formas. Terrorista no solo es el que aprieta el gatillo o detona la bomba. Terrorista también es aquel que aplaude o justifica las acciones del asesino. Terroristas son también, de alguna manera, todos los que han lamentado la muerte de Abdel Baset Sarout y mitificado su figura; la figura de un terrorista de Estado Islámico (ISIS) primero y al-Qaeda después.

Si en el mundo real la línea que separa los buenos de los malos pocas veces existe, en los grandes medios está determinada por quien mejor paga. La moral y la ética parecen no existir, y es que solo eso explica que esta semana hayamos presenciado uno de los espectáculos más ruines que cabría esperar: periodistas lamentando la muerte de un fanático yihadista como Sarout, aupados por miserables que homenajean con total impunidad su memoria en Sol; en pleno corazón de Madrid, la misma ciudad en la que el 11 de septiembre de 2004 sus aliados asesinaron a 193 inocentes.

Alberto Rodríguez García, periodista especializado en Oriente Medio, propaganda y terrorismo.
"Es de todo menos serio que, en un país en el que la apología del terrorismo está penada, se permita a periodistas blanquear, justificar y elevar al estatus de ídolo a un ex-miembro de ISIS y colaboracionista de al-Qaeda". Alberto Rodríguez García, periodista especializado en Oriente Medio, propaganda y terrorismo.

Sarout era un futbolista sirio que no tardó en convertirse en el icono de "la rebelión contra Bashar al-Assad". Sus cánticos, famosos desde las primeras revueltas de Homs en 2011, hicieron que pronto se lo conociese como "el cantante de la revolución".

Más allá del relato idealista, quasi-caballeresco que nos presentan periodistas [activistas] de dudosa honestidad, Baset Sarout no era un poeta romántico que cantaba versos de libertad. Sarout cantaba a la muerte, en nombre del odio. Así pues, en 2012 cuando los rebeldes se estaban haciendo fuertes en Homs, Sarout incitaba a las masas a acompañar el cántico "nosotros somos yihadistas, Homs ha tomado su decisión, vamos a exterminar a los alawitas y los chiíes se tienen que ir".

Podría parecer que el cántico anterior fue una excepción; un error sin pensar fruto del fervor y la enajenación de estar participando en un movimiento que amenazaba las raíces del mismísimo estado sirio. Por si quedaban dudas, más tarde apareció cantando con miembros de al-Qaeda en Siria versos llenos de loas a los atentados del 11S contra las Torres Gemelas tras los que 3.000 personas nunca pudieron volver a casa.

Abdel Baset Sarout fue un fundamentalista convencido. En una entrevista de 2014, cuando su milicia había sido prácticamente derrotada en Homs, pedía la unidad de Jabhat al-Nusra (al-Qaeda en Siria, ahora HTS) y el Estado Islámico para "combatir a los cristianos". Entre palabras de adoración a los líderes de ambas organizaciones, Abu al-Jolani y Abu Bakr al-Baghdadi, afirmaba que "al contrario que los cristianos y chiíes, [ni rebeldes ni yihadistas] temen ni los cinturones bomba ni los coches suicida". Según Baset Sarout, al-Qaeda e ISIS "solo son musulmanes con el objetivo de empoderar la ley de Allah en la tierra (sharía)".

Y estos discursos no son sorprendentes viniendo de alguien que en 2014 quiso unirse al Estado Islámico. Alguien que quiso unirse al Estado Islámico pero que en 2018 terminó siendo comandante de Jaysh al-Izza; un grupo yihadista radical, responsable de cometer crímenes de guerra y que es aliado de al-Qaeda. El 8 de junio Baset Sarout murió por heridas de mortero, por estar en el mismo frente que los integristas de al-Qaeda.

A cualquiera que haya seguido la guerra de Siria con algo de seriedad no le pueden sorprender ni el historial de fanatismo ni los discursos de Baset Sarout. Lo que no tiene explicación –y mucho menos justificación– es que las autoridades españolas, supuestamente comprometidas en la lucha anti-terrorista, hayan permitido que se hagan homenajes a un criminal de su talla. Es de todo menos serio que, en un país en el que la apología del terrorismo está penada, se permita a periodistas blanquear, justificar y elevar al estatus de ídolo a un ex-miembro de ISIS y colaboracionista de al-Qaeda.

El mismo día en que se unos pocos individuos se reunían en Madrid para homenajear "el martirio" de Sarout, la milicia de la que era comandante, Jaysh Izza, hacía lo mismo degollando en Idlib a dos prisioneros del ejército sirio y difundiendo el video a través de los medios de al-Qaeda.

Alberto Rodríguez García, periodista especializado en Oriente Medio, propaganda y terrorismo.
"Jaysh Izza, el grupo en el que Sarout era comandante, a pesar de ser aliado de al-Qaeda, durante años ha estado recibiendo armamento a través del programa de la CIA para apoyar a los rebeldes sirios". Alberto Rodríguez García, periodista especializado en Oriente Medio, propaganda y terrorismo.

De todo lo malo siempre se puede extraer algo bueno, y es que es de agradecer la honestidad de quienes se quitan la careta de periodistas para demostrar que son poco más que unos activistas apologistas de terroristas. ¿Qué gana alguien apoyando a un miembro de al-Qaeda desde España? Un país en el que hemos sufrido y pagado con sangre la intolerancia de estos fanáticos. ¿Por qué hacerlo? Si es por convicción, deberían estar entre rejas. Si es por ignorancia, debería impedirse que puedan seguir escribiendo. Si es por dinero… como personas dejan mucho que desear.

Pero los hipócritas, los apologistas del terrorismo, a veces tienen momentos de lucidez o, siendo realistas, honestidad involuntaria. Qué poético ver cómo llaman "icono de la rebelión contra Bashar al-Assad" a un fanático yihadista, simpatizante de al-Qaeda y de ISIS.

El caso de Abdel Baset Sarout no es un caso aislado. Baset Sarout es un tonto útil más blanqueado por unos medios hundidos en la podredumbre. Baset Sarout es un producto mediático; alguien carismático a quien utilizar para justificar la guerra. Jaysh Izza, el grupo en el que Sarout era comandante, a pesar de ser aliado de al-Qaeda, durante años ha estado recibiendo armamento a través del programa de la CIA para apoyar a los rebeldes sirios. Es mucho más fácil justificar estas cosas si focalizamos la atención en un personaje ya reconocido dentro de Siria que canta canciones y se envuelve en un aura de revolucionario que no es tal.

El terrorismo tiene muchas formas. Terrorista no solo es el que aprieta el gatillo o detona la bomba. Cuando alguien comete un atentado o protagoniza una ejecución, tenemos que ser muy conscientes de que detrás hay una red de personas que, voluntaria o involuntariamente, justificaron al verdugo. A veces, las palabras del periodista que justifica las acciones del asesino, hacen más daño que las balas. A veces, el periodista también es el terrorista.

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