Opinión

La fuerte crisis económica que amenaza a Líbano y la opción de China para conseguir un cambio radical

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El asesor financiero del Gobierno libanés en las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI), Henri Chaoul, ha dejado este junio su cargo ante la imposibilidad de reestructurar el sector bancario, y es que el sistema libanés no quiere cambiar porque quienes deberían reformarlo son el propio sistema. Algo que pasa cuando los políticos son, a su vez, accionistas de bancos y empresas. Reformar el sistema requiere que estos paguen el dinero expoliado a los ciudadanos… pero es mucho más sencillo hacer responsables de la crisis a los trabajadores libaneses.

La clase política que supuestamente debería solucionar los problemas de Líbano ni siquiera se pone de acuerdo para detectar los problemas del país, que han conducido a una crisis económica con pérdidas mil millonarias en el sector financiero. Ni las autoridades ni las instituciones se ponen de acuerdo, y cada uno da sus cifras, tan contradictorias que varían entre los 80.000 y 241.000 millones de dólares de pérdidas. Los ciudadanos, sin embargo, están al límite por una situación que no parece siquiera que vaya a revertirse en el corto, medio y largo plazo. Eso ha hecho que tras varios meses de parón por el coronavirus las calles vuelvan a llenarse y a arder, destacando los enfrentamientos entre manifestantes y autoridades en Tripoli. A su vez, la tensión cada vez mayor ha llevado a los partidos a organizar un encuentro en Baabda para calmar la situación, aunque todo apunta a que va a ser tan poco fructífero que ni siquiera está confirmada la asistencia de todos los invitados. Cómo no, lejos de lograr un entendimiento, se espera que algunos invitados saboteen el encuentro.

Alberto Rodríguez García, periodista especializado en Oriente Medio, propaganda y terrorismo
Alberto Rodríguez García, periodista especializado en Oriente Medio, propaganda y terrorismo
La destrucción económica de Siria que busca Washington con la Ley Cesar inevitablemente va a ser la estocada final para una mortecina economía libanesa

Y por si todo lo anterior fuera poco, EE.UU. ha impuesto en Siria la Ley César, que castiga y sanciona a cualquiera que comercie o haga acuerdos con el Estado sirio y empresarios cercanos al gobierno, independientemente de su nacionalidad/país de origen. Esto es un duro golpe no solo para Damasco, sino también para Beirut, y es que ambas economías están muy vinculadas. Muchos libaneses se han estado beneficiando del comercio, el estraperlo, los bancos libaneses guardan millones sirios y, de la noche a la mañana, la frontera solo sigue siendo una oportunidad de negocio para pequeños comerciantes y contrabandistas; aun cuando el control de los pasos fronterizos es cada vez más estricto. La destrucción económica de Siria que busca Washington con la Ley Cesar inevitablemente va a ser la estocada final para una mortecina economía libanesa. Por poner uno de muchos ejemplos, las contratistas que participaban en la reconstrucción de Siria enfrentan la ruina por el cese de contratos o por las sanciones norteamericanas. Esto repercute directamente en empresas de transporte y logística. Esto repercute directamente en Líbano, que está al borde de la bancarrota.

La devaluación de la libra libanesa y la falta de dólares no solo son una desgracia en términos macroeconómicos, sino también para la economía familiar. Imaginen la siguiente situación: de todo el dinero que creías tener, a niveles prácticos, solo te queda la mitad. ¿Cómo es posible esto? Sencillo: los ciudadanos ya no pueden retirar más de 200 dólares de los cajeros (en Líbano el dólar se utiliza tanto que prácticamente ha sustituido a la moneda local). Para el día a día solo pueden retirar moneda local; pero la moneda se ha ido devaluando desde octubre de 2019, hasta valer hoy la mitad de lo que ha estado valiendo los últimos veinte años.

La devaluación en el mercado negro, que es el que termina determinando los precios, es incluso mayor (en el momento de escribir este artículo la moneda libanesa ha llegado a 6.000 libras libanesas por dólar en el mercado negro frente a las 3.900 del cambio oficial). Los libaneses han estado durante años viviendo en dólares cuando el país solo imprime Libra Libanesa. Los dólares solo llegaban por turistas, ventas (y Líbano apenas exporta nada) y la diáspora. El sistema ha implosionado porque desde el principio estuvo diseñado para fracasar a largo plazo. El sistema era tan delicado que lo que durante décadas parecía funcionar, se ha desmoronado en cuestión de meses.

A lo anterior hay que sumarle que los bancos han hecho que el dinero "se esfume". Durante años han estado funcionando prácticamente como una estafa piramidal, prometiendo beneficios a los depositantes, pagando los intereses con el dinero de otros depositantes. Ahora que los bancos no pueden pagar más intereses, tampoco pueden devolver todo su dinero a los depositantes.

Nuevas opciones

Como en la realpolítica no hay amigos, pero sí relaciones de conveniencia –algo en en Líbano han aprendido con los acontecimientos recientes–, el país empieza a mirar hacia el este. El gobierno ha pedido a EE.UU. que los exima de algunas sanciones contra Siria en el marco de la Ley César, pero cómo respondan desde la Casa Blanca a la petición podría provocar un giro hacia China, que se ha ofrecido para invertir en infraestructura y establecer plantas eléctricas. La oferta china es una de muchas –estimadas en 12.000 millones de dólares en inversiones– que ayudarían a reinventar el modelo libanés para convertir el país en autosuficiente, con un modelo más próspero que el actual basado en el turismo, el sector bancario y el sector inmobiliario.

Alberto Rodríguez García, periodista especializado en Oriente Medio, propaganda y terrorismo
Alberto Rodríguez García, periodista especializado en Oriente Medio, propaganda y terrorismo
Sustituir de facto la moneda nacional por el dólar, meter todos los huevos en una misma cesta y depender de las políticas de EE.UU. en la región ha demostrado ser un fracaso estrepitoso. Solo un cambio radical en las dinámicas del sistema puede poner fin al hambre

Aunque hay miembros del actual gobierno libanés que insisten en mirar únicamente hacia el oeste del Mediterráneo, cada vez cobra más fuerza una línea que aboga por cambios y nuevos aliados al este de la península arábiga. Tal es así que el Secretario General de Hezbolá, Hassan Nasrallah, ya no oculta su simpatía respecto a la idea de negociar con los chinos, comentándolo incluso en discursos televisados. Y es que sustituir –de facto– la moneda nacional por el dólar, meter todos los huevos en una misma cesta y depender de las políticas de EE.UU. en la región ha demostrado ser un fracaso estrepitoso. Solo un cambio radical en las dinámicas del sistema puede poner fin al hambre, que cada vez amenaza a más libaneses abandonados por un Estado que apenas existe.

No hay que ser cándido y pensar que la inversión de China está motivada por la caridad en lugar de los intereses. Pero frente a unos aliados tradicionales que únicamente han servido para mantener al país dependiente, dividido, enriqueciendo solo a unas élites corruptas, China propone comunicar Líbano con una red de ferrocarriles desaparecida desde 1993 (una ruta) y 1997 definitivamente. Frente a unos aliados tradicionales, con unas políticas que han llevado al Líbano a su aislamiento –imponiendo sanciones e imposibilitando su desarrollo mutuo con Siria y de ahí establecer rutas terrestres a Irak e Irán–, los chinos tienen un proyecto ambicioso que aboga por conectar naciones mediante una nueva ruta de la seda.

Y sí, hay quienes pueden interpretar la entrada de China como una flagrante injerencia china, pero en un mundo globalizado ¿qué país no sufre de injerencias? La lógica debería consistir no en una falsa sensación de soberanía, sino en: problemas-soluciones, objetivos-resultados, costes-beneficios.

Los retos de Líbano son muchos, y la clase política se mantiene inmóvil desde que en octubre estallasen las protestas. Sin líderes decididos, el Líbano solo avanza hacia peor, hacia su colapso económico. Qué pasará es imposible de prever, pero sin una acción rápida, sin un cambio radical, no hay luz al final del túnel.

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de RT.