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¿Última Cumbre de Las Américas? Juegos y trampas

Publicado: 9 abr 2015 09:30 GMT

Este 10 y 11 de abril se reunirá en Panamá la mayoría de Jefes de Estado regionales en la VII Cumbre de las Américas. Será la oportunidad para que toda América Latina y el Caribe asistan en su calidad legítima de actor con el fin de proponer al Hemisferio un documento que recoja las aspiraciones más sentidas de sus ciudadanos, mostrando la unidad en los principios de soberanía. Paralelamente se dará la Cumbre de los Pueblos, que albergará a los movimientos sociales independentistas, aportando de modo extraoficial una base sustancial genuina a dicho evento.

Esta séptima reunión internacional se realiza cuando el mundo del siglo XXI, afortunadamente, es diferente al anterior y donde las naciones emergentes y soberanas alcanzan a contabilizar casi el 50% del total existente en el planeta, pese a que antes del año 2000 aún los porcentajes no superaban el 5%. Así mismo, la guerra mediática se perfila muy acentuada y con un avance significativo de la comunicación alternativa pese a la concentración de medios privados con mensaje colonizador. Es este el momento en que las facciones militaristas tienen vastos territorios ocupados, en guerra o sometidos a una violencia terrorista-coalicionada, lo que genera dudas sobre la pacificación imprescindible. Hoy se ve con asombro positivo como los movimientos sociales van alcanzando las metas propuestas para lograr una concertación en desarrollo sostenible. Junto a ello, queda claro que la política de sanciones unilaterales y extraterritoriales es el último recurso de las transnacionales del poder, a través de potencias basadas en la indefensión de pueblos, pese a que cada día ven su arrogancia pronta a desaparecer.

En este contexto es que la VII Cumbre debe establecer los principios básicos que rigen la región: territorio de paz y esperanza; respeto a la soberanía de las naciones y oposición total a la injerencia en los asuntos de otros estados por parte de potencias belicistas; progreso sostenido con base en la nacionalización de las riquezas básicas y la mantención de éstas como parte inalienable de las existencia propia; adopción de modelos autónomos cuyo fin sea el bienestar de la ciudadanía en equidad por sobre esquemas copiados, caducos y expoliadores como el neoliberalismo; complementariedad como fuerza vital para el desarrollo basado en la confianza y el espíritu constructivo, entre otros no menos significativos.  

A partir de lo anterior, es fundamental que los gobiernos latinoamericanos y del Caribe exijan acuerdos concretos con el régimen estadounidense, que contemple los siguientes aspectos y sea aceptado de modo público por Washington: derogar la orden ejecutiva firmada el 9 de marzo que declara a Venezuela como una amenaza inusual y extraordinaria; eliminar definitivamente el bloqueo económico, comercial, financiero, de medio siglo a Cuba; suspensión de la militarización de la región y salida de todas las bases militares de EE. UU.; redefinir los convenios antidrogas y “humanitarios” para establecer criterios autónomos sin injerencia foránea; estudiar a profundidad la situación de los inmigrantes en el país del norte, protegiendo su vida y bienestar. En esta dirección, es esencial junto a otros puntos, el compromiso público de Hussein Obama de luchar decididamente en el Congreso de Estados Unidos por eliminar la vigencia del embargo estadounidense sobre la isla, decretado en 1962.

Por tanto, el Documento final deberá expresar la soberanía de América Latina, su rechazo a la injerencia externa del régimen estadounidense o cualquier otro, los compromisos suscritos por éste de ahora en adelante y las propuestas que estará obligado a presentar el mandatario estadounidense al Legislativo o cambiar radicalmente lo que esté en su campo de acción. De no reflejarse, la Cumbre queda en entredicho y, en su defecto, Latinoamérica y el Caribe deberán realizar su propio documento testimonial  por fuera de la potencia colonial o, si es preciso, abstenerse hidalgamente de suscribir declaración alguna.

Las posibilidades de establecer una agenda que privilegie la soberanía de Latinoamérica y una agenda social dependerá de varios factores, especialmente de la determinación digna y soberana que asuman sus mandatarios, los cuales pueden asistir con una valentía sin igual, símbolo de un continente altivo y digno, o con posiciones dubitativas que demuestre una oscilación entre la sumisión a las órdenes de un poder imperial versus el actuar valientemente al representar los intereses de sus naciones. Las tensiones internas al evento marcarán el desenlace.

Respecto al borrador del documento que circula actualmente, denominado “Mandatos para la acción. Prosperidad con Equidad: El Desafío de la Cooperación en las Américas”, que contendrá 8 acápites- Educación, Salud, Energía, Medio Ambiente, Migración, Seguridad, Participación Ciudadana y Gobernabilidad Democrática-diversos analistas han planteado con seriedad que éste sólo puede ser refrendado por América Latina si cumple con las exigencias propuestas. En caso contrario, el deseo de mantener el objetivo estratégico de las reuniones no tendría asidero sustentable.

Lo cierto es que ésta es una oportunidad única para determinar el valor que tiene la OEA y las Cumbres en el concierto continental pues, de no lograr reivindicaciones válidas se entenderá que no posee el contenido efectivo de autonomía imprescindible, lo que obliga a su disolución definitiva. Por el contrario, si se obtiene lo exigido, serán comprendidas como herramientas que podrían cooperar en el proyecto de emancipación regional.

Consideraciones necesarias

Cabe señalar con absoluta certeza que Estados Unidos expondrá un discurso de integración, apertura comercial, paz y armonía, exigiendo cumplimiento de los derechos humanos-del cual se exceptuará-, insistiendo en la búsqueda de la libertad como valor fundamental, lo cual no debe ser interpretado sino como parte de la diplomacia retórica al cuestionar a naciones insumisas. Roberta Jacobson, Subsecretaria de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental de los Estados Unidos, ha dado ya la visión que sostendrá realmente el Pentágono. Por una parte, la no intención de abordar el tema de Venezuela pues sería un tema “sobredimensionado” ya que jamás habrían pensado en invadir a éste, y por ser una discusión regional y no de un país en particular, tocando sólo asuntos de carácter “hemisférico”, es decir, que preocupe a todos. Esta funcionaria prevé que habrá menos tensiones que en Colombia, en la anterior sesión efectuada en Cartagena de Indias (2012), expresando decepción por la supuesta demonización de su nación aunque lamentando la oposición conjunta a dicho decreto…pese a que según su percepción es simplemente un apoyo muy débil producto de las circunstancias. Cómo se ha comentado profusamente en las Redes, es absurdo, y allí si sobredimensionado, declarar en emergencia nacional a una nación porque siete funcionarios de un gobierno diferente y sin posibilidades de atentar contra nadie- hacen caso omiso de sus reclamos. Lo delicado es que este decreto legaliza las ocupaciones militares en los países señalados.

El concepto de seguridad hemisférica basado en la guerra, el papel de Colombia o Perú, la militarización de Honduras y Guatemala, se expresará en que Hussein Obama llamará a diversos gobernantes “flexibles” (Peña Nieto, Cartes, u otros), y cercanos como Hollanta Humala y Juan Manuel Santos, para indicarles la postura que deberán tomar, la cual no es tan seguro que sea privilegiada en esta coyuntura. Sostener que iniciar conversaciones con Cuba abrirá un espacio inmenso al presidente Obama es propio de la infantilización política. No sería de extrañar, producto de la debilidad del régimen estadounidense a nivel mundial, que asista con una carta debajo del brazo con el fin de ganar simpatías, como puede ser eliminar a Cuba de la lista de auspiciantes “terroristas” según sus estándares u otra medida de impacto emocional. Cuando se conoce que el agente CIA, Félix Rodríguez Mendigutía, implicado directamente en el asesinato del Che Guevara, ha sido acreditado para este evento, se confirma la complicidad y supeditación de las autoridades a la Casa Roja estadounidense.

El tablero de ajedrez propone una jugada lógica: sólo si Obama acepta un documento compartido donde se compromete públicamente a desbloquear Cuba, derogar el decreto de amenaza continental, desocupar las bases militares y rescindir la “asesoría” para el narcotráfico, no provocar crisis económicas artificiales, entre otros puntos no menos importantes, se entenderá que existe el compromiso real de cambiar su política de injerencia y arrogancia. En caso contrario, se supone que sería la última Cumbre y exponencialmente el destino final de la OEA, para dar paso a nuevas organizaciones con sentido democrático y actualmente vigentes.

Es preciso advertir que la OEA, especialmente bajo la conducción del ex Secretario General, José Insulza (reconocido neoliberal, contrario a los procesos de Venezuela y Cuba), ha permitido un espacio informativo ya preestablecido que facilite a las organizaciones antidemocráticas mostrar un show mediático internacional. Será importante ver hasta qué punto este teatro de operaciones manipulado sobrepasa la importancia de la discusión al interior del evento. No es imposible que el enfrentamiento entre fuerzas soberanas e injerencistas alcance un alto nivel en los Medios, que es un objetivo probable de los organizadores, especialmente por las denuncias de manejo irregular en las acreditaciones a través de Panamá lo que ha llevado ya al retiro de las delegaciones cubana y venezolana en el foro Sociedad Civil.

Es muy factible que las nuevas revelaciones de Edward Snowden confirmando el espionaje británico a Argentina, con el apoyo de las agencias de inteligencia estadounidenses para conocer las acciones transandinas en pro de la devolución de las Islas Malvinas (junto a una campaña mediática extrema contra la presidenta Cristina Fernández), tendrá que ser tratado ya que continúa persistentemente afectando la estabilidad de los gobiernos latinoamericanos y del Caribe. Las operaciones encubiertas, la intervención en la comunicación reservada del área militar, el uso maquiavélico de las redes y Medios, la infiltración en la seguridad del estado,  seguramente serán denunciados y se deberá establecer un control decisivo a estas acciones, especialmente ahora que el gobierno inglés ha usurpado territorio para operaciones marítimas relacionadas con explotación de gas y petróleo en dicha zona.

Se hace imprescindible actuar con mucha rigurosidad para no caer en el juego de la “diversidad” donde se intente confrontar a los países del Tratado de Pacífico y democracias restringidas colusionados en un bloque en contra de los intereses de América. Es una estratagema que hace parte de la forma en que se trabaja la división continental. Después que Barak Hussein Obama no se ha pronunciado sobre la represión en España o México, apoya el exterminio en Yémen y ha castigado a Venezuela, la Cumbre no puede tener otro objetivo que provocar una reflexión en el mandatario estadounidense y forzarlo a pensar en el presente de su país, el continente y el mundo, comprendiendo que hay nuevas relaciones de poder en el ex patio trasero. Eso es lo que desea la gente decente en el orbe.

Algunas interrogantes serán despejadas claramente como, por ejemplo, la imposibilidad de generar una contradicción vital con el presidente Nicolás Maduro; trastocar la agenda intentando poner a unos países contra otros “vía diplomática”; determinar cuáles son los verdaderos aliados neocoloniales en la región y en qué momentos apoyarán la Casa “Blanca”, es decir, establecer un mapa de poder en el continente; crear una pantalla mediática que oculte los fracasos de la política desestabilizadora y atente contra las soberanías nítidas, o frenar las alianzas con China y Rusia. Lo fundamental será la actitud de las naciones americanas soberanas y su paso raudo hacia el futuro sostenible.

Recobrar memoria es esencial ya que esta reunión se efectúa sólo por la aceptación de Cuba en ella. En su defecto no hubiera sido posible por el rechazo decidido de aquellos que no aceptan imposiciones imperiales. América Latina es una nueva región donde ya no es factible hacer golpes de estado directamente con apoyo exterior, pese a que continúa aún la desestabilización a través de la infiltración extranjera. Por dicha razón,  se hace un llamado al Gobierno de Estados Unidos para que evalúe y ponga en práctica alternativas de diálogo bajo los principios de respeto a la soberanía y la autodeterminación, validando a   la región en tanto posee una visión política colectiva de independencia y complementariedad. Si EE. UU. participa en la Cumbre con respeto es factible avanzar notablemente o, en su defecto, propiciará el mismo fracaso del 2005 cuando el ALCA fue eliminado definitivamente.

Es trascendental comprender esta reunión como un espacio coyuntural decisivo para oponerse a los intentos de militarizar el continente, ratificar el derecho del planeta a desarrollar libremente su vida material, social, política y espiritual,  desautorizar masacres como la de Ayotzinapa, insistir en la solución pacífica de todos los conflictos por medio del diálogo y la inclusión. Por tanto, rechazará la existencia en pleno siglo XXI de un Inquisidor facultado por “mandato divino” para sancionar, como es el caso del cargo :“Coordinador de Política de Sanciones del Departamento de Estado de los Estados Unidos (EE.UU.), por estar en contra de la Declaración Universal de Derechos Humanos al proponerse como castigador extraterritorial.

No existe ningún latinoamericano ni ciudadano del mundo que no desee con vehemencia que el régimen estadounidense cambie su forma de ver la realidad y actúe razonablemente: el planeta elevaría un suspiro inmenso de descanso y de esperanza. Es lo que se anhela fervientemente.

Finalmente, lo que se juega aquí es la Soberanía versus la trampa domesticadora, por lo cual hay que tener claridad objetiva que hoy existe una confrontación evidente en el campo del geopoder y las acciones deben ser estudiadas rigurosamente. Ello implica asumir que los conflictos actuales, y los que están por venir, son parte de una estructura donde se enfrentan los afanes soberanos de los pueblos que desean real libertad y aquellas potencias históricamente neocolonizadoras que esperan continuar expoliando a los países emergentes. En este nivel de conciencia corresponde a América Latina y el Caribe salir fortalecidos como un solo bloque que, independiente de sus diferencias legítimas por cierto, pueda convertirse en el territorio de paz que el mundo requiere actualmente y con fuerza suficiente para sobrevivir a las desestabilizaciones amenazantes, lo que posibilite hacer de la justicia social su mayor baluarte.

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