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Sanciones antirrusas: ¿prestidigitación y motivos no confesados?

Publicado: 11 jun 2015 16:24 GMT

Es imposible para las potencias occidentales explicar de modo fidedigno las sanciones aplicadas a la Federación Rusa pues tendrían que mostrar la verdadera razón de su actuar y ello implicaría reconocer, no sólo la doble faz, sino la incapacidad de aceptar su ascendente debilidad a nivel mundial producto de la forma errónea de enfocar el desarrollo social y la justicia integral.

Es preciso recordar que algunas de las razones para determinar penalidades a la Federación fue la masacre del avión de Malasia Airlines, supuestamente derribado en el sureste ucraniano por los milicianos independentistas a través de un misil proporcionado por Rusia, y la adhesión de Crimea a la Federación a través de un referéndum por unanimidad casi plena. Al conocerse ahora que este avión fue impactado por un caza o un misil de las fuerzas ucranianas, se ha “olvidado” el tema pues le corresponde la responsabilidad a sus patrocinadores directos como es la Alianza Corporativa occidental, lo que les ha implicado efectuar un truco especial: invisibilizar el trágico accidente para no ser mencionado nuevamente.

La “causa“  de las sanciones a Rusia.

El G7-club de países capitalistas “occidentales” (Alemania, Francia, Reino Unido, Italia, EE.UU., Canadá, incluido Japón), basados en el neoliberalismo clásico y en la dominación corporativa transnacional, se ha reunido nuevamente y su lenguaje ha sido similar al de siempre: amenazante y prorrogando la punición. La canciller germana Angela Merkel, como directa portavoz del Departamento de Estado de los Estados Unidos, ha reiterado en Baviera que los castigos deben mantenerse hasta tanto Moscú respete la soberanía ucraniana y acuerde la  puesta en marcha completa de los acuerdos de Minsk,afirmación respaldada por el presidente Barack Obama. Este último ha aprovechado la ocasión para acusar a Vladímir Putin de ser el causante de la bancarrota económica de su nación.

Por su parte, el primer ministro británico, David Cameron, ha manifestado que han sido consecuentes con las sanciones y que todos los países de la UE tienen que continuarlas, aunque reconociendo que ellas han afectado prácticamente a todos los países europeos. Sin embargo, ha complementado que pese a los perjuicios para su nación, no han dejado de seguir este rumbo antirruso con el fin de darle una respuesta contundente por sus agresiones, motivando a que otros hagan lo mismo. En esta misma línea, el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, ha subrayado que el G7, unánimemente, tiene que "reconfirmar" las sanciones contra Rusia por la situación en el este de Ucrania.", pues lo más importante de esta reunión es continuar unidos y reiterar las condenas económicas a funcionarios de alto rango, organizaciones, sectores bancarios, energéticos y de defensa.

En resumen, la “causa” de la penalidad es la supuesta intervención directa de Rusia en Ucrania, pese a no comprobar con ningún hecho o documento dichas afirmaciones, menos con fotografías de tanques, armamento, localización satelital u otros mecanismos. En esta dirección, es grave que no se reconozca las afirmaciones de la OSCE, entidad encargada de supervisar dicho proceso e incluso de la misma OTAN, que dicen no poseer dicha constatación. Es decir, pese a la falta de argumentación se continúa con la punición. Respecto a la intensificación de los enfrentamientos, reconociendo Kiev la utilización contra Donetsk de armamento pesado que viola flagrantemente el Acuerdo de Minsk, los líderes occidentales han “desmemorizado” nuevamente esta flagrante situación demostrando que la realidad desaparece cuando no conviene, en un acto caracterizado como prestidigitación anunciada.

 

La verdad de los hechos.

En primer lugar, las Corporaciones transnacionales que desde 1991 consideraron que nadie podría impedirles conformar el NOM-Nuevo Orden Mundial-tal como su modelo lo propugnaba, lo realizaron sin sobresaltos hasta que se consolidaron varios elementos que permitieron establecer un desafío a sus designios.

Entre ellos, tres factores determinantes: uno, la aparición en escena de Hugo Chávez Frías en el contexto latinoamericano y mundial, exponiendo su idea del Socialismo siglo XXI, el cual favoreció la segunda independencia de varias naciones del continente americano, respaldado firmemente en ese momento por los presidentes Néstor Kirchner y Lula da Silva; dos, la sólida posición de Siria defendiendo su soberanía junto con Palestina, apoyados por Irán, todos con una visión inclusiva y de reivindicación autónoma; tres, la irrupción con fuerza de Vladímir Putin en la arena internacional dando un sólido espaldarazo a todas aquellas naciones que establecieron como su estandarte la liberación de las ataduras neocoloniales. Si se vincula a China, en una inextricable unidad con la Federación Rusa y la creación de variadas organizaciones socioeconómicas y financieras de primer orden (BRICS, CELAC, UNASUR, BED), la posibilidad de un mundo multipolar se ha hecho realidad.

Esto es inconcebible para las grandes potencias pues su mentalidad patronal les impide comprender que el mundo es dialéctico, cambiante e incluso transgresor de paradigmas autoritarios per se.

En segundo lugar, es de suyo falso que la motivación del G7 sea defender la integridad territorial de Ucrania ya que existen evidencias serias de la división territorial impulsada por Alemania, Estados Unidos, Inglaterra y Francia en Yugoslavia como en múltiples naciones, en Medio Oriente e incluso en América Latina. Lo que sí es cierto es quesin esos aportes estratégico-militares a Kiev el conflicto podría estar resuelto ya.

Por el contrario, la asistencia financiera y táctica para promover el golpe de estado a Víktor Yanukóvich, la decisión de implantar a Piotr Poroshenko, el apoyo logístico y armado al ejército, con el fin de eliminar de modo genocida al sureste ucraniano, indica una figura bastante falaz: por una parte, se castiga a Rusia por intervenir supuestamente y, por otra, la intervención directa de éstos acusadores se premia. Es una razón siquiátricamente inválida.

Naturalmente el G7 se ha negado a comentar la reciente declaración de guerra al sudeste y Crimea por parte del primer ministro ucraniano, Arseni Yatseniuk, en el foro del Comité Judío Estadounidense, al sostener que Kiev logrará recuperar el control total de la península de Crimea y de las zonas del este del país controladas por las milicias, puesto que es un claro antecedente de que su “socio” es el que altera el pacto de Minsk.

En tercer lugar, la concepción conquistadora por parte de la Alianza Corporativa es su esencia y, por tanto, continuará utilizando la falsificación de la realidad de modo constante, independiente de que la opinión pública paulatinamente vaya adquiriendo claridad sobre lo que sucede efectivamente en el orbe. En la medida que las fortalezas soberanas se van haciendo parte de medios informativos se podrá ver los mecanismos globales de desinformación que emplean estas organizaciones extraterritoriales.

La debilidad conceptual de la ciencia social ideológicamente condicionada en la Alianza les impide explicar que significa soberanía, respeto cultural, intervención militar, marco ético, pues de clarificarse, es decir, saber su significado, las repetitivas sanciones sería el ejemplo más claro de vulneración a dichas categorías. Si no fuese así: ¿cómo llamar el envío de 300 paracaidistas estadounidenses a entrenar las fuerzas militares de Ucrania? Obviamente es la transgresión de Minsk en toda su extensión pues lo que provoca es la agudización del conflicto y no el desescalamiento.

En síntesis, los “correctivos” han tenido un efecto positivo también al estimular la mayor integración de las naciones afectadas y, a su vez, contradictoriamente, desunir a aquellas que las esgrimen lo que ha sido un claro resultado a favor de la concertación ideopolítica soberanista.

Conclusión.

Efectivamente el objetivo de escarmiento es propio de la mentalidad punitiva que no posee ni considera herramientas inteligentes para resolver una situación. La punición tiene un soporte ideológico que intenta causar dolor, pena, miseria, pobreza, aflicción, incluso muerte. En este sentido, el esgrimido por las potencias es sólo el efecto de la intromisión occidental que aviva el conflicto en vez de morigerarlo. La amnesia inducida se convierte en un excelente aliado.

Exactamente lo que se desea por parte de las potencias es que Rusia permita que éstas, por medio de Poroshenko, extermine a los independentistas del sureste, privatice lo público, reprima férreamente a la población o la desplace y establezca bases para instalar misiles apuntando hacia Moscú. Ese es el leiv motiv inconfesado e imposible de esgrimir públicamente, el cual no será permitido.

Más bien, es hora de que el G7 rinda cuentas de sus actividades subversivas, entre ellas, incentivar el nazismo en Ucrania, aprobar el entrenamiento de terroristas en el Medio Oriente, responder por el ocultamiento de pruebas que condena a Kiev de la masacre del MH17, autorizar el desmembramiento de Yugoslavia y secesión de Kosovo, su apoyo decidido a la masacre que realiza Arabia Saudita en Yemen, el aval dado al FMI para que controle las finanzas de varios estados so pena de destruirlos económicamente si no pagan sus deudas (montos conseguidos ilegalmente y en desmedro de dichas naciones), hechos muy graves ante los cuales calla u oculta la verdad. ¿Porqué aún no explican donde están las reservas de oro de Ucrania que fueron sacadas del país sigilosamente para enviarlas a algún “aliado” después del golpe a Yanucovich?(1).

La razón fundamental es que hoy día el mundo avanza hacia un nuevo orden basado en los Derechos Humanos Integrales y la Humanización, difícil por cierto, aunque con vientos propicios pese a sus contradicciones, lo que genera una respuesta de las Corporaciones y los Estados asociados por medio de los gobiernos proclives a esas medidas, que no aceptan la justicia o equicracia como los necesarios modelos de desarrollo en igualdad.

Por tanto, es hora de transparentar las motivaciones e iniciar un diálogo que sólo con nitidez podrá coadyuvar a la construcción de territorios en paz permanente. Con razón se habla de prestidigitación anunciada en la medida que se hace intentos por realizar una magia que disimule el as en la manga cuando verdaderamente es imposible ocultar la intención profunda y errónea: tal vez sea hora de confesar públicamente los actos incorrectos.

La finalización de  sanciones y el reconocimiento del grave error geopolítico y ético provocado es uno de los primeros caminos para iniciar la justicia social necesaria en este mundo convulsionado. ¡Quién no desearía hoy ver al G7 luchando codo a codo con todas las naciones soberanas para hacer del mundo un espacio de recreación e inteligencia integral!

(1)                   http://inteligenciafinancieraglobal.blogspot.com/2014/11/ucrania-lo-admite-le-saquearon-sus.html

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