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¿Es Marine Le Pen, la ultraderecha? Cinco falacias

Publicado: 28 abr 2017 14:58 GMT

Definitivamente la mejor manera de engañar se está haciendo viral en el planeta: consiste en disminuir ostensiblemente la capacidad de pensar para centrarse en escuchar, leer, ver, repetir, sin analizar mínimamente lo recibido. Así, quienes detentan el poder de la comunicación tienen las manos libres para exponer lo que deseen, aun siendo una absoluta falacia, sin pruebas.

Respecto a las elecciones presidenciales en Francia se demuestra lo correcto del planteamiento anterior, pues diversas presunciones se convierten en afirmaciones que los Medios exponen como certezas sin serlo. 

Falacia 1. Marine Le Pen es la representación de la ultraderecha real.

La ultraderecha es una visión del mundo organizada políticamente que se expresa a través de publicaciones, movilización y acciones violentas, con el objetivo de sustentar el nacionalismo extremo, el fascismo, racismo, la confrontación con otras naciones, especialmente desencadenada cuando el sistema social está cuestionado por fuerzas que proponen un cambio radical del modelo socio económico capitalista. Ejemplos de ello son Patria y Libertad en el Chile de Allende, o los movimientos delincuenciales en Ucrania que proponen el regreso al nazismo y la guerra.

La ultraderecha defiende la libre circulación del capital, las privatizaciones, el desmantelamiento de los derechos sociales, la reducción de los gastos en educación y salud, la represión a la clase obrera, el conservadurismo cultural, el machismo, la xenofobia, la vigilancia y el control permanente de los individuos, el racismo y la militarización de todo el planeta. Su expresión máxima es la alianza con el complejo militar industrial, el que ha sido artífice de todas las intervenciones en América Latina, Asia, Europa, principalmente, con el fin de defender por cualquier método de lucha a las élites dominantes.

En este caso, sólo se dan algunas condiciones en Le Pen, pues su propuesta de concertación para el mundo contemporáneo, la salida de la Unión Europea, el proteccionismo, el descenso en la edad de jubilación, entre otras, más bien cuestionan al sistema social establecido lo que hace débil la caracterización de ultra derecha.

Falacia 2. Emmanuel Macron es centrista, socioliberal y antisistema.

El candidato de ¡En marcha! tiene a su haber una juventud envidiable, un matrimonio que resalta los afectos por la edad, no haber participado de la vida política de modo público permanentemente, un discurso fácil, lo cual difumina su exacta posición: candidato preferido del sistema, especialmente al haber sido gerente asociado del Banco Rothschild en Francia.

No sin razón, Hollande, la Unión Europea en su conjunto, presidentes, OTAN, FMI, han dado su beneplácito al triunfo electoral obtenido. Ello es debido a que postula el neoliberalismo (derecha) en su más amplia concepción: propicia el libre mercado, privatizar la Seguridad Social, el eurocentrismo, imponiendo en su calidad de ministro medidas económicas polémicas como la rebaja fiscal de 40.000 millones de euros a las empresas o la famosa Ley Macron, que amplió la apertura de las tiendas en domingo y negoció con la patronal la introducción de una cláusula que facilitara el despido por motivos económicos.

Falacia 3. El país ha desbancado a los partidos tradicionales.

Lo importante en la vida política de una nación no es el partido, sino el poder que poseen ciertos actores fundamentales y la concepción que se implementa. Que el Partido Socialista Francés (PSF), por ejemplo, no haya apoyado a su representante, significa que el proyecto de sociedad neoliberal es el vigente plenamente.

Con mucha perspicacia algunos medios manifiestan que Macron es el ave fénix del "Hollandismo", lo que demuestra que el castigo a las clases políticas tradicionales no es tan claro pues un banquero, egresado de la Ècole Nationale d’Administration (donde se educan las élites francesas), será el próximo mandatario. Es decir, forma parte de esa élite, pero no parece, pese a estar completamente respaldado por ésta.

Falacia 4. La similitud entre el resultado probable de Trump y Le Pen dará sorpresas.

La diferencia en la plataforma ideológica con Trump es precisa pese a coincidencias, además que las condiciones de los votantes difieren sustancialmente, aunque se ha hecho paralelismo entre los sectores pobres que acompañan a Le Pen y medios-altos con Macron. La "sorpresa" no es tan probable ya que las urnas, apoyos, la mediática, financiación y tendencias, otorgan una ventaja alta a Macron por sobre Le Pen y el Frente Nacional, lo que no se dio en EE.UU.

Falacia 5. Los Hackers rusos boicotean a Macron.

Existe una coincidencia entre el equipo de propaganda de Hillary Clinton y Macron, pues ambos esgrimen el mismo argumento no probado: que el Kremlin está interesado en apoyar a Le Pen hackeando la plataforma contraria, pese a que el gobierno ruso ha manifestado su disposición a trabajar con quien salga elegido, reiterando que es el pueblo francés es quien debe decidir su destino ya que será responsable de su elección.

Así, dicha acusación, sin ninguna prueba, es muy delicada porque manifiesta la evolución del concepto cada vez más ligado a la guerra ya que de hackers se han transformado en "ciber espías", lo que proporciona una connotación peligrosa e intencionada.

Amén de lo anterior, cabe complementar el análisis presentando algunas interrogantes para comprender mejor la realidad francesa.

¿Se enfrentan dos aspirantes de derecha a la primera magistratura?;¿cómo es posible que teniendo François Hollande una aceptación mínima, su candidato sea el preferido para la presidencia del país galo?;¿será que crear diariamente supuestos enemigos y conflictos es positivo para el mundo?; ¿quién garantiza la libertad de información si nueve multimillonarios controlan los medios?;¿los resultados demuestran que el mundo de las finanzas se ha tomado el gobierno?; ¿será Jean-Luc Mélenchon, el candidato de la Francia Insumisa, quién aglutine el descontento social en este presente?; ¿qué pasaría con un Frexit?

Lo fundamental es que quién sea el presidente de Francia deberá mirar hacia su pueblo y recordar que la gente trabajadora es la que proporciona bases para el desarrollo económico y la estabilidad social, por lo tanto, priorizar la justicia redistributiva debe ser una prioridad si de equidad se trata. A su lado, debe estar una política de pacificación internacional, apelando al diálogo por sobre la amenaza. De no ser así, probablemente el país tendrá que postergar su camino al verdadero progreso integral pese a que los pueblos conscientes del mundo no lo desean.

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