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Colombia: ¿Fracaso de la derecha militarista?

Publicado: 17 jun 2014 16:11 GMT
Colombia es un país fundamental en la lucha por un mundo multilateral donde los países en desarrollo puedan tener una opción independiente de definir hacia donde desean marchar, vinculando estos esfuerzos con el manejo de sus recursos básicos y la negación a la injerencia externa, tal como ha sido lo tradicional. Por fin, puede verse en América Latina después de la década de los 70, azotada por golpes de estado desde el Norte, una nueva fuerza anticolonialista que se perfila con mayor posibilidad de avance debido a que ha germinado en su interior una gran masa consciente del significado de la liberación nacional.
 
La elección de Juan Manuel Santos es trascendente pues de su victoria, en gran parte, depende el presente y futuro sólido de la nación, junto con la política exterior que pueda desempeñar en pro de la integración del continente. En su defecto, el triunfo de Óscar Zuluaga significaba debilitar los procesos democráticos internos, profundizando la violencia e impulsando las corrientes militaristas que se encuentran en el continente americano, todas sustentadas en la concepción de la Seguridad Nacional.
 
Se sabe ahora gracias a la campaña presidencial, que el expresidente Álvaro Uribe mantuvo al país en un conflicto permanente con sus vecinos creando tensiones ligadas incluso a una guerra. Como lo ha admitido Uribe, sostuvo que le faltó tiempo para iniciar el conflicto con Venezuela. Los problemas con Ecuador y su violación de soberanía, las disputas con Nicaragua y las agresiones permanentes a Cuba, fueron claras. En Colombia, fue afín al paramilitarismo haciendo más grave su accionar al crear el concepto de falso positivo, herramienta pérfida por al cual se invitaba a campesinos o jóvenes preferentemente a participar de eventos deportivos, trabajos, fiestas, para ser posteriormente asesinados y vestidos con prendas que usaba la guerrilla, con el objeto de dimensionar los éxitos de las Fuerzas Armadas. Más de 5000 víctimas produjo este mecanismo desalmado.
 
Por ello, la propuesta que se jugaba no era simple para Nuestramérica y los procesos de unidad pues se sabía que si ganaba Zuluaga se dividía nuevamente el continente, especialmente como parte del Tratado del Pacífico, debilitando las soberanías nacionales y ratificando los complejos militares transnacionales. Sin embargo, el triunfo en las urnas de Santos marca una posibilidad que debe ser analizada en profundidad pues, pasado el momento de efervescencia, hay que prever lo que viene y preguntarse qué puede suceder a raíz de este evento.
 
¿Qué ocurrirá en Colombia ahora?

Existen cinco tendencias que se verán expuestas en el período que sigue: uno, el juego de tensiones al interior del gobierno; dos, los diálogos de paz con la insurgencia; tres, la creación de condiciones sociales y económicas para el pueblo; cuatro, la ratificación por un referendo de los Acuerdos de Paz; cinco, las acciones que realizará un grupo de poder no afecto a la paz social.
 
1. Santos ha ganado la elección gracias a una confluencia de fuerzas de centro derecha, derecha y centroizquierda, donde sin estas últimas no hubiera triunfado. Por tanto, su proyecto de país está bifurcado por las fuerzas que insisten en sostener el modelo privatizador aunque considerando el fin del conflicto armado, pese a no modificar radicalmente el fondo neoliberal que es lo que permite a sectores privilegiados obtener las ganancias y poder que poseen, tal como en varias naciones del continente, aunque con algún grado de progresismo paternalista. Y aquellas que le exigirán regirse por criterios vinculados primeramente a la humanización de la sociedad, serán los sectores progresistas que presionarán para insistir en la justicia social. Esta situación implicará una fricción o diálogo constante.
 
2. Las conversaciones de paz con la insurgencia continuarán con un doble ritmo pues se creerá que existen cuatro años para materializarlo y la posición coherente de exigir un tratado pronto que resuelva las contradicciones militares, políticas, sociales y humanas de Colombia, además del conflicto concreto.
 
Lo anterior porque existe un mito inmenso que ha sido impulsado hacia el exterior y se cree en numerosos países que solamente con el Acuerdo de Paz se resuelve mágicamente todo. Por el contrario, el cese de las hostilidades entre las FARC EP (ahora conjugando al ELN), y el Gobierno, debe ir unido a un mecanismo que asegure la vida de los guerrilleros, de la izquierda colombiana, de líderes campesinos y activistas: sin darse ese requisito es imposible avanzar de modo resuelto.

En Colombia, como un resultado específico del conflicto armado, la muerte implica un porcentaje no superior al 10% de ciudadanos. Hay una suma inmensa ligada al exterminio de personas que discrepan del Gobierno, que pertenecen a organizaciones progresistas, a las masacres reiteradas de paramilitares, al asesinato desde el Estado, al narcotráfico, todo ello unido a una violencia cotidiana con grados de impunidad conjunta superiores al 90%, cifra que escandaliza desde el punto de vista jurídico.
 
3. La creación de condiciones sociales y económicas de efectivo bienestar para el pueblo es un requisito indispensable, pues los grados de pobreza real alcanzan al 30% de la población y la inseguridad laboral-previsional, producto de los nuevos inventos del neoliberalismo, ha alcanzado a un amplio sector de ciudadanos convirtiéndolos en clientes desprovistos de conciencia, obligados a una búsqueda intensa por la supervivencia.
 
Las propuestas de movimientos progresistas respecto a los Acuerdos de Paz completos, la búsqueda de una educación de calidad y gratuita, la salud como derecho inalienable, la detención de la inseguridad galopante en ciudades y campo, el mantenimiento de los servicios públicos y riquezas bajo control estatal, entre muchos otros, tensionarán al nuevo mandatario y al Congreso mismo donde se enfrentarán posiciones antagónicas que deberán resolverse en beneficio de la equidad o provocarán situaciones de álgida resolución.
 
4. La ratificación por un referendo de los Acuerdos de Paz tendrán un debate intenso pues no faltará la posición que otorgue al Congreso la decisión (como se ha planteado con insistencia en Chile respecto a la Constituyente), desconociendo que debe ser el pueblo el que en su libertad decida si ratifica el camino de la paz o decide continuar por la senda de la privatización de la vida y el asesinato selecto.
 
Una Asamblea Constituyente o un mecanismo próximo que permita hacer constitucional los derechos sociales es prioritario para establecer definitivamente, y no sujeto a la sucesión gubernamental, la política de paz.
 
5. Es necesario interrogarse sobre qué pasará con un sector importante que no desea la pacificación del país y que posee inmenso poder real y de convocatoria. En este sentido, la desestabilización y polarización será un recurso constante, con infiltración en todas las áreas que se precise para debilitar los proyectos de pacificación del país o se vinculación a una soberanía plena. El militarismo ha sufrido una caída, más no su derrota plena…e insistirá.
 
Afortunadamente, las últimas elecciones presidenciales en Latinoamérica han permitido que personas moderadas o de izquierda asuman las magistraturas, constituyéndose en una seguidilla de fracasos para las potencias hegemónicas y, por el contrario, han fortalecido la idea que nunca más se permitirá golpes de estado “suaves” o de ningún tipo y, menos, intervenciones extranjeras.
 
Sigue teniendo vigencia  la hipótesis que hemos sostenido permanentemente según la cual las guerras son necesarias para un imperio que funda su poder en conflictos continuos, y que cae en crisis mientras no pueda abastecer su sociedad si no posee los recursos que provienen de ellos (sin ir más lejos lo que han dejado como legado en Irak destruido y lleno de grupos terroristas). Esta elección permite considerar que los presupuestos enormes destinados al armamento, en la medida que la concertación se consolide, comiencen a ser desestimados para regularizarse prontamente en cifras normales y proporcionando un excedente para el desenvolvimiento del agro, de la industria, del trabajo, lo que incidiría en la mejora de condiciones sociales. Ese es  un golpe muy fuerte a las transnacionales de las armas.
 
Los grandes derrotados de esta elección son las facciones ultraconservadoras aunque, verdaderamente, el gran perdedor es la White House y su política de Excepcionalismo, pues la idea de mantener conflictos en todo lugar alejado de su nación para beneficiar a los mercaderes de la muerte y que, pese al exorbitante apoyo prestado a los ultraconservadores en sumas millonarias de dólares, confirma que cuando los pueblos toman conciencia de justicia se impone la autodeterminación. Es por ello, en su política de doble moral, que han condenado al Estado islámico de Irak y el Levante, después de dejar un caos extraordinario, aunque no han hecho nada por detener la escalada terrorista: el principio es que donde se mantengan los enfrentamientos hay ganancia para EE.UU. y la Tríada Inglaterra-Alemania-Francia. Mientras que la ONU y Ban Ki-moon siguen haciendo recomendaciones sin ninguna acción en concreto por la paz, afortunadamente en Colombia se ha dado un paso hacia la concordia, que será difícil aunque no requerirá de instancias internacionales gaseosas e intervencionistas. Para ello, está Nuestramérica y sus organizaciones, legítimos representantes de América originaria.
 
Lo que espera el G77 más China, unión de 134 países (las dos terceras partes del globo terráqueo), es que las posturas por la paz y el cese del neocolonialismo sean las banderas del presente. Ello indica claramente que las brisas se expresan con vientos frescos que auguran tiempos mejores para la Humanidad. Si Colombia supera el conflicto armado e  inicia los caminos para una democracia donde la vida esté garantizada, este pueblo de alegrías e ilusiones puede pretender ser una potencia suramericana que aspire a convertirse en un puntal del nuevo orden internacional humanizado.

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