Opinión

La prensa oficialista y opositora en Argentina se reacomoda: ¿operadores mediáticos en transición?

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La prensa argentina comenzó a reacomodarse en medio de la transición que culminará el próximo martes con la asunción del presidente electo Alberto Fernández. Y los medios más influyentes del país, que fueron oficialistas del macrismo, ya retomaron el perfil opositor que mantuvieron ante la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner hasta el final de su gobierno.

Por eso, estos días volvieron titulares que hablan de "la furia de Cristina" y de todos los estados emocionales posibles (y negativos) de la ex presidenta, hoy vicepresidenta electa. Regresaron, también, las notas sobre "la caja", en referencia al uso discrecional de recursos públicos que ya le achacan al próximo gobierno y que jamás le adjudicaron al macrismo. La información sobre La Cámpora, la organización kirchnerista creada por el diputado Máximo Kirchner, siempre es atemorizante. Las advertencias de que Fernández será "un títere de Cristina" son permanentes. El gobierno todavía no comienza, pero ya fracasó. Y la pelea y ruptura entre presidente y vicepresidenta es inminente.

Cecilia González, escritora y periodista.
Cecilia González, escritora y periodista.
Las advertencias de que Fernández será "un títere de Cristina" son permanentes. El gobierno todavía no comienza, pero ya fracasó. Y la pelea y ruptura entre presidente y vicepresidenta es inminente.

El lenguaje periodístico construye relatos, tranquiliza a los convencidos. Reafirma miedos y prejuicios, entre ellos, que con Fernández en la presidencia se reanudará la tensión con la prensa que hubo durante el kirchnerismo. Imposible olvidar el día que un jefe de Gabinete rompió en vivo y en directo, en plena conferencia, un ejemplar del diario Clarín, los retos públicos de los ex presidentes Néstor Kirchner y Cristina Fernández y varios de sus funcionarios a trabajadores de prensa que sólo estaban haciendo su trabajo, los escupitajos a fotos de comunicadores antikirchneristas en protestas callejeras y la obsesión de la ex presidenta con los titulares del día siguiente.

Tan difícil como olvidar la obsesión de la prensa opositora con ella, la guerra, con noticias falsas incluidas, que el multimedios más poderoso de Argentina mantuvo contra el kirchnerismo, aunque en un principio había sido su aliado. Las provocaciones montadas por periodistas para convertirse ellos mismos en protagonistas de "la nota" aduciendo "ataques" del gobierno. Las "operaciones", es decir, coberturas armadas entre medios, periodistas, políticos, jueces y fiscales para afectar al pasado gobierno fueron permanentes. Tuvieran o no fundamentos, toda causa y escándalo contra el kirchnerismo se transmitía en horario estelar, se repetía a toda hora en radio, televisión, redes sociales y portales. Las denuncias e investigaciones judiciales contra Macri no ameritaron jamás tan detallada cobertura.  

Cecilia González, escritora y periodista.
Cecilia González, escritora y periodista.
Tuvieran o no fundamentos, toda causa y escándalo contra el kirchnerismo se transmitía en horario estelar, se repetía a toda hora en radio, televisión, redes sociales y portales. Las denuncias e investigaciones judiciales contra Macri no ameritaron jamás tan detallada cobertura.

La larga e intensa pelea entre el kirchnerismo y los medios más importantes del país, iniciada en 2008, derivó en una clara división de prensa oficialista y opositora que, con escasas excepciones, durante el gobierno de Macri sólo intercambió posiciones. Conductores que se indignaban con el periodismo militante kirchnerista, que tenía su principal emblema en el programa 678, emitido en la televisión estatal, ejercieron con entusiasmo el periodismo militante macrista sin jamás asumirlo. No hacía falta. Macri tuvo su propio 678 diseminado y camuflado en canales privados. Las loas al gobierno, los amigables tuteos y halagos a los funcionarios eran suficientes para desacreditar la presuntuosa y falsa autodefinición de "periodistas independientes".

Ahora vuelven a ser opositores. Y una de sus principales banderas es el peligro que, según ellos, corre la libertad de prensa con el peronismo de regreso en el poder.

El tuit de la discordia 

Durante la campaña, medios macristas insistieron en crear la imagen de un Alberto Fernández intolerante con los periodistas. Cualquier gesto, cualquier respuesta enérgica del entonces candidato bastaba para denunciar "maltratos" y contrastarlos con los "buenos modales" de Macri. El detalle importante es que el líder peronista habló con todo tipo de medios y periodistas, estuvieran o no a su favor, mientras que el presidente, en sus cuatro años de gestión, sólo dio entrevistas a los aliados. Su pretexto para equilibrar fueron las conferencias de prensa, que efectivamente fueron récord para un mandatario argentino, aunque este año, en medio de la crisis provocada por su gobierno, se cancelaron.

Esta semana, un tuit de Fernández desató un nuevo escándalo.

Todo comenzó con una nota de Hugo Alconada Mon, uno de los periodistas de investigación más importantes del país, en la que denunció un caso de presunto tráfico de influencias del ayudante de cátedra de Fernández, quien es docente en la Facultad de Derecho.

El periodista tuiteó su nota, publicada en el diario La Nación, afín al macrismo, y arrobó al presidente electo, quien le respondió a través de la misma red social: "En mi vida académica he trabajado con abogados que ejercen su profesión. (Alconada Mon) sabe que en esa labor profesional yo soy absolutamente ajeno. Es miserable atribuirme mover influencias en esos casos. No voy a soportar en silencio la difamación hecha invocando hacer periodismo. En la Argentina que vamos a construir entre todos y todas se van a acabar los 'operadores judiciales', los 'operadores mediáticos' y los jueces y fiscales que 'operan' para poderes mediáticos, corporativos o políticos sin impartir justicia como deben. Sabelo (Alconada Mon)".

Hubo interpretaciones para todos los gustos.

Sus simpatizantes justificaron al presidente electo, validaron su respuesta y no vieron nada amenazante en ella. Porque para eso están los seguidores, quienes, además, hace años están irritados, y con razón, por la doble vara de la prensa más influyente para cubrir al peronismo y al macrismo (y que es la misma doble vara que usan los medios kirchneristas/peronistas, aunque con menos capacidad de imponer agenda pública). 

Sus detractores reiteraron vaticinios apocalípticos con respecto al futuro inmediato de la libertad de prensa y denunciaron las temibles amenazas del presidente electo a un periodista. Porque para eso están los opositores, quienes esperan que sus profecías se cumplan para confirmar que tenían razón.

El problema es que su preocupación es selectiva, porque muchos de ellos jamás se solidarizaron con los más de 4.500 trabajadores de prensa que perdieron sus empleos durante el macrismo, ni con los cientos de periodistas agredidos por las fuerzas de Seguridad, los 28 que fueron detenidos y los 55 heridos de bala que hubo en las represiones de las protestas sociales, en casos que fueron denunciados por el Sindicato de Prensa de Buenos Aires. Tampoco apoyaron a los 357 trabajadores de prensa despedidos de la estatal Agencia Télam, ni a los tuiteros detenidos por sus mensajes en redes sociales, ni al diario Tiempo Argentino cuando sufrió el asalto de un grupo de golpeadores que destrozó su redacción, en lo que fue el verdadero y más grave ataque a la libertad de expresión en Argentina en los últimos años, y que Macri justificó calificando como “usurpadores” a los trabajadores del periódico.

Cecilia González, escritora y periodista.
Cecilia González, escritora y periodista.
El problema es que su preocupación [por la libertad de prensa] es selectiva, porque muchos de ellos jamás se solidarizaron con los más de 4.500 trabajadores de prensa que perdieron sus empleos durante el macrismo.

Algunos más consideraron un error que el presidente electo confronte de manera directa con periodistas y los mencione con nombre y apellido, porque así sólo alimenta la oleada de críticas de la prensa opositora. Los periodistas deben rendir cuentas, someterse a la crítica, pero mensajes de políticos poderosos que fácilmente pueden calificarse como intimidaciones no parecen ser la mejor opción. 

El periodista aludido, en cambio, no respondió. Ni se victimizó, ni aprovechó la situación para erigirse en héroe y mártir del periodismo, como muchos lo hubieran hecho. Sin importar quién gobierne, Alconada Mon nunca ha sido querido en Casa Rosada. Su mejor reacción siempre ha sido su trabajo.

Fernández luego aseguró que no había habido ninguna amenaza. Criticó las difamaciones que suele haber en la prensa y las reacciones corporativas, y reiteró que la intención es terminar con los "operadores" judiciales y periodísticos que arman causas de acuerdo con intereses políticos y particulares, con un ánimo más de venganza que de justicia.

Lo que no explicó es quién va a decidir quiénes son esos "operadores", cómo van a terminar con ellos, ni qué va a pasar con los "operadores" del kirchnerismo/peronismo/albertismo. ¿Acaso no existen? ¿O habrá "operadores" buenos y malos, según para quién trabajen? ¿Y los jueces y fiscales que se acomodan al poder de turno? ¿Se reconciliarán el presidente electo y el Grupo Clarín o no habrá tregua? ¿Hasta dónde llegará la disputa? 

Son preguntas todavía sin respuesta.

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de RT.

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