Opinión

México en época del coronavirus: imprudencias del gobierno, oportunismo de la oposición y conciencia ciudadana

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En un país marcado por la polarización, la pandemia del momento es motivo de manipulaciones políticas.

Por un lado tenemos a un presidente que en muchos casos actúa con irresponsabilidad. Primero minimizó el impacto que el coronavirus podría tener en México. Cuando las cifras comenzaron a multiplicarse en todo el mundo, se resistió a las presiones para suspender clases, ordenar cuarentena nacional y obligatoria, frenar ingreso de extranjeros, cerrar comercios y cancelar eventos masivos. Las diarias conferencias mañaneras están atestadas de periodistas que se sientan uno al lado del otro, sin protocolo alguno de distancia. Y ya advirtió que no se van a cancelar.

Para peor, Andrés Manuel López Obrador continúa realizando giras por los estados que incluyen actos multitudinarios y recorridos a pie en los que besa y abraza a los fieles seguidores que se arremolinan a su alrededor. Son muchos. A sus 66 años, el presidente es parte de la población de riesgo, pero el subsecretario de Salud Hugo López-Gatell ya dijo que el presidente "tiene fuerza moral, no fuerza de contagio". Como quien dice, que la fuerza moral nos acompañe.

Cecilia González, escritora y periodista.
Cecilia González, escritora y periodista.
A sus 66 años, el presidente es parte de la población de riesgo, pero el subsecretario de Salud Hugo López-Gatell ya dijo que el presidente "tiene fuerza moral, no fuerza de contagio". Como quien dice, que la fuerza moral nos acompañe.

López-Gatell, por cierto, se ha convertido en la estrella de la crisis sanitaria. Sus explicaciones de por qué todavía no se toman medidas drásticas como en otras partes del mundo suelen ser claras y convincentes porque detalla motivos científicos sin abrumar con tecnicismos. No desestima riesgos pero tampoco es alarmista. Además, tiene el antecedente de que fue director general de Epidemiología de la Secretaría de Salud durante la pandemia de influenza o Gripe A que se generó en 2009 en Estados Unidos y que tuvo su epicentro en México para después expandirse al resto del mundo.

Esa dura experiencia fue una lección para los mexicanos. Hubo 72.548 casos, 1.316 muertos y pérdidas económicas por alrededor de 4.385 millones de dólares, equivalentes el 0,7 % del PIB. Las conclusiones todavía hoy enfrentan a quienes consideran que la estrategia del gobierno de Felipe Calderón, basada en la cuarentena obligatoria y el cierre total de espacios públicos, fue positiva e impidió más muertes. Otros creen que se reaccionó tarde y mal, y algunos más, que las medidas de prevención se exageraron y afectaron la economía de manera innecesaria.

Más allá de esa discusión, lo que sí es evidente es que después de la Gripe A muchos mexicanos tomaron conciencia de la importancia de no automedicarse, autoaislarse, toser y estornudar en el codo, evitar eventos sociales al máximo, no hacer compras de pánico y lavarse las manos de manera frecuente. El uso del alcohol en gel, por ejemplo, está naturalizado incluso en los puestos de comida callejera. El recuerdo de lo que se vivió hace 11 años y lo que pasa ahora con el coronavirus es permanente en los medios y en las charlas familiares y entre amigos y compañeros de trabajo. Aunque no todos lo ejercen de la misma manera ni con la misma seriedad, sí es palpable que hay un sentido de responsabilidad y solidaridad ciudadana que se adjudica, también, a la experiencia de los terremotos. Algo hemos aprendido a fuerza de tragedias. Por eso, un sector de la sociedad sólo está esperando indicaciones del gobierno para encerrarse en sus casas. Es algo que ya vivieron y que ya saben que funciona. El problema es que el mensaje es confuso porque hay un subsecretario vocero de la crisis que pide evitar al máximo el contacto social y a un presidente que sale de gira a repartir besos y abrazos. El argumento de muchas personas que el fin de semana atestaron el Vive Latino, el festival de música que fue rebautizado como el Muere Latino, era que si López Obrador andaba tan tranquilo en sus actos la situación todavía no era tan grave y ellos tampoco corrían riesgos. Las consecuencias del mal ejemplo.

Cecilia González, escritora y periodista.
Cecilia González, escritora y periodista.
Algo hemos aprendido a fuerza de tragedias. Por eso, un sector de la sociedad sólo está esperando indicaciones del gobierno para encerrarse en sus casas. Es algo que ya vivieron y que ya saben que funciona. El problema es que el mensaje es confuso porque hay un subsecretario vocero de la crisis que pide evitar al máximo el contacto social y a un presidente que sale de gira a repartir besos y abrazos.

Otro dilema es que México es un país con más de la mitad de su población en la pobreza. Millones de personas deben salir a  trabajar a diario, sobre todo en los sectores informales, para poder comer. Viven al día. Para ellas, el aislamiento obligatorio significaría todavía más miseria.  

En el incierto panorama en épocas de coronavirus también participa la oposición partidaria y mediática, que refuerza su oportunismo y quiere sacar tajada de la pandemia. Lo único que le importa es criticar al gobierno y decir que hace todo mal. En menos de una semana pasaron de ser feministas (en su intento de aprovecharse del movimiento de mujeres) a ejercer como epidemiólogos expertos sin título. El episodio más reciente, y deplorable, fue la urgencia con la que varios periodistas quisieron "ganar la nota" de la muerte de un empresario. Lo anunciaron como el primer muerto por coronavirus. La indignacionitis estalló de inmediato. Claro, cómo no van a empezar a haber muertos en masa si el gobierno "no hace nada". Pero resultó que el empresario estaba vivo. El apuro de aventarle muertos por la pandemia a López Obrador fracasó por ahora, pero ya volverán a la carga conforme se intensifiquen los contagios e inicien los posibles decesos. El gobierno prevé que el pico del impacto del virus será a fines de marzo.

Cecilia González, escritora y periodista.
Cecilia González, escritora y periodista.
En el incierto panorama en épocas de coronavirus también participa la oposición partidaria y mediática, que refuerza su oportunismo y quiere sacar tajada de la pandemia. Lo único que le importa es criticar al gobierno y decir que hace todo mal.

Sorprenden, también, los periodistas que difunden cadenas de Whatsapp con información insidiosa y falsa que no checan ni confirman con fuentes confiables. Cuando se dan cuenta del error e intentan corregirlo, si es que lo hacen, el daño de la desinformación está hecho. En muchos de estos casos pesa el matiz partidario impuesto a todo tema en México y del que el coronavirus no es una excepción. Sin importar las decisiones que tome el presidente, sus seguidores lo justificarán y sus detractores lo destrozarán. Los análisis mesurados, responsables y con matices son escasos.  

Mientras tanto, el clima en las calles es de expectativa. Muchos comerciantes y empresarios creen que pronto tendrán que cerrar comercios y oficinas. La liga de futbol mexicano se canceló. Se están suspendiendo eventos públicos en todo el país. Del 20 de marzo al 20 de abril no habrá clases en escuelas públicas ni privadas. Empresas privadas y entidades públicas organizan rotaciones de empleados para que trabajen en sus hogares. En el metro, plazas comerciales y mercados las aglomeraciones siguen. Las fronteras todavía están abiertas. Hay una acelerada devaluación del peso y nuevos recortes al gasto público.

La incertidumbre existe, pero todavía es muy pronto para saber si López Obrador subestimó o enfrentó con éxito la pandemia.

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de RT.