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Día 12. Villa Gesell. 1970 kilómetros

Publicado: 9 feb 2014 21:45 GMT | Última actualización: 9 feb 2014 22:13 GMT
Primero sentí su olor: un olor húmedo, salado, del océano. Luego lo sentí en mi piel, cuando la temperatura bajó unos 10 grados en un instante y se me puso piel de gallina.

Junté los trozos de la cámara, me aseguré de que las grabaciones se habían guardado en el pen drive y decidí moverme.

Al final, resolví el segundo dilema. Claro, hay que seguir hasta el final y no tener miedo a los cambios para encontrar conscientemente las auténticas aficiones. A unos les resultará dolorosamente difícil salir de su pantano de estereotipos impuestos, otros pueden perderse en una búsqueda interminable y nunca llegar a la orilla, y solo unos pocos encontrarán aquello, lo auténtico. Y es por eso por lo que vale la pena arriesgarse, porque todo lo demás es un engaño.

Al final sentí que ese aroma se materializó en el océano, que oía cerca de mí, detrás de las dunas. Después de haber conducido un rato en la oscuridad llegué a Villa Gesell, un pequeño balneario lleno de restaurantes y turistas. A lo largo de la costa se encuentran hoteles y tumbonas. Sí, el tiempo ha cambiado este sitio...

www.che.godvesny.ru


No he podido reparar la cámara destrozada por lo que he pasado toda la mañana intentando averiguar si podría seguir con las dos que me quedan. Sí, podría, pero perderé unos ángulos interesantes... Bueno, espero que aún tenga la posibilidad de recuperar mis pérdidas.

Hasta el día de hoy he hecho casi 2.000 kilómetros y digamos que es el trayecto más fácil, más civilizado de toda la ruta...ahora ya es obvio que todo va a ser más difícil de lo que me esperaba. Los intentos de convertir el viaje en un tranquilo traslado del punto A al punto B se ven constantemente frustrados por dificultades inesperadas, que no son muy graves pero me quitan fuerzas y tiempo y por lo tanto afectan a mi ritmo. 
 

Che


Villa Gesell, 06/01/1952.
 
Alberto: "¡Por fin vi el mar! Justamente tal como lo quería ver: por la noche y a la luz de la luna. Ante mí está un inmenso océano y desde las dunas estoy mirando la playa y las olas. Recuerdo todo lo que sucedió en los últimos días. Sólo han transcurrido nueve días, pero todo lo que pasé, conocí y sufrí me hace entender lo maravilloso e importante que será para nosotros y para nuestro futuro este -todavía supuesto- viaje. Tras haber recorrido unos pocos kilómetros hacia Mar del Plata, se desató un aguacero. Tuvimos que abandonar la carretera hacia la posada que se divisaba a unos 80 metros. Luego de que despejara, continuamos nuestro camino hacia el este. Pero el terreno embarrado que ya recorrimos nos advirtió de las dificultades de estas carreteras, tan diferentes de las de las montañas o de los suelos salinos a los cuales ya nos habíamos acostumbrado.  Esa noche dormimos en una garita. A la mañana siguiente continuaremos nuestro camino..." 

Ernesto: "La luna llena se recorta sobre el mar y cubre de reflejos plateados las olas. Sentados sobre una duna, miramos el continuo vaiven con distintos animos: para mi fue siempre el mar un confidente, un amigo que absorbe todo lo que le cuentan sin revelar jamas el secreto confiado y que da el mejor de los consejos: un ruido cuyo significado cada uno interpreta como puede; para Alberto es un espectaculo nuevo que le causa una turbacion extrana cuyos reflejos se perciben en la mirada atenta con que sigue el desarrollo de cada una de las olas que van a morir en la playa.

Frisando los treinta anos Alberto descubre el oceano Atlantico y siente en ese momento la trascendencia del descubrimiento que le abre infinitas vias hacia todos los puntos del globo. El viento fresco llena los sentidos del ambiente marino, todo se transforma ante su contacto, hasta el mismo Conie-back mira, con su extrano hociquito estirado, la cinta plateada que se desenrosca ante su vista varias veces por minuto.

Come-back es un simbolo y Un sobreviviente; simbolo de los lazos que exigen mi retorno, sobreviviente a su propia desdicha, a dos  caidas en la moto en que volo encerrado en su bolsa, al pisoton de un caballo que lo "descangallo" y a una diarrea pertinaz. 
 
Estamos en Villa Gesell al norte de Mar del Plata en la casa de un tio que nos brinda su hospitalidad y sacamos cuenta sobre los 1.200 kilometros recorridos, los mas faciles, y sin embargo, los que ya nos hacen ver con respeto la distancia. No sabemos si llega- remos o no, pero evidentemente nos costara mucho, esa es la impresion. Alberto se rie de los planes de viaje que tenia minuciosamente detallados y segun los cuales estariamos ya cerca de la meta final cuando en realidad recien empezamos. 
 
Salimos de Gesell con una buena provision de legumbres y carne envasada que "dono" mi tio. Nos dijo que si llegabamos a Bariloche telegrafiaramos, que jugaba el numero del telegrama a la loteria; nos parece exagerado. Sin embargo, otros dijeron que la mo- to es un buen pretexto para hacer footing, etc.; tenemos la firme decision de probar lo contrario, pero un natural recelo nos inhibe y hasta nos callamos nuestra mutua confianza. 
 
Por el camino de la costa Come-back sigue mostrando sus impulsos de aviador y sale nuevamente ileso a pesar del topetazo. La moto, muy dificil de dominar con el peso colocado en una parrilla que queda detras del centro de gravedad, levanta la parte delantera al menor descuido y nos tira lejos". 
 'Yo soy Che Guevara' es el nombre del proyecto que el moscovita Slava Krasko, un apasionado de las aventuras, inició siguiendo los pasos por el recorrido que en 1952 siguió el Che junto a su amigo Alberto Granado y en el que descubrió la verdadera imagen de la identidad latinoamericana.

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