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Trabajar en bragas

Publicado: 5 jun 2019 17:59 GMT | Última actualización: 6 jun 2019 10:42 GMT

El grupo británico The Jam demostró a lo largo de sus cinco años de carrera que se podía hacer una música tremendamente popular y a la vez no renunciar ni a la contundencia estética ni a la profundidad temática. A finales de 1980 lanzan su quinto álbum, Sound Affects, que consigue situarse en el número dos en las listas de los más vendidos. En el disco, de clara influencia sesentera, lleno de melodías redondas, armonías vocales y riffs pegadizos, aparece un tema de especial relevancia: The man in the corner shop. En la canción se nos cuenta, mediante una descripción sutil, como el sistema de clases hace que el obrero de la fábrica se sienta celoso del dueño de la tienda de la esquina, "debe ser bonito ser tu propio jefe" piensa el empleado anónimo mientras se cruza, día tras día a la vuelta del trabajo, con el tendero poniendo el cartel de cerrado.

Paul Weller, el autor de la mayoría de canciones de The Jam, era un veinteañero de un suburbio londinense que pasó en pocos años de tocar en pubs a llenar estadios, que consiguió hacer disfrutar a muchos jóvenes de un culto que no esquinaba la belleza y el hedonismo hablando de conflicto y cuestionamiento. Su línea no era la de la consigna explícitamente política sino la descriptiva, la costumbrista: cuando palabras como revolución se quedan vacías a veces es más útil que alguien nos ponga el espejo delante y nos muestre qué somos, quiénes somos.

Daniel Bernabé, escritor y periodista.
"Los neoliberales, que llegaron al poder con la promesa de que cualquiera podría participar del libre mercado, cuarenta años después han averiado por completo el ascensor social". Daniel Bernabé, escritor y periodista.

Si algo permanece de aquel 1980 en nuestros días es esa aspiración del asalariado de ser su propio jefe, como una escapatoria individual que tiene tanto de pulsión de rebeldía como de integración en el sistema. Sin embargo, si en 1980 era relativamente sencillo definir quién era "el hombre de la tienda de la esquina", una figura casi mitológica que le sirvió a Thatcher para ganar su presidencia del Reino Unido, hoy es mucho más complicado saber qué es eso llamado clase media. Paradójicamente los neoliberales, que llegaron al poder con la promesa de que cualquiera podría participar del libre mercado, cuarenta años después han averiado por completo el ascensor social.

Además de haber dejado sin su negocio al tendero, situando en su lugar una franquicia de una multinacional de la alimentación, llena de comida procesada más cara e insalubre, también dejaron sin empleo al obrero de la fábrica, ya que trasladaron la producción a algún país asiático donde se trabajan más horas por un sueldo irrisorio, se carece de la legislación laboral más básica y los sindicatos brillan por su ausencia. Sobre los años noventa uno podía poner la tele y ver cómo señores con pinta de saber mucho llamaban a todo esto flexibilidad, optimización de recursos, el imparable avance de los tiempos. Además se nos dijo que no debíamos preocuparnos: los desajustes sociales, de existir, serían momentáneos, ya que algo maravilloso llamado internet había llegado para salvarnos. ¿Quién diablos iba a echar de menos el mono o el mandil pudiendo ser parte del futuro, pudiendo "surfear por las autopistas de la información"?

Daniel Bernabé, escritor y periodista.
"Se nos dijo que no debíamos preocuparnos: los desajustes sociales, de existir, serían momentáneos, ya que algo maravilloso llamado internet había llegado para salvarnos". Daniel Bernabé, escritor y periodista.

Una mañana, ya en nuestro presente, uno abre un artículo en una revista digital de tendencias –esos artefactos culturales que nos dicen cómo vivir– atraído por un pegajoso título: Trabajar en bragas. Además, la foto que acompaña al texto, despierta aún más nuestra curiosidad. Una chica de unos veintitantos años de rodillas sobre su cama, rubia sin llegar a serlo, guapa sin ser una modelo, ligeramente sexy sin resultar provocativa. Mira sonriente un ordenador de la manzanita y lleva una sudadera xl con capucha que le cubre justo hasta la mitad del muslo. Al final nos quedamos con la duda sobre el tipo de lencería que usa.

El artículo lo que nos viene a contar es lo que la foto, tan pretendidamente casual como prefabricada en un estudio, nos resume: hoy trabajar es divertidísimo. Además el progreso ha conseguido que ya no tengamos ni que salir de casa para poder ganarnos la vida, o como se diría ahora, participar con nuestras capacidades creativas en la trepidante economía global. Sólo hace falta, y en esto se insiste mucho, innovación, conocimiento y originalidad. Ni siquiera somos ya nuestro propio jefe, porque la palabra jefe, como empresario, han sido sustituidas por vocablos más apropiados para estos días soleados: ahora somos emprendedores, freelances, profesionales independientes que no se atan a una sola empresa y al aburrimiento de un puesto fijo con un salario, que no trabajan, viven una cotidiana aventura. Además bebemos café ecológico de comercio justo en una taza hecha por una asociación de niños queer albinos. Diversity friendly ante todo, no perdamos la conciencia social.

Y a partir de aquí ustedes eligen si seguir leyendo, porque el cuento se acaba.

Daniel Bernabé, escritor y periodista.
"El trabajo mediante plataforma digital, donde unos profesionales crean perfiles en una app para ofrecer sus servicios a empresas, es la mayor pérdida de derechos laborales de los últimos cien años". Daniel Bernabé, escritor y periodista.

La realidad es que el trabajo mediante plataforma digital, donde unos profesionales crean perfiles en una app para ofrecer sus servicios a empresas, es la mayor pérdida de derechos laborales de los últimos cien años, por encima incluso de todas las reconversiones industriales de los ochenta y noventa del pasado siglo. Si hace un par de décadas las grandes compañías externalizaban secciones enteras en empresas subsidiarias, donde aún existían unas relaciones laborales legisladas a pesar de su precarización, hoy ya se ha decidido eliminar para siempre ese dichoso problema llamado contrato de trabajo, convenio colectivo o salario.

Externalizar fue un paso decidido, pero al fin y al cabo sólo trasladaba el problema a otro lugar. Aunque la compañía matriz quedara a salvo por un tiempo, siempre existía la posibilidad de que los trabajadores de la empresa subcontratada quisieran mejorar sus condiciones, descubriendo eso llamado huelga y sindicato. Incluso que en un alarde de arrogancia se fueran con sus pancartas del sucio polígono industrial a la sede acristalada de la compañía. Y dejar los jardincitos de la entrada hechos un desastre sin ningún tipo de conciencia ecológica.

Daniel Bernabé, escritor y periodista.
"Ni contratos, ni nóminas, ni convenios colectivos, pero lo más importante, ni huelgas ni sindicatos. Si antes existía la posibilidad de la unión, de los intereses comunes, ahora cada micro-emprendedor competirá contra los que son como él". Daniel Bernabé, escritor y periodista.

El trabajo mediante plataforma no sólo desvincula completamente a la empresa del trabajador, sino que convierte a este en una suerte deunidad de producción atomizada que "presta un servicio" a su contratante. Ni contratos, ni nóminas, ni convenios colectivos, pero lo más importante, ni huelgas ni sindicatos. Si antes existía la posibilidad de la unión, de los intereses comunes, ahora cada micro-emprendedor competirá contra los que son como él tirando a la baja su oferta, auto-explotándose en un siniestro juego donde el propio proletario toma a su vez el papel de producto y lumpen-empresario.

Lo que empezó como un experimento para profesiones creativas, publicitarias, artísticas y comunicacionales, se ha ido extendiendo a sectores tan diversos como la restauración o el transporte de mercancías o pasajeros. Las grandes superficies comerciales ya están ultimando hacer lo mismo con cajeras, reponedores y demás "personal no esencial", que realmente es el único que trabaja efectivamente. Fiverr, una plataforma estadounidense para creativos, mostraba hace apenas un par de años varios anuncios en el metro de Nueva York donde se veía a mujeres prototípicamente hipsters con frases sobreimpresas del estilo de "nada como un salario para destruir tu alma" o "la privación de sueño (para producir) es la droga que eliges". La arrogancia de quien se piensa imparable en este cuento donde hasta la explotación más descarnada se considera algo cool.

Un epílogo. Alguien escribió a rotulador sobre esos anuncios: "Esto es por lo que Fiverr paga sólo cinco dólares por encargo. Únete a un sindicato. Luchemos juntos por un sueldo mayor. ¡Que se jodan!". A finales de mayo un trabajador nepalí de 22 años falleció cuando fue arrollado en Barcelona por un vehículo mientras hacía uno de sus repartos en bicicleta.  Glovo ni siquiera le tenía registrado con una cuenta propia. El accidente que expresa la necesidad de una carga de trabajo demasiado grande para poder permitirse el lujo de ser precavido. Ochenta de sus compañeros quemaron sus mochilas amarillas frente a la sede de la compañía. Mientras que el humo negro ensombrecía el moderno logo de la empresa casi se podía escuchar el final de The man in the corner shop:

Todas las personas de la zona van a la iglesia,

Todas los tipos y clases se sientan y rezan juntos

Pues aquí todos son uno.

Porque Dios creó a todos los hombres por igual.

RT

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