Opinión
Opinión

Daniel Bernabé

Daniel Bernabé (Madrid, 1980) es escritor y periodista. Además de sus libros de relatos y de haber prologado a autores como Gil Scott-Heron o David Peace, publicó "La trampa de la diversidad", uno de los ensayos más debatidos y vendidos del 2018 en España. Ha escrito sobre sociedad y política para medios como La Marea, Vice o Público, e impartido conferencias en universidades como la UNED, la Autónoma o la Jaume I. En twitter se le puede encontrar como @diasasaigonados.
Si la política es la disciplina que supuestamente tiene como misión solventar los problemas de nuestra sociedad, en el caso de Vox sucede justo lo contrario: ellos crean los problemas para después ofrecer unas soluciones tan peligrosas como inútiles.
En España la salida del informe ha levantado un notable revuelo mediático. La razón es que en dos párrafos del capítulo referido a este país, de 36 páginas, se cita al presidente Pedro Sánchez y a Pablo Iglesias, quien ocupó el cargo de vicepresidente hasta el último día de marzo, por supuestos ataques contra la libertad de prensa.
La pandemia puede ser un gran reinicio dependiendo de si los ciudadanos ejercen su ciudadanía conscientemente, es decir, colocan por delante los intereses públicos y comunes de los privados e individuales. La pandemia puede ser un gran reinicio que signifique también un gran borrado: si todo es culpa del virus, nadie es culpable de los graves problemas antecedentes que este año no ha hecho más que revelar, aún más claramente.
No necesitamos más análisis sobre las coartadas narrativas de los ultras, no necesitamos más guerras culturales, no necesitamos más políticas que colmen la angustia por la especificidad en un mundo de identidades competitivas. No necesitamos a salvadores, capitanes ni caudillos. Lo que necesitamos es una democracia que ponga a la economía al servicio de todos.
En España, siendo este un fenómeno común internacionalmente, los medios han cargado de una forma mucho más dura contra la nueva izquierda surgida en la década pasada como respuesta a la crisis y los recortes del Estado del bienestar, que contra los líderes ultraderechistas.
Nuestras sociedades han pasado del respeto a la minorías a convertirse en un convento semiótico que persigue a los herejes mediante etiquetas punitivas.
La jugada, de estrategia impecable, es algo más que un baile de caras y sillones ya que en ella se entrecruzan diferentes problemas que han afectado al país en los últimos años.
La ortodoxia neoliberal es lo que ha propiciado, en estas últimas cuatro décadas, que los impuestos sean percibidos como "un robo", que los sistemas fiscales no sean eficientes o que el dinero recaudado vuelva a las manos de los más ricos en forma de subvenciones directas o mediante la corrupción.
Lo cierto es que el que lleva siendo desde 1945 la primera potencia mundial ha dado hoy, más que una muestra, una constatación de que su declinar puede ser más abrupto y traumático de lo que nadie podía prever. Aún suponiendo que los planes golpistas sean derrotados y el trumpismo ideológicamente derrotado, la brecha que ha creado, en este episodio, en estos últimos cuatro años, va a ser muy difícil de suturar.
La ministra de Trabajo no cedió: es conocedora de que su popularidad y eficacia la protegen, además de que hay más de un millón y medio de trabajadores pendientes de la decisión de subida del SMI. Pero también de que a partir de ahora se ha convertido en una pieza a cobrar por los sectores más conservadores, dentro y fuera del Gobierno.
Trump es un síntoma de una enfermedad antecedente, una de inicio incierto y de un desarrollo acelerado.
Lo peor de todo es que en 2010, mientras que Santiago Abascal era un mantenido de la derecha en cargos inútiles, mientras que el padre del cantante de Taburete se dedicaba a administrar dinero negro, España, como otros Estados del sur de Europa, fue víctima de una maniobra de expolio financiero.