Opinión
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Daniel Bernabé

Daniel Bernabé (Madrid, 1980) es escritor y periodista. Además de sus libros de relatos y de haber prologado a autores como Gil Scott-Heron o David Peace, publicó "La trampa de la diversidad", uno de los ensayos más debatidos y vendidos del 2018 en España. Ha escrito sobre sociedad y política para medios como La Marea, Vice o Público, e impartido conferencias en universidades como la UNED, la Autónoma o la Jaume I. En twitter se le puede encontrar como @diasasaigonados.
Los tiempos están cambiando, la pandemia ha sido el detonante, pero ya estábamos al final de algo antes de la llegada del virus. Un nuevo contexto donde quien más rápido se adapte podrá encarar los próximos cincuenta años como líder mundial. Estados Unidos y China parten como favoritos: el primero intentando recuperar el pulso perdido, la segunda asumiendo que en estos momentos es ya un referente internacional.
La presidenta madrileña y Vox, un matrimonio muy bien avenido, comportan un peligro grande para el país por otras cuestiones, no precisamente por esta ayuda, que entre otras cosas está hábilmente diseñada para despertar las iras de un progresismo liberal que, a base de buscar fantasmas, está cavando la tumba de la izquierda.
No solamente es que que los bancos centrales se hayan hecho independientes de la democracia, aplicando medidas de corte neoliberal lesivas para la mayoría de la población, es que además son tremendamente dependientes del sector financiero y bancario privado, permitiéndoles todo tipo de tropelías cuando su función sería la de mantenerles bajo una atenta supervisión.
En 1971, mientras que Serrat grababa en Milán el que probablemente sea uno de sus discos claves, Salvador Allende nacionalizaba la banca en Chile, la guerra de Vietnam se extendía a Laos y el dólar se separa del patrón oro, dando pie al inicio de una crisis que, al final de la década, daría al traste con la hegemonía socialdemócrata.
Uno de los métodos utilizado por la trama ultraderechista es el acoso a personajes relevantes, pero también anónimos. Una voluntaria de Cruz Roja, a la que se vio dando un abrazo a un inmigrante negro que lloraba desconsolado al ver a uno de sus compañeros medio ahogados, ha recibido las iras de la turba de ultras.
Que los subyugados se intenten defender con unos medios de escasa o nula relevancia bélica no da a estos conflictos categoría de enfrentamiento, sino de agresión que es respondida a la desesperada por civiles, en el caso de Colombia, o por tropas irregulares sirviendo apenas a semi-estados como en el caso del Sahara y Palestina. Trazar un punto equidistante es tan o más propagandístico que tomar partido descarado por el ejército colombiano, marroquí o el Tzahal.
La izquierda no necesita repensar su sujeto político, ni mejorar su comunicación ni enfangarse en más guerras culturales. Lo que necesita la izquierda es encontrar la manera de salir de la trampa financiera de endeudamiento y pugnar por lo único que le da sentido en último término: la igualdad. Tan sencillo y tan difícil como eso.
Lo negativo no es que alguien quiera pasar un rato viendo imágenes que despiertan emociones instantáneas, lo negativo es cuando alguien sólo conoce este tipo de imágenes para saciar sus emociones más primarias. Se diría que, escasos de tiempo, con unas vidas cada vez más precarizadas, sólo podemos aspirar a sumergirnos en la incontinente riada de imágenes breves para suplir todo aquello que nos falta en nuestra vida real.
Si la política es la disciplina que supuestamente tiene como misión solventar los problemas de nuestra sociedad, en el caso de Vox sucede justo lo contrario: ellos crean los problemas para después ofrecer unas soluciones tan peligrosas como inútiles.
En España la salida del informe ha levantado un notable revuelo mediático. La razón es que en dos párrafos del capítulo referido a este país, de 36 páginas, se cita al presidente Pedro Sánchez y a Pablo Iglesias, quien ocupó el cargo de vicepresidente hasta el último día de marzo, por supuestos ataques contra la libertad de prensa.
La pandemia puede ser un gran reinicio dependiendo de si los ciudadanos ejercen su ciudadanía conscientemente, es decir, colocan por delante los intereses públicos y comunes de los privados e individuales. La pandemia puede ser un gran reinicio que signifique también un gran borrado: si todo es culpa del virus, nadie es culpable de los graves problemas antecedentes que este año no ha hecho más que revelar, aún más claramente.
No necesitamos más análisis sobre las coartadas narrativas de los ultras, no necesitamos más guerras culturales, no necesitamos más políticas que colmen la angustia por la especificidad en un mundo de identidades competitivas. No necesitamos a salvadores, capitanes ni caudillos. Lo que necesitamos es una democracia que ponga a la economía al servicio de todos.