Opinión
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Daniel Bernabé

Daniel Bernabé (Madrid, 1980) es escritor y periodista. Además de sus libros de relatos y de haber prologado a autores como Gil Scott-Heron o David Peace, publicó "La trampa de la diversidad", uno de los ensayos más debatidos y vendidos del 2018 en España. Ha escrito sobre sociedad y política para medios como La Marea, Vice o Público, e impartido conferencias en universidades como la UNED, la Autónoma o la Jaume I. En twitter se le puede encontrar como @diasasaigonados.
Por supuesto que Díaz no debe dejarse arrastrar a la izquierda museística, identitaria, de soflama encendida pero de poca utilidad real. Pero dudamos de la conveniencia y utilidad de sumarse al fetiche ideológico de definirse fuera de "la derecha o la izquierda". Su mayor valor es demostrar que las medidas de izquierda funcionan.
En 2021, tras la Gran Recesión, mientras la Pandemia comienza su retirada, el neoliberalismo parece sentenciado a ser sustituido por otra cosa, no necesariamente mejor. Sin embargo, sus formas comunicativas están en su cúspide: que un incendio se agote en su origen no significa que no arda aún con fuerza en su periferia.
Pocas noticias refieren al mundo del trabajo, que suele ir como epígrafe inserto en las secciones de economía, como si en vez de ser el factor fundamental que crea la riqueza fuera una variable secundaria, y a menudo insidiosa, que hay que abaratar, flexibilizar y externalizar.
La inestabilidad, la tiranía del fraccionamiento digital, la ponzoña mediática y la generosa financiación de muchos grandes empresarios les favorecen. También que el progresismo no pase página, de una vez por todas, a determinados mitos, complejos y lugares comunes que la antiglobalización dejó latentes.
No teman, este no es otro artículo sobre la serie y sus lecturas sociopolíticas. Sí sobre el escenario del que parte la serie. Cualquier ficción, al menos mientras que siga siendo escrita por humanos, requiere de un contexto y unos antecedentes que hacen que el creador, en este caso Hwang Dong-hyuk, necesite contarnos algo que sea materia de atención común.
Que la manifestación negacionista comandada por fascistas asaltara la sede de la CGIL fue un hecho terrible, pero también descriptivo: la ultraderecha teme a los sindicatos y su única manera de enfrentarlos es mediante la violencia directa.
Habría que preguntarse si técnicamente no es un riesgo inasumible el que la caída de una sola de estas empresas afecte al sistema bancario o a la administración pública. Internet es hoy más que nunca un sistema donde un sólo eslabón puede romper la cadena entera. Y esto puede tener unos efectos devastadores que van bastante más allá de que usted no pueda subir las fotos de sus últimas vacaciones a Instagram.
Siendo abanderados de un neoliberalismo que hoy resulta caduco e inconveniente, quizá tengan que recurrir de nuevo al viejo lema, Keep calm and carry on, mantén la calma y sigue adelante. Adelante, ¿hacia dónde?
Tanto sector público como privado deben pasar de la economía especulativa a la real, proporcionando seguridad vital continuada a los ciudadanos, evitando así el creciente descrédito del sistema institucional tan presente ya en toda Europa. Las opciones autoritarias de extrema derecha esperan su oportunidad cada vez mejor situadas.
¿Provocará esta nueva senda china una reacción americana al estilo del New Deal o por el contrario enconará aún más las relaciones entre ambos países? El resto del mundo observa esta época de cambios, este cambio de época.
Los tiempos están cambiando, la pandemia ha sido el detonante, pero ya estábamos al final de algo antes de la llegada del virus. Un nuevo contexto donde quien más rápido se adapte podrá encarar los próximos cincuenta años como líder mundial. Estados Unidos y China parten como favoritos: el primero intentando recuperar el pulso perdido, la segunda asumiendo que en estos momentos es ya un referente internacional.
La presidenta madrileña y Vox, un matrimonio muy bien avenido, comportan un peligro grande para el país por otras cuestiones, no precisamente por esta ayuda, que entre otras cosas está hábilmente diseñada para despertar las iras de un progresismo liberal que, a base de buscar fantasmas, está cavando la tumba de la izquierda.