Opinión

El abrazo o la rendición de Breda, oportunidades y amenazas del pacto progresista en España

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De oportunidad histórica a necesidad histórica, así calificó Pablo Iglesias el acuerdo para formar Gobierno con el que España se vio sorprendida a finales de la mañana del martes. Por fin, tras meses de espera, unas nuevas elecciones y una angustia considerable, el PSOE y Unidas Podemos conseguían llegar a consensuar en un documento, simbólico, su disposición a colaborar para conformar Ejecutivo, algo que no depende tan sólo de estas dos formaciones ya que con sus diputados no alcanzan la mayoría absoluta requerida en la votación parlamentaria para investir al Presidente.

Daniel Bernabé, escritor y periodista.
Daniel Bernabé, escritor y periodista.
Ahora es posible y antes no, simplemente, porque las tesis que dentro del PSOE entendieron que era el momento de volver al bipartidismo y eliminar a la formación que está a su izquierda han fracasado

Una primera pregunta, hecha a modo de recriminación, recorrió la mente de muchos ciudadanos, ¿tan difícil era? Pues como se ha podido ver, no. La escenificación del pacto se puede leer a través de dos cuadros. El primero Las lanzas o la rendición de Breda, de Velázquez, el segundo El abrazo, de Juan Genovés. Si el plan de la nueva convocatoria electoral era hundir a UP y forzar a un Ciudadanos fuerte a ser la fuerza de apoyo en el Gobierno justo las elecciones dieron el resultado contrario: la coalición de izquierdas resistió y el partido de Rivera ha pasado a la intrascendencia. Pedro Sánchez se rinde y acepta a UP como fuerza acompañante en el Gobierno, incluido al vetado Iglesias. Ahora es posible y antes no, simplemente, porque las tesis que dentro del PSOE entendieron que era el momento de volver al bipartidismo y eliminar a la formación que está a su izquierda han fracasado.

La otra lectura, la de El abrazo, se puede entender desde la escenificación, donde ambos líderes progresistas mostraron cordialidad entre ellos y con sus segundos espadas presentes en la firma del acuerdo. Por parte de UP estaban los líderes de Izquierda Unida, Alberto Garzón, y de las convergencias catalana, Jaume Assens, y gallega, Yolanda Díaz, además del gesto que supone incluir al dirigente ecologista, López de Uralde, cuya antigua formación erró al marcharse con la escisión errejonista. Pero lo interesante fue también ver a Iván Redondo entre los dirigentes presentes del PSOE, un golpe de mano de Sánchez ante las críticas internas del aparato de su partido el lunes. Como apuntó el periodista Pedro Vallín, en la crónica de la trastienda del pacto, ni Sánchez ni Redondo fueron los principales valedores de la repetición electoral. Olvidamos algo fundamental que aún sigue pesando en el contexto: Sánchez no es del agrado del la aristocracia del PSOE.

Si el candidato socialista fue el claro triunfador de las elecciones de abril, culminando el proceso de resurrección desde que fue purgado de la secretaría general en 2016, en estas hay que abrir un merecido epígrafe con Pablo Iglesias, un hombre que supo aguantar las duras presiones, externas pero también internas, que le recomendaban rendirse y dar su apoyo a Sánchez a cualquier precio, incluso, en la segunda votación de finales del verano, a cambio de nada. Iglesias fundó un partido en enero de 2014, tras enfrentarse a varias conjuras de los notables de su formación, tras soportar una de las mayores campañas de desprestigio que se han vivido en España, incluyendo una guerra sucia resumida en eso que se ha llamado "las cloacas", está a punto de conseguir lo que fue desde el primer momento su objetivo, poder gobernar. Hace apenas unas semanas parecía un líder político que afrontaba los últimos compases de su carrera, hoy está justo en la posición contraria: la izquierda, siempre cainita y adicta al suplicio, debería reconocérselo. Iglesias, preguntado en los últimos compases de la campaña anunció: antes de retirarme me gustaría gobernar. Aún es pronto, pero posiblemente estas sean las últimas elecciones de Iglesias como líder, Montero llama a la puerta.

Daniel Bernabé, escritor y periodista.
Daniel Bernabé, escritor y periodista.
¿Si se han desatado los infiernos declarativos tan sólo por un Gobierno donde la izquierda será una mínima parte, qué pasaría en una hipotética victoria de la coalición morada? Sin pretenderlo los que dicen estar preocupados por la democracia española tan sólo han mostrado su fuerte carácter antidemocrático

El pacto, por otro lado, muestra sin pretenderlo la anomalía democrática española en Europa: mientras que los autodenominados liberales pactan con los ultraderechistas, mientras que una gran parte del aparato mediático ha blanqueado a Vox, se recibió de forma histérica el acuerdo entre el PSOE y Unidas Podemos. La pregunta que debemos hacernos es directa, ¿si se han desatado los infiernos declarativos tan sólo por un Gobierno donde la izquierda será una mínima parte, qué pasaría en una hipotética victoria de la coalición morada? Sin pretenderlo, los que dicen estar preocupados por la democracia española tan sólo han mostrado su fuerte carácter antidemocrático. Que la izquierda haya tardado 85 años en volver a un ejecutivo en España dice mucho del carácter reaccionario de los poderes que no se presentan a las elecciones.

De hecho lo primero que habría que hacer es situar los apellidos junto a los nombres. El PSOE es hoy un partido socioliberal, más cerca de Macron y Trudeau que de la socialdemocracia europea de posguerra, espacio que paradójicamente ocupa una formación como Unidas Podemos. La siguiente pregunta que este posible Gobierno debe despejar es cómo va a conjugar a la ministra Calviño, de claro corte liberal, con la bendición de las instituciones europeas y figuras de las finanzas como Ana Patricia Botín, con las medidas intervencionistas que propondría UP. Esto no va a ser Syriza, porque el contexto económico español es mucho más amable que el Griego de 2015, pero también porque la cadena de transmisión de los banqueros alemanes ya está dentro del propio Gobierno.

Daniel Bernabé, escritor y periodista.
Daniel Bernabé, escritor y periodista.
Hay que definir antes cuántos hectómetros de hormigón armado lleva un programa político que poner poesía en los pasos de peatones

Esta duda no puede quedar a expensas tan sólo de la reunión de los viernes del consejo de ministros. La experiencia de los Gobiernos municipales, especialmente la madrileña, nos debería prevenir de dos cosas. La primera son las tentaciones, incluso dentro de los morados, de refugiarse en políticas de carácter simbólico, o dicho de otra forma, hay que definir antes cuántos hectómetros de hormigón armado lleva un programa político que poner poesía en los pasos de peatones. La segunda es que hace falta un permanente ejercicio de fiscalización y apoyo popular de los izquierdistas que tienen tareas ejecutivas en las instituciones. Para esto último no bastan solamente las apelaciones románticas, vacías e idelistas a "la calle", sino una plataforma-movimiento que impulse y defienda las conquistas que se consigan o luche por aquellas que sean paradas por el PSOE. Si alguien tiene pensado lanzar en España algo parecido al británico "Momentum" es justo la ocasión para llevarlo a cabo. Atentos, como apunte, a Julio Anguita y la iniciativa que encabeza, La disyuntiva de la izquierda. Muchos votantes y afiliados socialistas serán los primeros en agradecerlo.

Este futuro Gobierno deberá enfrentar además la crisis territorial en nuestro país, y no sólo la catalana. El papel de ERC va a ser crucial en, primero la investidura y después en la estabilidad del Ejecutivo. La situación es obviamente complicada tras el intento independentista y el encarcelamiento de sus líderes. Hará falta generosidad por ambas partes, la de los catalanes en admitir el error que supuso echarse al monte sin tener preparado el día después, la del Gobierno en pensar en un futuro cercano en la excarcelación de unos políticos que si bien no respetaron las leyes, mantuvieron un escrupuloso rechazo a la violencia en sus acciones. Si estos últimos temen perder la dirección del electorado catalán nacionalista con unas autonómicas a las puertas, desde el poder central se tendrá que valorar la enorme munición que una excarcelación supondría para la ultraderecha.

Daniel Bernabé, escritor y periodista.
Daniel Bernabé, escritor y periodista.
El mayor antídoto contra la mancha descivilatoria de Vox no provendrá de las apelaciones a la solidaridad ni a la ética democrática, sino a ambiciosas políticas sociales alejadas de trampas identitarias y flojeras socioliberales

Algo no se puede pasar por alto: Vox obtuvo un fenomenal y aterrador resultado electoral que es fruto en gran medida de la semana de disturbios y de la caída de Ciudadanos, pero no se puede confiar en que se desinflen ellos solos a base de sacar los pies del tiesto. Si bien la mayoría del voto ultra sigue proveniendo de las capas medias, ya han hecho mella en las zonas de clase trabajadora. El mayor antídoto contra la mancha descivilatoria de Vox no provendrá de las apelaciones a la solidaridad ni a la ética democrática, sino a ambiciosas políticas sociales alejadas de trampas identitarias y flojeras socioliberales: trabajo, vivienda, pensiones, salud y educación esperan que la política retome su papel organizador de la sociedad. Si no la alegría progresista de estos días puede transformarse fácilmente en una decepción que aupará a los ultras a la Moncloa.

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