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Comparando la España imperial con los EE.UU.: Una historia de dos Historias (Parte XI)

Publicado: 23 ago 2013 10:00 GMT | Última actualización: 23 ago 2013 12:57 GMT
Ante el argumento hecho por el Sr. James P. Pinkerton, autor y comentador político de Fox News, en su artículo titulado 'Yesterday’s Spain, Today’s America' ('La España de ayer, la América [EE.UU.] de hoy') publicado en la revista estadounidense 'The American Conservative' ('El conservador americano'), de que “los españoles, víctimas de agresión en casa, se convirtieron en los victimarios (homicidas) en el extranjero”, con referencia al papel que España jugó en la conquista del Nuevo Mundo, deseo añadir otro punto más con respecto a las ideas religiosas que inspiraron a los anglosajones durante su conquista y ocupación de Norteamérica. En este sentido quiero enfatizar la influencia ejercida por el 'Viejo Testamento de la Biblia' tanto sobre los ingleses protestantes que colonizaron las Trece Colonias británicas de Norteamérica como sobre los estadounidenses angloamericanos que expandieron las fronteras de los EE.UU. hacia el oeste norteamericano. Esta influencia bíblica examinada influenció de manera negativa a los anglosajones tanto británicos como estadounidenses en sus tratos hacia los indios americanos, llevando a cabo una política de exterminio y expulsión contra los nativos en imitación de la forma como los antiguos israelitas exterminaron y destruyeron a aquellos pueblos cananeos y otros grupos semitas que ocupaban la tierra de Canaán, región que los israelitas consideraban su “tierra prometida” y que para tomarla la conquistaron a sangre y fuego a través de campañas militares genocidas. 
 

La masacre del pueblo indio pequote del Río Místico se cometió presuntamente siguiendo el ejemplo bíblico de las guerras del Rey David y de las guerras de exterminio de los israelitas.
 

Debemos así ver las palabras del capitán inglés John Underhill que participó en la masacre del principal pueblo pequote cerca del actual Río Mystic (Místico) en Connecticut, el 26 de mayo de 1637. Underhill contó en su relación de la masacre cómo algunos jóvenes soldados ingleses que no habían estado en la guerra antes estaban impactados al ver a tantos  indios pequotes muertos o moribundos en el suelo de su pueblo, tantos cuerpos unos encima de otros que según Underhill con dificultad se podía pasar. Los jóvenes soldados ingleses le preguntaban al capitán Underhill “¿por qué estaba tan furioso? ¿No deberían los cristianos tener más misericordia y compasión?”, según las palabras de Underhill. Ante lo cual Underhill respondió en su relación: “Pero yo les referiría a la guerra de David (el Rey David bíblico) cuando un pueblo se crece a tal altura de sangre, y peca contra Dios y el hombre, y todos se confederan en la acción, ahí Él no tiene respeto a las personas, pero las destroza, y las corta, y las pasa a cuchillo, y la más terrible muerte que puede haber: a veces las Escrituras declaran que mujeres y niños deben morir con sus padres; a veces el caso cambia: pero no vamos a disputar esto ahora. Tenemos suficiente luz de la Palabra de Dios para nuestras acciones”.

Procedamos así a ver las acciones del Rey David israelita como están relatadas en el 'Viejo Testamento de la Biblia'. Recordemos que el Rey David es ante todo un personaje histórico, glorificado por la antigua religión hebrea cuyo texto sagrado fue escrito por los propios israelitas según su punto de vista parcializado y favorable a David, descrito como un hombre que fue el instrumento de Yavé, de Dios en la tierra. Sus actos, sin embargo, indican que David no hacía la voluntad de un Creador que según el Viejo Testamento escrito por los israelitas se comunicaba con él, sino más bien que hacía lo que a él le daba la gana para realizar sus ambiciones de poder y satisfacer sus bajas pasiones, utilizando el nombre de Dios y la entidad divina para justificar sus actos humanos. En esto David ha sido como muchos gobernantes de la historia. 

Pero para aquellos angloamericanos estadounidenses fundamentalistas religiosos que denuncian las acciones de los conquistadores españoles en América, les recuerdo las prácticas de guerra de su ídolo bíblico David y del Rey Saúl israelita. Según “La Nueva Biblia Latinoamericana” católica, en vista que Micol, hija de Saúl, estaba enamorada de David y el rey de los israelitas se la ofrecía como esposa, Saúl “…le mandó decir [a David]: ‘El rey no quiere dote para su hija, sino que quiere los prepucios de cien incircuncisos filisteos, para vengarse así de sus enemigos’”. (1-Samuel 18, 25). David no perdió el tiempo y se esmeró en la sangriento y macabra tarea exigida por Saúl: “Aún no se había cumplido el plazo, cuando David partió con sus hombres y mató a doscientos filisteos; entregó sus prepucios al rey y Saúl tuvo que darle a su hija Micol por esposa” (1-Samuel 18, 26-27). Esta práctica de contar y comprobar el número de enemigos que habían sido matados se habrá inspirado en los antiguos egipcios, quienes en sus guerras contabilizaban el número de enemigos muertos en batalla cortando, juntando y contando el número de penes o de una de las manos de cada cuerpo de un combatiente enemigo caído. 

Bajorrelieve del templo de Ramses III en Medinet Habú, Egipto, mostrando una escena de la batalla terrestre de Djahy en Canaán, donde el ejército egipcio derrotó una invasión de los Pueblos del Mar. Se aprecian los presuntos guerreros aqueos con sus cascos coronados al parecer con crines de caballo y con escudos redondos, probablemente de bronce, precursores de las armas de los griegos de la época clásica. Estos aqueos serían los filisteos de la Biblia.



Hay que decir que los filisteos al parecer eran originalmente aqueos, antiguos griegos de la Edad del Bronce que fueron parte de los llamados Pueblos del Mar que invadieron Egipto en el siglo XII antes de Cristo y que tras ser derrotados por la armada y el ejército del Faraón Ramsés III, fueron asentados en la Franja de Gaza por los egipcios como pueblo vasallo aliado, allí establecidos en una marca defensiva para proteger las fronteras orientales de Egipto en el sector habitado por ellos. Evidencia arqueológica apunta a que los filisteos eran aqueos que colonizaron la región llamada después Filistea o Filistina (de donde viene el nombre Palestina), que incluía cinco ciudades-estado (Gaza, Ascalón, Asdod, Ecrón y Gat), asentados por orden de Ramsés III. No eran por ello los bárbaros que los israelitas describen y condenan en el Viejo Testamento por ellos escrito de forma parcializada, según su versión de los hechos. Los filisteos eran más bien un pueblo civilizado como los aqueos de las antiguas ciudades-estado de la civilización micénica de donde procedían, ciudades con grandes palacios como Micenas (cuyo rey según La Ilíada fue el famoso Agamenón), Pilos (cuyo rey fue Néstor según La Ilíada), Tirinto, Argos (cuyo rey según Homero fue Diómedes), Orcómeno y Tebas (la ciudad del Rey Edipo). Más bien, quienes en cambio eran unos bárbaros y fundamentalistas religiosos homicidas, como los terroristas modernos del Cercano Oriente, eran los antiguos israelitas Moisés, Josué, Samuel y el Rey David, y los hombres que ejecutaban sus órdenes de exterminio y guerra total.  

Les recordaría a los conservadores angloamericanos estadounidenses que son fundamentalistas religiosos evangélicos que aún con las brutalidades cometidas en la conquista española de América, ni Francisco Pizarro ni Hernán Cortés ni Hernando de Soto o Sebastián de Benalcázar cometieron una macabra “hazaña” como la cometida por David para ganar la mano de la hija del Rey Saúl. Y para colmo los fundamentalistas religiosos responderían en sus sitios de culto “Amén” tras leerles que David le entregó al Rey Saúl 200 prepucios de filisteos muertos en combate o simplemente asesinados, pues para hacer su “colecta” más rápida no es improbable que David y sus hombres hayan matado a todo varón filisteo que encontrasen, incluidos civiles desarmados y menores de 18 años. Entonces, le invito a los conservadores estadounidenses que no condenen las muertes en combate o los crímenes de guerra cometidos contra los indios en la conquista española americana sino que más bien digan también “Amén” al recordarlos, mientras justifiquen y honren religiosamente con la misma palabra de origen hebreo los crímenes y atrocidades cometidos por David y por aquellos antiguos israelitas que cometieron crímenes de guerra y lesa humanidad que figuran en la Biblia, israelitas a quienes los fundamentalistas religiosos celebran todavía en el siglo XXI como “pueblo elegido”, después de haber visto los crímenes y genocidios del siglo XX. Que no sean por ello unos fariseos.

La matanza de los sacerdotes israelitas de Yavé y de su ciudad de Nob por orden del Rey Saúl

 

David eso sí tuvo un buen maestro en cometer atrocidades en su suegro el Rey Saúl. Después que David cayó en desgracia con Saúl, éste le persiguió y castigó bárbaramente a aquellos que ayudaron al fugitivo David. Así el Rey Saúl ordenó la masacre del sacerdote israelita Ajimelec y a su ciudad de Nob. Tras tratar de justificarse por haber ayudado a David y a sus hombres con comida, habiéndole dado también el sacerdote a David la espada que guardaba del gigante filisteo Goliat que David había matado en combate años antes, Saúl le dijo al sacerdote de Yavé: “‘Vas a morir, Ajimelec, tú y toda la familia de tu padre’. En seguida el rey dijo a los de su guardia que estaban a su lado: ‘Acérquense y maten a los sacerdotes de Yavé porque también están con David y, sabiendo que él huía, no me lo comunicaron’. Pero los servidores [israelitas] del rey no quisieron levantar su mano para herir a los sacerdotes de Yavé. Dijo entonces el rey a Doeg: ‘Acércate tú y da muerte a los sacerdotes’. El edomita Doeg se acercó e hirió de muerte a los sacerdotes; aquel día mató ochenta y cinco hombres que llevaban traje sacerdotal. Después de esto, Saúl pasó a cuchillo a Nob, la ciudad de los sacerdotes, matando a hombres y mujeres, jóvenes y niños, bueyes, burros y ovejas” (1-Samuel 22, 16-19). ¿Palabra del Altísimo? ¿“Amén”? Como un texto histórico, relatando en este caso un crimen de lesa humanidad, el libro de Samuel sí. Como texto religioso a seguir, a ser reverenciado y a ser imitado, este pasaje de la masacre de la ciudad de Nob del libro de Samuel, no.   n el siglo XXI manos, a quienes los fundamentalistas religiosos los tienen por

Otro mal ejemplo seguido por David en cuanto a cometer crímenes de lesa humanidad y genocidio habría sido el del Juez y profeta Samuel, quien según el Viejo Testamento lo ungió como futuro rey israelita y sucesor del Rey Saúl. Así relata el Viejo Testamento lo siguiente ocurrido en el siglo XI antes de Cristo: “Después de esto dijo Samuel a Saúl: ‘A mí me envió Yavé para consagrarte rey de su pueblo. Escucha, pues, ahora lo que te manda decir. Esta es la palabra de Yavé de los ejércitos: “He decidido castigar a Amalec por lo que le hizo a Israel, puesto que no lo dejó seguir su camino cuando regresaba de Egipto. Ahora vete y castiga a Amalec, destruyendo como maldición todo lo que tiene. No le tengas compasión, mata hombres y mujeres, jóvenes y niños, bueyes y ovejas, camellos y burros”’” (1–Samuel 15, 1-3). Cabe comentar que esta terrible sentencia no fue dada por Dios sino por un viejo Juez israelita amargado, rencoroso, cruel y vengativo, Samuel, quien había “decidido castigar” a los amalecitas como venganza por estos haberse opuesto al paso de los israelitas por la Península de Sinaí tras su salida de Egipto, unos doscientos años antes.  

Escena de la película 'El Rey David' donde el juez y profeta Samuel asesina a Agag, el cautivo rey de los amalecitas:


Sigue el relato del Viejo Testamento: “Batió Saúl a los amalecitas desde Havilá en dirección de Sur, que está al este de Egipto. Tomó vivo a Agag, rey de los amalecitas, y pasó a cuchillo a todo el pueblo. Pero Saúl y el ejército perdonaron la vida a Agag y a lo mejor de sus rebaños y ganados, a los vacunos y a los corderos gordos; en una palabra, no quisieron condenar a la destrucción nada de lo bueno que había. Pero, en cambio, todo el ganado flaco y que no servía lo sacrificaron” (1-Samuel 15, 7-9). Esto desagradó a Samuel, quien tras la masacre de los amalecitas y aún no contento con lo que había hecho Saúl por haber dejado con vida al rey amalecita vencido, le increpó a Saúl echándole en cara que había desobedecido a Yavé por no cumplir con la siguiente misión, que realmente se la había dado el mismo Samuel y no Dios: “‘Anda a acabar con todos esos pecadores, los amalecitas; hazles la guerra hasta que no quede ninguno’” (1-Samuel 15, 18). Tras repudiar a Saúl como rey por haberle desobedecido, Samuel hizo lo siguiente: “Después dijo Samuel: ‘Tráiganme a Agag, rey de los amalecitas’. Y vino Agag hacia él resistiéndose y diciendo: ‘En realidad es amarga la muerte’. Samuel respondió: ‘Así como tu espada ha dejado sin hijos a tantas madres, así tu madre será madre sin hijos’. Y Samuel degolló a Agag delante de Yavé en Guilgal” (1-Samuel 15, 32-33). Samuel ejecutó en el pobre rey de los amalecitas su sentencia y no la de Dios, asesinando a Agag a sangre fría.   

La enciclopedia de internet llamada Enciclopedia Judía.com (JewishEncyclopedia.com) llama a las campañas de genocidio practicadas por los antiguos israelitas descritas en el Viejo Testamento “guerra sagrada de exterminio”, al referirse a la campaña militar de este tipo que David antes de ser rey llevó a cabo contra los amalecitas, pueblo que no era israelita y estaba al parecer relacionado con los edomitas. No hay realmente mucha diferencia entre los genocidios del siglo XX y las guerras de exterminio practicadas por los israelitas, excepto que las del siglo pasado asesinaron por millones, mientras que las guerras de los israelitas contra otros pueblos y naciones se cobraban decenas de miles de víctimas. Las guerras sagradas de exterminio practicadas por los antiguos israelitas fueron hechas bajo una justificación religiosa, pero fueron también probablemente realizadas por motivos racistas, xenófobos y para robar y obtener botín de guerra. En la cuenta final posiblemente se habrían llegado a sumar en la densamente poblada tierra de Canaán y regiones vecinas cientos de miles de masacrados al contarse el número total de vidas no judías exterminadas y masacradas por los israelitas - según ellos en nombre de Yavé - y al añadirse las poblaciones israelitas masacradas por su propia gente, durante los siglos desde la salida de Egipto hasta el fin del reinado de David.

Grabado de Gustave Doré titulada “La muerte de Agag”, mostrando el momento en que el profeta Samuel se prepara para asesinar al rey de los amalecitas, cuyos súbditos incluyendo a mujeres y niños ya habían sido masacrados por Saúl por orden de Samuel
 

 

Hay que añadir que Dios, Yavé para los antiguos israelitas como Moisés, Josué, Samuel o David no es el Dios de los cristianos, uno de amor y paz como enseñó Jesucristo. El Yavé de los antiguos israelitas es un dios sirio-cananeo, el Yavé que para los antiguos sirios de tiempos de Abraham era el hermano menor de Baal y el hijo del dios padre Tor, el toro, a quienes se les hacían sacrificios humanos. Ese Yavé de los israelitas era un dios vengativo, de los ejércitos y de violencia, de matanzas que al realizarse en “guerras sagradas de exterminio” eran realmente sacrificios humanos colectivos de poblaciones enteras a manos de los israelitas. Ese Yavé de los israelitas no es como el Dios sobre el cual los antiguos israelitas escribieron al comienzo del libro del Génesis, realizado según su punto de vista, donde dicen que hizo al hombre a Su imagen y semejanza. No, fue más bien que los israelitas se imaginaron a Yavé a su imagen y semejanza humana israelita, como un dios vengativo, sanguinario y de la guerra. Esa no es la imagen de Dios como enseñó Jesús de Nazaret, quien para los creyentes cristianos es Dios Hijo y por lo tanto representa en su mensaje de paz, compasión, perdón, misericordia y amor la verdadera imagen de Dios, no el dios de guerra, genocida, vengativo y rencoroso, hermano menor de Baal - el de los sacrificios humanos - inventado por los antiguos israelitas a su imagen y semejanza humana, como cuando los antiguos griegos se inventaron a sus dioses con imagen humana y con los mismos defectos y veleidades de los hombres.

Este Yavé de imagen y semejanza israelita de los antiguos israelitas es el mismo seguido por aquellos conservadores angloamericanos estadounidenses fundamentalistas religiosos que aunque se hacen llamar cristianos le dan énfasis al Viejo Testamento sobre el Nuevo Testamento que contiene las enseñanzas de Jesús. Ese mal ejemplo del Viejo Testamento con su prédica a favor de la violencia y derramamiento de sangre fue imitado por los angloamericanos estadounidenses fundamentalistas religiosos protestantes en su trato genocida contra los indios norteamericanos y los filipinos. Ese mensaje de error de los fundamentalistas religiosos estadounidenses, de prestar atención al Viejo Testamento con su violencia y exterminios por encima del mensaje del Nuevo Testamento, ha sido exportado a través de las sectas fundamentalistas religiosas evangélicas de los EE.UU. a Hispanoamérica y España. Y ese mensaje de error de fanatismo y violencia religiosa va también de EE.UU. a la Tierra Santa a través de los fundamentalistas religiosos estadounidenses angloamericanos que van como colonos – y alienígenas ilegales (illegal aliens) - a los asentamientos ilegales en los territorios ocupados por Israel de Palestina en Cisjordania. Y si los llamados conservadores angloamericanos estadounidenses que son evangélicos fundamentalistas religiosos atacan y apoyan la persecución y expulsión de los inmigrantes hispanoamericanos con papeles irregulares, les invito a que condenen primero y pidan la expulsión de los colonos inmigrantes ilegales estadounidenses fundamentalistas religiosos que son unos alienígenas ilegales (illegal aliens) por ocupar ilegalmente tierras palestinas en colonias ilegales en los territorios ocupados de Palestina por parte de Israel. Les invito a esos angloamericanos estadounidenses evangélicos fundamentalistas religiosos que no sean unos fariseos y condenen primero a sus compatriotas colonos inmigrantes ilegales que viven ilegalmente en Palestina para vivir su fantasía “bíblica”, antes de perseguir a los inmigrantes hispanoamericanos con papeles irregulares que viven en EE.UU. o que intentan entrar a ese país en busca de un trabajo honesto y no en busca de las tierras de otros.

Foto mostrando los cuerpos de niños víctimas del ataque de armas químicas contra el pueblo de Halabja en el Kurdistán iraquí en 1988 por orden de Saddam Hussein. Así se habrían visto esparcidos sobre el suelo los cuerpos sin vida de niños amalecitas, bañados en sangre, tras ser masacrados junto con las mujeres y hombres de la población amalecita por el ejército israelita bajo el mando del Rey Saúl. Empero, el autor intelectual de la masacre y quien la ordenó fue el juez y profeta israelita Samuel, culpable también del crimen de guerra de genocidio



Hay que añadir que las palabras dichas por Samuel antes de asesinar al rey de los amalecitas, Agag: “Así como tu espada ha dejado sin hijos a tantas madres, así tu madre será madre sin hijos”, son citadas por fundamentalistas religiosos como dignas de recuerdo, de ejemplo y de ser imitadas. Pero le recuerdo a los llamados conservadores angloamericanos estadounidenses que son fundamentalistas religiosos evangélicos que las palabras de venganza de Samuel, usadas para justificar su regicidio y el genocidio contra los amalecitas, por algo que habría ocurrido unos doscientos años antes, van en contra del verdadero mensaje de Cristo de amor y perdón. Y las enseñanzas de Jesús, requeridas para todos los cristianos, han de reemplazar al mensaje de odio, de violencia, de homicidio y genocidio y de venganza de líderes israelitas del Viejo Testamento como Samuel, mensaje que no viene de Dios sino de la imagen pagana que los antiguos israelitas hicieron de Yavé, a su humana imagen y semejanza llena de defectos y crímenes. Son las palabras mencionadas de Samuel unas que incitan a la venganza homicida, al genocidio y al terrorismo.

El Dr. Lajos Szászdi es analista de asuntos de defensa, seguridad y relaciones internacionales, autor,  conferenciante y comentador en la televisión y la radio 

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