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Los motivos detrás de la crisis de Siria: El factor interno

Publicado: 12 feb 2012 06:43 GMT | Última actualización: 19 ene 2013 01:15 GMT

Las grandes potencias occidentales encabezadas por  EE. UU. e incluyendo el Reino Unido de la Gran Bretaña, Francia y Alemania, la mayor parte de los países de la Liga Árabe incluyendo los miembros del Consejo de Cooperación del Golfo (Pérsico), el Secretario-General de las Naciones Unidas Ban Ki-mun y tanto la prensa occidental como la árabe en general no han escatimado palabras para condenar no sólo al Gobierno sirio de Bashar al Assad por la intervención del Ejército en reprimir la revuelta contra su régimen sino también el apoyo que Siria recibe de Rusia y la China tanto en el plano diplomático como en el estratégico.  

Los intereses de aquellos involucrados directamente e indirectamente en la rebelión contra el Gobierno del presidente Bashar al-Assad son diversos. Los rebeldes sirios incluyen aquellos elementos de la oposición política al régimen secular autoritario del Partido Baaz Árabe Socialista de Siria que buscan una democracia secular de tipo occidental para el país. Estos, sin embargo, son una minoría que no tendrá mucha influencia de triunfar la revuelta siria, como ha ocurrido con los partidos seculares en el nuevo parlamento de Egipto. El grupo político de oposición de mayor influencia en la rebelión contra el gobierno del Partido Baaz Árabe Socialista es la Hermandad Musulmana, quienes persiguen un régimen islámico en donde la ley fundamental sea la Sharía o Ley Islámica. En realidad la rebelión siria está encabezada y constituida en su mayor parte por miembros de la comunidad árabe de religión sunita musulmana que representa un 74% de la población siria. Y la Hermandad Musulmana, sunita, desea el poder no sólo para darle una representación y voz política a la mayoría musulmana sunita pero también para substituir a la sociedad secular de tipo occidental que el Partido Baaz estableció en Siria, de paso removiendo del poder al Baaz y a la minoría alauita siria que domina al aparato de poder sirio.

Los alauitas o nusairíes son en realidad la población original de Siria y de religión musulmana ligada al chiismo, la otra rama principal del Islam junto al sunismo. Reflejando sus antiguos orígenes, la religión chiita musulmana de los alauitas, ecléctica en sus creencias confesionales, incluye y combina elementos de los períodos históricos paganos prehelénico y greco-romano, del cristianismo y, claro está, del islamismo. La minoría alauita siria constituye el 12% de la población que históricamente ha vivido reprimida y perseguida por los árabes musulmanes sunitas hasta 1970, cuando el alauita Hafez el-Assad, el padre del actual presidente sirio, encabezó un golpe de estado que removió del poder a los sunitas, estableciendo el control alauita sobre el Partido Baaz, el gobierno, el aparato de seguridad y las fuerzas armadas sirias. Para la Hermandad Musulmana, la búsqueda del poder implica un conflicto no sólo político contra el Partido Baaz, pero también religioso contra el secularismo del régimen del Baaz y el chiismo de los alauitas. El conflicto es también de nacionalidades (o como dirían en EE.UU., étnico), pues contrapone a los árabes sunitas contra los alauitas o nusairíes.

Para el Presidente Bashar el-Assad y el gobierno sirio, las consecuencias de perder el poder a la Hermandad Musulmana y otros grupos islamistas sunitas árabes serían muy graves. En dicho caso, el Partido Baaz Árabe Socialista perdería el poder, poniéndose fin al proceso de secularización y occidentalización del país. También sería perseguida y reprimida la minoría alauita que domina el poder. Minorías religiosas como los cristianos, que constituyen el 10% de la población total de Siria, serían perseguidas como ha ocurrido en Irak y está ocurriendo en Egipto a manos en ambos casos de los islamistas sunitas. La guerra civil siria destruiría al país y lo fragmentaría de hecho como ocurrió con el Líbano por la guerra civil y la invasión israelí durante la década de los 80 del siglo pasado, y como ha ocurrido en Irak tras la invasión estadounidense del 2003. La destrucción de Siria por la guerra civil la eliminaría como potencia árabe regional que sirviese de muro de contención al poder de Israel, afectando también al apoyo sirio a agrupaciones consideradas de resistencia a los israelíes como Hezbolá en el Líbano y Hamás en Palestina. Una Siria consumida por la guerra civil y destruida por ésta la dejaría vulnerable y expuesta a invasiones militares extranjeras del territorio nacional sirio. El gobierno sirio teme que en la eventualidad de perder el poder y quedar el país destruido por las luchas intestinas y así indefenso, elementos políticos extremistas y religiosos integristas en el gobierno israelí del Likud buscarían aprovechar la oportunidad para conquistar a Siria y lograr el sueño bíblico de muchos, de “recuperar” la “tierra prometida” a los hebreos hasta el Río Éufrates.

La represión militar gubernamental contra la oposición siria con sus numerosas víctimas civiles y destrucción de la propiedad es indudablemente lamentable. Sin embargo, el gobierno sirio está tratando de preservar el actual estado político sirio y el orden social secular y multireligioso vigente. Lo cierto es que las protestas de la oposición política siria han recibido apoyo del exterior, desde sus comienzos como protestas multitudinarias no violentas hasta el actual estado de cosas en que hay una resistencia armada apoyada desde fuera, inclusive con la participación de fuerzas especiales, tropas de comando extranjeras operando dentro de Siria.

Cualquier estado tiene el derecho de defender su existencia y el orden establecido y en este sentido solo hay que recordar cuando en la Guerra Civil Norteamericana de 1861-1865 el Presidente de los EE.UU. Abraham Lincoln, el más reverenciado en este país después de Jorge Washington, envió al U.S. Army, el Ejército de los EE.UU., a reprimir por la fuerza la rebelión de los estados sureños que se declararon independientes del gobierno federal. En este sentido, el actual bombardeo de la ciudad de Homs -la antigua Emesa de griegos y romanos- por el ejército sirio recuerda a los bombardeos de ciudades sureñas norteamericanas por el Ejército de los EE.UU., todo con la bendición de Lincoln. Así, la ciudad sureña “rebelde” de Vicksburg (el antiguo Fuerte de Nogales de la Luisiana española) en el Río Misisipi fue asediada y bombardeada en 1863, con 22,000 proyectiles lanzados contra la ciudad tan sólo por las cañoneras estadounidenses operando en el Misisipi y sin contar los bombardeos por la artillería de las baterías terrestres del U.S. Army, aún más intensos. Como resultado de los daños sufridos por sus hogares la población de Vicksburg tuvo que refugiarse y vivir en cuevas. La ciudad “rebelde” de Fredericksburg en Virginia fue bombardeada, tomada por asalto y saqueada por el Ejército de los EE.UU. en 1862 (véase la película Dioses y Generales como ejemplo), etc. La historia se repite.

El Dr. Lajos Szászdi es analista de asuntos de defensa, seguridad y relaciones internacionales, autor,  conferenciante y comentador en la televisión y la radio 

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