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Estados Unidos y Venezuela: ¿El statu quo?

Publicado: 22 nov 2012 09:29 GMT | Última actualización: 22 nov 2012 14:51 GMT
Ya pasaron las elecciones presidenciales en Estados Unidos y Venezuela y los resultados no fueron sorprendentes. Los dos presidentes, Obama y Chávez, fueron reelectos, uno por un margen muy estrecho, y otro por una victoria contundente. Aunque las tensiones electorales en Estados Unidos persistieron hasta el final y la reelección de Barack Obama no estaba muy segura, al final logró los votos de un importante sector que antes no se tomaba en cuenta: los latinos. Por otro lado, Hugo Chávez alcanzó un amplio porcentaje de ventaja sobre el candidato opositor, logrando más de 55% del voto para llegar a un histórico tercer mandato.
 
Washington había hecho todo lo posible para impedir la victoria de Chávez. El Gobierno de Obama canalizó más de 20 millones de dólares para la campaña opositora a través de sus agencias, principalmente la Agencia Internacional de Desarrollo de Estados Unidos (USAID) y la Fundación Nacional para la Democracia (NED). Fondos en cantidades desconocidas llegaron a través de las agencias clandestinas de Estados Unidos, trasnacionales, empresarios evadiendo impuestos, además de numerosas fuentes ilegítimas, como el narcotráfico y el lavado de dinero. La campaña mediática contra el presidente Chávez no tuvo límites en la prensa internacional. Desacreditaron su popularidad, su Gobierno, sus políticas y promovieron mórbidos rumores sobre su salud. Múltiples veces intentaron 'matarlo' en los medios. Internamente, grupos opositores respaldados por agencias estadounidenses crearon inestabilidad dentro del país, explotando problemas reales, como la inseguridad y fallas de infraestructura, buscando imponer un estado de caos y violencia. A pesar de todas estas tácticas sucias, Chávez y el pueblo mayoritario que votó por él, venció.

Semanas antes de las elecciones en Venezuela, el presidente Obama declaró en una entrevista que no percibía al Gobierno venezolano como una amenaza contra los intereses estadounidenses. No obstante, expresó sus “preocupaciones” sobre los derechos humanos, las libertades y el estado de la democracia en el país suramericano, implorando un proceso electoral “libre y justo”. Por su parte, el presidente Chávez tuvo palabras mucho más simpáticas para Obama, deseándolo suerte en las elecciones e incluso declarando que votaría por él si fuera estadounidense. Días antes de las elecciones en Estados Unidos, Chávez cambió un poco su tono, admitiendo que no pensaba que hubiera cambios en las relaciones si fuera electo Obama o el candidato republicano.

Frente a la victoria de Chávez, el Departamento de Estado de Estados Unidos no envió sus felicitaciones tradicionales como normalmente hace con casi todos los países del mundo, con la excepción de sus enemigos. El presidente Chávez tampoco felicitó a Obama por su reelección, optando por advertirle que debería se enfocar más en los problemas económicos y sociales de su país en lugar de seguir inmiscuyéndose en los asuntos internos en otras naciones.

Desde 2008, Venezuela y Estados Unidos no tienen embajadores en estos países. En septiembre 2008, el Gobierno venezolano expulsó al embajador Patrick Duddy del país, en parte en solidaridad con Bolivia, que había expulsado al embajador estadounidense Philip Goldberg debido a su papel principal en actos de desestabilización y un plan de golpe contra el presidente Evo Morales. Venezuela también expulsó al embajador Duddy por los años de injerencia interna y conspiración con sectores golpistas que estaban en proceso permanente de desestabilizar al Gobierno de Chávez. Luego fueron revelados documentos del Departamento de Estado escritos por Duddy en donde él mismo pedía millones de dólares para reforzar las actividades de la oposición en Venezuela y sus pretensiones de derrocar al presidente Chávez.

Washington expulsó al embajador venezolano como un acto de reciprocidad. Nunca hubo evidencia de ninguna violación de ley u otra irregularidad por parte del embajador venezolano en Estados Unidos.

Las relaciones entre los dos países han empeorado desde ese momento. Lo poco que quedaba de conversaciones formales de alto nivel cesó de existir. Los complots de las agencias estadounidenses junto a sus financiados venezolanos aumentaron y crearon más tensiones entre los dos Gobiernos. Hubo numerosos intentos por parte de un sector del Congreso de Estados Unidos de colocar a Venezuela en la lista de estados 'terroristas', sin éxito. No obstante, el Gobierno de Obama continuó y amplió las clasificaciones de Venezuela como su adversario, como un país “narco” que “apoyó el terrorismo” y “viola derechos humanos”, sin presentar pruebas de tan peligrosas acusaciones.

A pesar de estas agresiones diplomáticas y el financiamiento subversivo a grupos antichavistas por parte de Washington, las tensiones han quedado en un especie de limbo. No hubo una escalada más allá de ese punto, como si estuvieran congeladas las relaciones entre estos dos países que son interdependientes. Estados Unidos sigue comprando el petróleo de Venezuela y Venezuela se lo sigue vendiendo.

Ahora con la reelección de sus dos presidentes, ¿habrá algún cambio? Lo más probable es que no. No hay interés aparente de ninguno de los dos lados de mejorar las relaciones. Aunque el Gobierno venezolano y el propio presidente Chávez han expresado sus deseos de restablecer relaciones normales con Washington, el fundamento de esas relaciones tiene que ser el respeto y la no injerencia, asunto que Washington no puede asegurar.

Obama no ha dado indicaciones sobre cambios en su política hacia América Latina. Hasta ahora, ha mantenido la misma política anacrónica de sus predecesores. Aunque depende de quién sea su nuevo secretario (o secretaria) de Estado, luego de la salida anunciada de Hillary Clinton, lo más seguro es que ni América Latina ni Venezuela vayan a ser prioridades para la política exterior estadounidense durante los próximos años. Sus ojos siguen puestos sobre Medio Oriente, África y Asia, dejando que la amplia y diversa tierra al sur de su frontera siga en su camino de independencia e integración regional.

El cambio más grande en la política de Washington hacia América Latina –y Venezuela en particular– vendrá del Congreso. Uno de los principales enemigos de la izquierda latinoamericana y el proponente de Venezuela como “país terrorista”, el republicano Connie Mack de Florida, perdió la elección y está fuera del cuerpo legislativo. La ausencia de Mack no significa que las agresiones contra Venezuela no vayan a continuar, pero tal vez pierdan un poco de su furia.

Twitter de Eva Golinger

  Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de RT. 

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