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La Fuerza de un chileno

Publicado: 4 mar 2010 17:42 GMT | Última actualización: 29 ago 2012 20:03 GMT

Que difícil es escribir en estos momentos de amargura y dolor, cuando sé muy bien que gran parte de mi tierra ha sido azotada nuevamente por otro violento terremoto. Sé muy bien los que mis compatriotas están pasando y sufriendo. He sido testigo y protagonista en mi vida de otros violentos sismos. He visto el sufrimiento de las personas, la desesperación y el terror en el rostro de mujeres y niños. El infinito y resignado desconsuelo de los viejos. La impotencia de los hombres… sin embargo, hay algo que caracteriza al pueblo chileno y que se puede resumir en una palabra: Fuerza.

Nuestro país es tierra de temblores y volcanes. Estamos acostumbrados a ellos y sabemos que cada cierto período de tiempo, vuelven los movimientos telúricos que estremecen no sólo los cimientos de las estructuras, sino que los mismos espíritus de las personas. Santiago de Chile es una ciudad que ha ido implementando normas anti sísmicas durante décadas, a propósito de su movida geografía y a la experiencia de muchísimos terremotos durante la historia del país. Aun así, estamos lejos de ser una ciudad completamente segura. Quedan muchas cosas por hacer en este sentido. Pero la magnitud del último terremoto, uno de los más devastadores en la historia de los seísmos en Chile, tiene al país colapsado. Tomemos en cuenta que en tiempos pasados no existían los adelantos tecnológicos de los cuales disponemos hoy en día en áreas de la tecnología tan importantes como la arquitectura, construcción y urbanismo. No obstante las últimas técnicas de las cuales se pueda disponer y ni siquiera de las mejores estructuras antisísmicas existentes son suficientes para resistir un terremoto que dure 2 minutos.

¿Cómo vivimos la noticia los chilenos radicados en la Federación Rusa la catástrofe ocurrida en nuestra patria…? Algunos con ansiedad y preocupación, otros más tranquilos al saber que sus seres queridos se encontraban bien; otros hasta el día de hoy, con muy pocas noticias debido a la falta de comunicación y la poca precisión de la misma, debido justamente a la caída de los sistemas telefónicos e Internet; pero en general el ambiente era de una tensa calma en nuestros corazones.

Personalmente, puedo decir que la mañana del sábado en la capital moscovita, comenzó para mi mucho antes de lo presupuestado. Una colega mexicana, me informaba a través de Skype: Francisco, despierta. ¡Terremoto en Chile!

Más allá de pensar en una broma y conociendo las características telúricas de mi país, me volqué rápidamente a los periódicos electrónicos de Santiago… lamentablemente sin resultados. Me entero por intermedio de RT en español, la hora, la magnitud y ciudades afectadas por el movimiento sísmico. Inmediatamente acudo al teléfono, a eso de las 11:30 de la mañana de Moscú, 05 de la madrugada en Santiago. Gracias a Dios, tuve la suerte de comunicarme con mis familiares más cercanos y saber de su propia boca que se encontraban, con muchísimo pánico e incertidumbre, pero sin desgracias físicas ni materiales. La señal era poca clara y con mucho ruido, como los radios de onda corta que no pueden sintonizar una estación. Después sólo vino la caída de la señal, que por lo demás es normal en este tipo de contingencias y, hasta la publicación de este artículo especial, aun sigo sin poder establecer comunicación. Estoy conectado a tantas redes sociales como puedo; Skype, msn, ICQ, Facebook, gmail, entre otros medios y hasta el momento he podido establecer comunicación con dos amigas en Santiago. Sabiendo que están con bien, transcribo parte de su testimonio de la tragedia.

…-“cuando volvía de regreso a Santiago, vi caminos quebrados a la mitad, cerros y lomas colapsadas; el caos por doquier”, -me relata Cynthia Céspedes, aun con la angustia y el terror del violento sismo que la despertó de improviso.

“Me encontraba disfrutando de mis vacaciones en la localidad de Maitencillo junto a mi hija y una amiga. Nuestra casa se encuentra a escasos dos minutos del mar. Cuando comenzó, tomé a mi hija y nos pusimos bajo el pórtico de acceso a la casa. Luego, el movimiento se hizo tan intenso que a duras penas lograba mantenerme en pie. En las casas aledañas, podiamos escuchar los gritos de mujeres y niños; la rotura de cristalería y vidrios de ventanales. Las alarmas de los coches se dispararon sin control. Llegamos hasta el estacionamiento del condominio y al pasar cerca de la piscina vi que el agua literalmente saltaba de un lado a otro. Fue cuando voltee a ver el mar. La Luna en ese momento completamente llena bañaba de plata el agua… que comenzó a retroceder. Fue cuando el pánico se apodero de mi. Sin embargo era de noche y no podía salir corriendo ya que era igual de peligroso. Gracias a Dios no sucedió nada con el océano. Esperamos por las primeras luces del alba y entre replicas constantes, cargué las cosas en el carro y salimos huyendo hacia Santiago. De camino a la capital vi puentes en el suelo y destrozados, pavimento y caminos quebrados a la mitad con serios desniveles, lo que hacía la conducción más que peligrosa; desvíos, casas colapsadas… Cuando llegué por fin a la capital, me di cuenta que el pandemonio estaba generalizado. Los supermercados estaban cerrados, las gasolineras se encontraban atestadas de personas. Comprendí que no podía comprar lo básico. ¡Un caos Dios mío, un caos!” –relata Cynthia con amargura.

A medida que pasaban las horas, tristemente me iba enterando por intermedio de radio corporación y su señal online, la magnitud de la catástrofe. Fue inevitable comenzar a sentir una especie de cansancio, una desolación y una especie como de suave sopor en mi espíritu. Internet se ha llenado de solidaridad. Muchas personas a lo largo y ancho del planeta han expresado a través de las redes sociales y medios noticiosos y virtuales como RT en español, su solidaridad con nuestro país. Los artistas chilenos están preparando una Teletón para este viernes a las 22 hrs. Conocida a nivel mundial es la “otra Teletón” que cada año recauda fondos para los niños minusválidos de Chile. En esta oportunidad Chile, nuestro país es el damnificado… por supuesto, estaré online y tratando de hacer contacto telefónico.

Si existe algo que nos caracteriza realmente como chilenos es la fuerza; la capacidad de levantarnos en medio de todo nuestro dolor, aun cuando las lágrimas y la amargura nos hagan mella el alma, pero nunca el espíritu. Y derivado de esta virtud, tenemos la  capacidad de unirnos como un solo hombre en las horas de más dolor. No importa su color político, la clase social, el nivel cultural ni nada… simplemente no podemos ver a nuestro pueblo sufriendo. Así como me he emocionado hasta las lágrimas al leer noticias tales como la del Almacenero de Dichato. A pesar de que he vivido estas experiencias, el relato de mi gran amiga Patricia Peraud de la comuna de Las Condes en Santiago habla por si solo.

…-“con relajo y tranquilidad, sentada ante mi computador, trabajaba en mi departamento, que se encuentra en el piso décimo, cuando tuve una extraña sensación en mi interior. Al segundo siguiente y de manera inexplicable el modem deja de funcionar. Al segundo siguiente se va la energía eléctrica y… fue entonces que el movimiento comenzó con toda su fuerza.

Las habitaciones se cimbraban con violencia mientras libros, loza, cristalería, y todo lo que había en las habitaciones se desplomaba con furia contra el piso. Desde el primer instante supe que se trataba de un terremoto. No podía caminar; sencillamente no podía. Mi instinto me decía que tenía que llegar al lado de mis hijos que en ese momento dormían en el segundo nivel. A gatas y golpeándome contra paredes y muebles por el fuerte movimiento. Mamá: ¡Es un terremoto!, -gritaban mis hijos y yo tragándome el pánico que me consumía, les gritaba que ya iba a pasar; ¡tranquilos! Sin embargo logré obtener la calma suficiente para guiarlos a la salida. Desde afuera, los vecinos nos gritaban que bajáramos lo antes posible por las escaleras. Fueron los dos minutos más largos de mi vida. Cuando el movimiento seso, yo y mis hijos aun en estado de Shock y con lo poco que teníamos puesto salimos al exterior. Mientras descendíamos con horror veíamos los daños estructurales del edificio; vidrios rotos, grietas en muros, gente corriendo y gritando descontrolada. A los pocos minutos y “relativamente a salvo”, comenzaron las replicas, quizá tan extremas como el seísmo principal. Sin embargo, teníamos que volver a nuestro hogar. El cansancio, la tensión y la incertidumbre habían agotado nuestros cuerpos y necesitábamos algo de sueño, así que volvimos a subir… si, al décimo piso, sin luz, sin agua, los teléfonos e Internet muertos y con los temblores, ya más “suaves”. La angustia de no saber cuándo o en qué momento se vendrá el siguiente movimiento es el peor de los stress. Aun así, logramos dormir un par de horas…” – comenta Patricia con cansancio en su corazón.

Un par de días después, se registra un segundo terremoto de magnitud 6.8 en la escala de richter. El país estaba completamente paralizado. Después nos enteramos de otra catástrofe consecuencia de la primera, que no de uno sino tres Tsunamis arrasaban con poblados del centro y sur del país. Y no olvidemos que esta fuerte sacudida ha desplazado un poco más el eje de la tierra.

A medida que Cynthia y Patricia me relataban en tiempo real sus experiencias, las replicas se sucedían una tras otra. Sólo Dios sabe realmente lo que sintieron y están enfrentando en estos momentos, tanto física y espiritualmente, al igual que de millones de compatriotas. Mi admiración y reconocimiento a la distancia.

Lo que están viviendo mis coterráneos no es ni la décima parte de lo que vemos por la televisión e Internet. En necesario vivirlo para entenderlo. Ahora que estoy en el extranjero, por primera vez vivo un terremoto en mi tierra a través de Internet y créanme que me hubiese gustado estar allí con ustedes. Estoy igual que todo el resto del mundo: con una tristeza infinita por lo acaecido, impotente, sin comunicación ni demasiadas noticias. Sin embargo estoy orgulloso de mi pueblo y de ser chileno, porque mis compatriotas en Santiago saben y sabrán cómo salir de este momento tan amargo, reconstruir y ser nuevamente la nación orgullosa que somos, ahora…, ad portas del cumpleaños número 200 de la nación. Reciban mi admiración y cuenten con mi columna para ser su voz. Desde Moscú y para todo mi pueblo… ¡Viva Chile, mierda!

Foto: AP
Ubicación: Pullehue.
 



Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de RT.

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