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El nuevo sistema político mexicano: de la alternancia a la transición democrática

Publicado: 6 sep 2018 16:28 GMT

Durante el siglo XX México fue un lugar de estudio privilegiado para historiadores, sociólogos y politólogos. La revolución mexicana fue el primer gran acontecimiento social del siglo, adelantándose a la revolución rusa y al movimiento secularista y nacionalista de Kemal Ataturk en Turquía. La Constitución de 1917 fue la primera en el mundo en consagrar una gran cantidad de derechos laborales y sociales en su texto, aunque casi siempre fueron letra muerta. El Partido Revolucionario Institucional (PRI) estuvo en el poder por casi 70 años de forma ininterrumpida y su sistema presidencialista, ese que consagraba a un pequeño rey cuya omnipotencia duraba seis años, era estudiado lo mismo por intelectuales como Daniel Cosío Villegas que estaba presente en las aulas francesas, estadounidenses o latinoamericanas. México y su "dictadura perfecta" fueron un caso digno de estudio por mucho tiempo.

La alternancia de 2000 fue un cambio de emblemas y siglas de los partidos pero la estructura de la política económica permaneció intacta al igual que muchas de las reglas del juego. Alguno de los cambios que llegaron fue la mayor autonomía de los gobernadores y la relevancia que adquirió el poder judicial y las sentencias de sus magistrados. Sin embargo, pocos cambios hubo en los trabajos legislativos y en el sistema de partidos, lo que permitió un pronto regreso del PRI a la titularidad del Ejecutivo. Habían dejado la presidencia pero nunca abandonaron el poder en la realidad.

Javier Buenrostro, historiador por la Universidad Nacional Autónoma de México y McGill University.
"Seguramente lo que veremos es un declive constante en los porcentajes de votación del PRI hasta que pierda el registro, lo que bien se podría dar en la siguiente década. Ese será el emblemático funeral del Antiguo Régimen". Javier Buenrostro, historiador por la Universidad Nacional Autónoma de México y McGill University.

En 2018 la victoria deLópez Obrador ha sido tan abrumadora que la pregunta es qué tanto habrá de transformarse el sistema político mexicano. Hay que recordar que de 32 estados, AMLO triunfó en 31 de ellos. En 19 Congresos estatales la mayoría la tiene el Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), por lo que no sería difícil introducir cambios constitucionales ya que también el partido de centro-izquierda cuenta con mayoría en las Cámaras de Diputados y Senadores. Todavía sin tomar el poder, las primeras acciones que ha realizado López Obrador le han significado un aumento en sus índices de popularidad y aprobación por la ciudadanía. Nada en el horizonte cercano hace parecer que el fuerte presidencialismo que caracteriza a la política mexicana vaya a desaparecer o siquiera a disminuir.

Los resultados de los partidos políticos

Sin embargo, si hay otros elementos que pueden cambiar en el corto plazo y será dentro del sistema de partidos. El otrora todopoderoso PRI quedó reducido a una mínima expresión con 16.40% de los sufragios solamente. No ganó ninguna gubernatura, perdió poco más del 75% de los asientos legislativos que tenía en ambas cámaras y, algo muy sintomático del rechazo de la ciudadanía, es que no ganó ninguno, ni uno solo de los 300 distritos en los que se divide la geografía electoral mexicana. Para un instituto político acostumbrado a vivir del poder y de los recursos de este para comprar votos y hacer fraudes, el panorama pinta muy negro. Seguramente lo que veremos es un declive constante en sus porcentajes de votación hasta que pierda el registro, lo que bien se podría dar en la siguiente década. Ese será el emblemático funeral del Antiguo Régimen.

Vista general del Senado. Ciudad de México, 17 de diciembre de 2017. / Ginnette Riquelme / Reuters

Las elecciones también arrojaron la pérdida del registro de dos partidos pequeños. Pero todavía quedan siete. De estos, tres o quizás cuatro perderán el registro en alguno de los siguientes procesos electorales ya que se vislumbran incapaces de mantener el 3% de las votaciones nacionales. Las candidaturas independientes también fueron un fracaso electoral debido a que se vieron carentes de propuestas y cuya única consigna era "ciudadanizar la política". El ahora ya viejo eslogan de la crisis de partidos políticos (Estados Unidos, Francia, Latinoamérica) resultó ser más bien la crisis concreta de algunos políticos. MORENA, al contar con la figura de López Obrador que concitaba mucha confianza y esperanza, provocó un tsunami que hizo naufragar candidaturas independientes que parecía eran exitosas como las de Manuel Clouthier o Pedro Kumamoto. La figura política del "independiente" careció de fuerza y credibilidad y su futuro es muy incierto.

Así, los años por venir pueden tener en la boleta electoral a tres o cuatro partidos solamente que representen a dos grandes polos: la centro-izquierda (MORENA) actualmente en el poder y con más de 64% de aprobación y una derecha (PAN) que no alcanzó ni el 23% de los sufragios, además de vivir una lucha interna entre sus liderazgos. La disminución de partidos políticos en un país en el que el presupuesto estatal es el que los sostiene se agradece por el ahorro monetario que puede llevar este proceso y porque varias de esos institutos políticos funcionan más como empresas familiares o agencias de colocación que como órganos de representatividad ciudadana.

El papel del poder judicial

Pero quizá, el mayor pendiente dentro del sistema político mexicano sea el papel del poder judicial. Es en el sistema de justicia donde se enquistan varias de las prácticas más lacerantes del poder político: salarios exorbitantes, nepotismo, y corrupción que se traduce en impunidad delincuencial. De igual manera, como hemos visto en los últimos años en Latinoamérica, la autonomía que debe tener el poder judicial se ha pervertido para judicializar la política y atentar contra las democracias. Ahí están los casos de Argentina, Brasil y Ecuador por poner algunos ejemplos.

Javier Buenrostro, historiador por la Universidad Nacional Autónoma de México y McGill University.
"Hay muchos elementos políticos del Antiguo Régimen todavía funcionando que deben quedar atrás o transformarse, aunque seguramente esto será más lento de lo de que muchos quisiéramos". Javier Buenrostro, historiador por la Universidad Nacional Autónoma de México y McGill University.

La autonomía es un derecho y obligación del poder judicial pero no debe ser un cheque en blanco para no rendir cuentas o para gozar de impunidad en los casos donde los jueces se corrompen o actúan sesgadamente. No olvidemos que por la naturaleza misma de quienes los conforman, el poder judicial suele ser la parte del Estado más reacia al cambio. Por ejemplo, será interesante ver si en México los jueces acatarán ganar menos que el presidente o si se irán por argucias legales para esquivar mandatos constitucionales y mantener sus salarios de burocracia dorada. Ese será posiblemente el primer round aunque vendrán muchos otros, dado que los miembros de la Suprema Corte han sido elegidos por gobiernos anteriores y la mayoría goza de perfiles conservadores.

El sistema político mexicano habrá de cambiar pero no será inmediatamente. Los primeros saldos están en el sistema de partidos con la desaparición de varios y principalmente con el desmoronamiento del PRI, algo que no sucedió con la alternancia de 2000. Por eso hay que distinguir entre alternancia y transición democrática. Ya vivimos una alternancia. Estamos a punto de vivir una verdadera transición democrática. No obstante, hay muchos elementos políticos del Antiguo Régimen todavía funcionando que deben quedar atrás o transformarse, aunque seguramente esto será más lento de lo de que muchos quisiéramos.

@BuenrostrJavier

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