Opinión

Las claves del nuevo presupuesto en México: la apuesta para construir democracia y un estado de bienestar

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El pasado miércoles, el presidente Andrés Manuel López Obrador anunció más ajustes presupuestales para enfrentar la pandemia del coronovirus y para que la recesión económica que todo el mundo experimentará no se convierta en una tragedia social. Destacados analistas señalan que el programa de López Obrador coincide con los cuatro puntos recomendados por el economista Jason Furman de Harvard para enfrentar esta crisis: apoyo al sector salud; asistencia dirigida a través de programas sociales; pagos en efectivo a familias; y asistencia a negocios, evitando costosos rescates financieros como el rescate bancario de 1994 (Fobaproa), que resultó ser el mayor fraude en la historia de México y que habremos de pagar hasta 2070.

La crisis sanitaria alcanzará el pico de contagio en las próximas dos semanas y la economía ha empezado a sufrir. Aunque la recaudación en México durante este año ha aumentado casi un 15 % en lo que va del año (a diferencia de Argentina donde cayó casi un 30%), y se aumentó notoriamente el consumo en alimentos y bebidas, ya están los primeros damnificados de la crisis económica: trabajadores ligados al turismo (una de las principales fuentes de ingreso en México) y el comercio informal. Después vinieron más de 300.000 trabajadores formales que perdieron su empleo en estas semanas, cifra que puede ser del doble a fin de este mes.

Por eso es que López Obrador dio otro apretón de tuercas con el decreto donde propuso una reorganización del presupuesto y la burocracia, en aras de un fortalecimiento de áreas prioritarias como la salud y los programas sociales. Enumeró por enésima ocasión los 38 programas prioritarios del gobierno que están relacionados casi todos con salud, educación, bienestar social y al empleo, a través del impulso de obras de infraestructura y la soberanía energética. Mandó una iniciativa a la Cámara de Diputados para poder realizar los ajustes al presupuesto y que los recursos de estos programas pueden ser garantizados y ampliados en algunos casos, como el de las transferencias directas o los microcréditos. Los esfuerzos del Estado se concentrarán en esto.

Javier Buenrostro, historiador por la Universidad Nacional Autónoma de México y McGill University.
Javier Buenrostro, historiador por la Universidad Nacional Autónoma de México y McGill University.
López Obrador dio otro apretón de tuercas con el decreto donde propuso una reorganización del presupuesto y la burocracia, en aras de un fortalecimiento de áreas prioritarias como la salud y los programas sociales.

Pero el anuncio no estuvo exento de polémica, incluso al interior del gobierno porque profundizó sus políticas de austeridad. Propuso una reducción del 10 al 25 % en los salarios de mandos medios y altos de los servidores públicos, así como la desaparición de 10 subsecretarías, aunque en contraparte aseguró que el gobierno no despediría a ningún trabajador en esta época de crisis, que las plazas quedarían congeladas.

Algunas de las críticas se centraron en que esta austeridad asfixia al Estado y le quita atribuciones para ser eficiente. Se le cuestionó cómo es que un gobierno de izquierda aplica recetas neoliberales como la reducción del aparato estatal. Bueno, los más maniqueos hablaron hasta que era un émulo de Margart Thatcher, reflejando ya sea su mala fe o su profunda ignorancia.

Es de entender que cualquier concepto suele tener varios significados, son polisémicos. En últimas fechas, es normal que cuando se habla de reducción del Estado se piense en el neoliberalismo y cuando se mencionan políticas de austeridad, tengamos en mente las políticas fiscales y la reducción del gasto público que ocurrieron en Europa después de la crisis financiera de 2008-2009, que trajo mayor desigualdad a ese continente.

Pero López Obrador nunca ha utilizado la acepción en este sentido. Lo ha hecho siempre refiriéndose a algo más añejo y limitado, no solo a lo nacional sino incluso en un sentido personal pero ampliamente conocido en México. Siendo estudiante universitario, López Obrador conoció al poeta Carlos Pellicer y también originario de Tabasco, con quien colaboró durante su campaña al Senado en 1976. El profundo catolicismo de Pellicer siempre estuvo marcado por un espíritu franciscano de austeridad. Un botón de muestra de esto es que cuando en su faceta de museógrafo le fue encargado la realización del Museo de La Venta (referente posterior para el Museo de Antropología de la Ciudad de México) a principios de los años cincuenta, Pellicer dormía en el vano de una escalera dentro del museo.

El inmenso compromiso con el servicio público que demostraba Pellicer marcó a un muy joven López Obrador que tomó del poeta la austeridad como una forma de vida en lo privado y como parte de una ética en lo público. Es también de Pellicer de quien López Obrador aprende el compromiso social que debe tener quien trabaje en el gobierno, razón la cual siempre ha hecho la diferencia entre el alto funcionario y el servidor público. El funcionario tiene un empleo, el servidor público cumple con una vocación. El alto funcionario suele percibirse a sí mismo como una élite buscando lo mejor para su carrera profesional, mientras que el servidor público lo que tiene es un cúmulo de responsabilidades con la sociedad a la que le debe rendir cuentas.

Javier Buenrostro, historiador por la Universidad Nacional Autónoma de México y McGill University.
Javier Buenrostro, historiador por la Universidad Nacional Autónoma de México y McGill University.
López Obrador considera que la reducción de sueldos es parte del compromiso del servicio público. Si solo se piensa en el salario, lo ha dicho muchas veces, las puertas de su gobierno están abiertas a que los funcionarios se marchen a la iniciativa privada.

Por eso, López Obrador considera que la reducción de sueldos es parte del compromiso del servicio público. Si solo se piensa en el salario, lo ha dicho muchas veces, las puertas de su gobierno están abiertas a que los funcionarios se marchen a la iniciativa privada. Si no lo hace, ese trabajador esta adquiriendo un compromiso implícito de servicio público, ya como vocación. Y en términos pragmáticos es tiempo que por primera vez el que se apriete el cinturón sea el gobierno y no el ciudadano, el pueblo raso.

Pero la reducción de salarios no fue la única crítica fuerte. También lo fue el que se haya propuesto la desaparición de diez subsecretarías. Convenientemente se omite que nadie será despedido sino que serán reasignados a otras labores, lo cual es perfectamente lógico, considerando el nuevo diseño institucional. Por otra parte, es una falacia, por ignorancia o mala fe, la comparación con las políticas neoliberales o thatcherianas. La reducción del gasto de estos tipos de gobiernos eran en áreas relacionadas con el Estado de Bienestar. El gobierno de López Obrador se propone exactamente lo contrario, que es robustecer y ampliar la inversión en ellas.

Aquí está la clave de todo. El Estado no se achica, se reorienta para fortalecer el Estado de Bienestar, una tarea pendiente desde hace 70 años en México, pero que en las últimas tres décadas se recrudeció al promoverse su desmantelamiento. Es la construcción de un Estado de Bienestar el compromiso y tarea que lleva a cabo este gobierno. ¿Thatcheriano o neoliberal eso? Para nada, es justamente lo contrario.

Javier Buenrostro, historiador por la Universidad Nacional Autónoma de México y McGill University.
Javier Buenrostro, historiador por la Universidad Nacional Autónoma de México y McGill University.
Aquí está la clave de todo. El Estado no se achica, se reorienta para fortalecer el Estado de Bienestar, una tarea pendiente desde hace 70 años en México, pero que en las últimas tres décadas se recrudeció al promoverse su desmantelamiento.

La otra crítica es que estas medidas serán insuficientes. Y sí, claro que lo serán. ¿Pero quien ha dicho que son las únicas o las últimas? El gobierno no lo ha hecho. Al contrario. Ha dejado ver que se implementarán más medidas conforme a la realidad se vaya develando. Apenas estamos por vivir lo peor de la crisis sanitaria y económica. Sabemos que hay una fecha probable para el levantamiento de la cuarentena pero como en otras partes del mundo, lo más probable es que se pueda extender más tiempo. De la misma forma, hay cuestiones en la economía que apenas están desarrollándose, aunque tenemos una clara imagen de quienes serán los más afectados.

Es para este sector que López Obrador está trabajando y reorientando todo el gasto público. Está poniendo al Estado al servicio de los más vulnerables y no al de las élites, como era en el pasado. Lo hace incrementando el gasto en salud, derechos sociales, educación y subsidios directos. En los cálculos del gobierno, 70 % de la gente tendrá algún tipo de ayuda. Por primera vez se construirá un presupuesto de abajo hacia arriba teniendo como prioridad a los pobres. Lástima que sea en tiempos de crisis y aunque 70 % no es la totalidad de los mexicanos, sí constituyen la mayoría con más necesidades económicas. Y las mayorías son los que construyen las verdades democracias.

En México se está construyendo una democracia, ya no solo electoral, sino a partir del diseño del gasto público. Alguna vez le escuché decir a alguien "no hay nada más revolucionario que el presupuesto". Y López Obrador lo está demostrando, dirigiendo todo a la creación de un Estado de Bienestar que debe ser la verdadera consolidación de una democracia real.

Es una apuesta muy alta. Pero a tiempos desesperados, medidas desesperadas. Y lo hace conservando las principios que lo llevaron a la presidencia después de años de lucha: combate a la corrupción y a la impunidad, y plasmar en el presupuesto y gasto público que, por el bien de todos, primero los pobres.

@BuenrostrJavier

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de RT.