Opinión

Endeudamiento y coronavirus: el dilema de México ante el panorama económico

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La crisis sanitaria provocada por el coronavirus ha ido de la mano de la recesión económica más grande desde la Segunda Guerra Mundial y, en el caso de Estados Unidos, desde la Gran Depresión de 1929. Esta crisis ha sido denominada por los economistas como el "Gran Cierre" (The Great Lockdown) debido a que las fronteras de muchos países tuvieron que suspender la recepción de mercancías y personas. Algo similar ocurrió con los mercados internos, donde muchísimos negocios locales han tenido que permanecer cerrados.

A principios de mayo comenzó la reactivación de actividades en España, Italia y Francia. En el caso de México, se ha previsto una reapertura gradual, determinada por un semáforo que indicará qué actividades se permiten, de acuerdo al color vigente y acordado regionalmente. Estas cuestiones ayudan a controlar la pandemia pero están afectando severamente las finanzas nacionales, y lo más grave es que se vive una crisis de empleo que impacta directa y profundamente a las economías familiares, especialmente a las de menores ingresos.

Todo esto hace que la discusión haya girado en torno a cuál camino recorrer para que la recuperación económica sea más expedita. Existen distintos escenarios para esa recuperación y se especulan si esta se dará en forma de L, U, V o W. Otra cuestión que lleva a debate es la forma en que se debe promover esa recuperación: si con deuda pública o privada, si con subsidios y transferencias directas a los más necesitados o con créditos fiscales a las grandes empresas, con un fortalecimiento de la industria nacional, dado que el turismo no volverá a ser el de antes en el corto plazo, etc.

En el caso mexicano, hay un fuerte debate en torno a la conveniencia del Estado por tomar deuda, principalmente de los organismos internacionales, cuyas líneas de crédito son una vía para que el dólar no se hunda estrepitosamente en esta crisis. Mientras que los empresarios claman porque el Estado contraiga más deuda y los rescate, como ha ocurrido en el pasado, el presidente López Obrador se ha negado enfáticamente, debido a que una de sus principales banderas siempre ha sido impedir que la deuda pública siga creciendo como en el pasado.

Javier Buenrostro, historiador por la Universidad Nacional Autónoma de México y McGill University.
Javier Buenrostro, historiador por la Universidad Nacional Autónoma de México y McGill University.
Mientras que los empresarios claman porque el Estado contraiga más deuda y los rescate, como ha ocurrido en el pasado, el presidente López Obrador se ha negado enfáticamente, debido a que una de sus principales banderas siempre ha sido impedir que la deuda pública siga creciendo como en el pasado.

¿Por qué esa reticencia (necedad, dicen los opositores) a tomar deuda? Bueno, primero por la propia historia económica mexicana, que enseña que esta ha sido un detonante para acciones fraudulentas que hacen millonarios a privados con recursos públicos. El rescate bancario de 1995, conocido como Fobaproa, permitió que las deudas privadas de unos cuantos se convirtieron en una deuda pública casi diez veces mayor al monto original, que no podrá ser cubierta antes de 2070.

Este es el problema de la adquisición de deuda en realidad: el pago de intereses. Una persona común y corriente, cuando usa su tarjeta crédito con singular alegría, suele ser consciente del monto de capital que debe pero pasa por alto los intereses que genera, y que es lo que suele complicar tanto los pagos y compromete su disponibilidad financiera en el futuro. Eso mismo ha pasado con México y muchos países, a pesar de contar con economistas aparentemente capaces.

Por ejemplo, el pago de intereses por el Fobaproa es de más del 70 % de la deuda pública, por lo que en 2019 se destinaron alrededor de 25.000 millones de dólares, solo para cumplir con esta obligación. Son 25.000 millones de dólares por intereses anuales que gana la banca privada, por un préstamo que se hizo para rescatarlos precisamente a ellos y a grandes empresarios amigos suyos. Suena paradójico, por decir lo menos, pero siendo claros: esel cinismo de la corrupción gubernamental y empresarial que pavimentó el más grande fraude en la historia de México. Todo legal, por cierto.

Después del fraude electoral de 2006, llevado a cabo por la derecha con la ayuda de las autoridades e instituciones "autónomas" del foxismo, Felipe Calderón emprendió una "Guerra contra las drogas", como manera de legitimarse ante el pueblo de México. Esta tarea se la dejó a su mano derecha en los temas de seguridad, Genaro García Luna, que el día de hoy está preso en Estados Unidos por sus vínculos con el Cartel de Sinaloa, convirtiéndose en el primer exsecretario mexicano a nivel federal procesado por narcotráfico. Para financiar a García Luna y la "Guerra contra los drogas", Calderón recurrió a un mayor deuda pública que, de 2007 a 2016, creció del 28,8 a 48,7 % del PIB, lo que significa un aumento de casi 70 % en una década.

Hoy en día, debido a la crisis económica y aun sin pedir más dinero, ya ha habido un aumento de la deuda en proporción al PIB por la fuerte contracción que tendrá este en 2020 y la depreciación del peso, que ya se ubica alrededor del 52 % del PIB. Algunos afirman que es un nivel de deuda manejable y que puede ampliarse, poniendo como ejemplo a algunos países europeos o a Japón que tiene una deuda del 200% del PIB. Olvidan de manera conveniente que, a diferencia de estas economías que utilizan endeudamiento como financiamiento para la reactivación económica, las tasas de interés aplicables a México se encuentran entre las más altas a nivel internacional, ocasionando un mayor costo financiero. Por ejemplo, Japón tiene mayor deuda pero también tiene tasas de interés negativas.

Javier Buenrostro, historiador por la Universidad Nacional Autónoma de México y McGill University.
Javier Buenrostro, historiador por la Universidad Nacional Autónoma de México y McGill University.
Algunos afirman que México tiene un nivel de deuda manejable y que puede ampliarse, poniendo como ejemplo a algunos países europeos o a Japón, que tiene una deuda del 200 % del PIB. Olvidan de manera conveniente que las tasas de interés aplicables a México se encuentran entre las más altas a nivel internacional, lo que ocasiona un mayor costo financiero.

El costo financiero de la deuda en México es más de lo que se le destina a Pemex o a la Comisión Federal de Electricidad. Es dos veces el presupuesto de la Secretaría de Educación Pública y cuatro veces lo destinado a los programas sociales. Y casi todo se va al pago de intereses, por lo que la deuda permanece casi intacta.

Es la deuda de los gobiernos anteriores lo que mantiene a este gobierno atado de pies y manos para ejercer un mayor gasto social. Para evitar que el endeudamiento del gobierno mexicano y la problemática que viene de la mano de este siga creciendo como una bola de nieve, hay dos elementos claves a corto y mediano plazo. Uno es aumentar la recaudación tributaria y el otro es la reducción de las tasas de interés.

La recaudación de México es históricamente de las más bajas del continente, con solo 16% del PIB, mientras que en la actualidad el promedio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), a la que pertenece México, es del 34 %. Ya en 1960, el "Informe Kaldor" criticaba la mala recaudación que había en México, algo que no cambió en estos sesenta años. Pero el gobierno de López Obrador ha modificado esta inercia e incluso invertido la tendencia mundial en esta crisis.

Javier Buenrostro, historiador por la Universidad Nacional Autónoma de México y McGill University.
Javier Buenrostro, historiador por la Universidad Nacional Autónoma de México y McGill University.
en 1960, el "Informe Kaldor" criticaba la mala recaudación que había en México, algo que no cambió en estos sesenta años. Pero el gobierno de López Obrador ha modificado esta inercia e incluso invertido la tendencia mundial en esta crisis.

En los primeros cinco meses del año, la recaudación aumentó, con todo y crisis, en un 5%, en contraste con Argentina, que cayó alrededor de un 30%, o España, que tuvo una contracción del 70%. Esta mayor recaudación tiene especial mérito porque se ha hecho sin aumentar un solo impuesto, algo que también fue una promesa de campaña de López Obrador, al menos para los primeros tres años de su gobierno. Una proyección de lo hecho hasta ahora indica que sin una crisis económica presente, la recaudación en México pudiera aumentarse entre un 20 y 25 % anual continuando por la misma ruta, sin necesidad de implementar nuevos impuestos. Con una reforma fiscal en la segunda mitad de su sexenio se podría llegar quizás hasta el doble.

Por otra parte, la reducción de las tasas de interés es responsabilidad del Banco de México, un organismo autónomo del poder ejecutivo que a lo largo del año ha recortado cuatro veces la Tasa de Interés Interbancaria de Equilibrio (TIIE) para ubicarse en la actualidad en un 5,5 %. Estas medidas son positivas pero insuficientes. El Banco de México ha estado actuando muy timoratamente o quizás protegiendo los intereses de la banca privada, porque la tasa de interés se podría colocar perfectamente en 4 o 3,5 %, de acuerdo al resto de los indicadores de la economía. Esta postura tardada y temerosa del Banco de México (probablemente solo llegue a 4,5 en un futuro cercano) está ralentizando y encareciendo la reactivación económica, por lo que una postura más decidida ayudaría mucho al grueso de los mexicanos y no solo a la banca privada.

El gobierno de López Obrador hace bien en evitar adquirir deuda que solo ataría más el futuro de México. Hay que recordar el teorema de equivalencia ricardiana, que afirma que la deuda de hoy son los impuestos de mañana. Esto además conlleva una mayor presión de gasto, por lo que hay que evitar un mayor endeudamiento hasta donde sea posible, aunque tal vez pudiera ser inevitable.

@BuenrostrJavier

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de RT.

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