Opinión

Morir en el paraíso terrenal: la cruel realidad que arroja el asesinato de Victoria Salazar en México

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Hace unos días, Victoria Salazar, una mujer salvadoreña de 36 años, fue detenida y asesinada por policías que intentaban detenerla en Tulum, zona turística muy cercana a Cancún, uno de los destinos de playa más visitados por turistas nacionales y extranjeros en México. Las imágenes de la violencia policiaca contra Victoria Salazar durante su detención son muy similares a las de George Floyd en Estados Unidos. En ambos casos, las rodillas de los policías les oprimieron la caja torácica y el cuello con tal fuerza que les provocaron paros respiratorios.

El caso de George Floyd en Estados Unidos desató masivas protestas y acusaciones sobre la brutalidad policiaca, especialmente contra la población afroamericana. Inmediatamente se convirtió en un capítulo importante del movimiento Black Lives Matter y de los debates sobre el racismo y la discriminación que hay en la sociedad estadounidense.

En México, también el asesinato de Victoria Salazar ha puesto en el centro de la discusión el racismo y la xenofobia que hay en gran parte de la sociedad mexicana contra los migrantes centroamericanos que, en muchos casos, ante el fracaso por alcanzar el destino final, que es Estados Unidos, terminan por asentarse y vivir en México. Era el caso de Victoria, migrante salvadoreña que hace más de cinco años que salió de El Salvador con el propósito de llegar a Estados Unidos pero que ante la imposibilidad de hacerlo, se quedó a vivir en la periferia de Tulum.

A pesar del evidente racismo y xenofobia, en el caso de Victoria Salazar hay otro componente que lo diferencia del de George Floyd: la condición de mujer en México, que lleva años inmerso en una dinámica de feminicidios y violencia que tiene índices alarmantes desde las desapariciones y feminicidios de las mujeres trabajadoras en las maquiladoras de Ciudad Juárez a inicios de los 90s. De hecho, los colectivos feministas de Quintana Roo fueron los primeros en movilizarse y pedir justicia para Victoria. En estas manifestaciones en Tulum, las mujeres expusieron las violencias que las aquejan cotidianamente en la zona y señalaron contundentemente que "el paraíso huele a sangre" y que la desigualdad social y el desequilibrio urbano provocado por el boom inmobiliario que ha habido a lo largo de la Riviera Maya, también son responsables del asesinato de Victoria.

En Estados Unidos, el racismo y la violencia policiaca no son hechos aislados, sino que forman parte de un problema estructural, que tiene raíces en la Guerra Civil. Con la derrota de los estados confederados, la economía cuasi feudal del sur de Estados Unidos fue siendo relegada por el proceso de industrialización que imponía el norte. Y si bien la Guerra Civil acabó con la esclavitud como forma económica, la relación amo-esclavo se transformó en la afirmación de valores que pretenden sustentar la figura de autoridad de la gente blanca sobre los negros y que con el tiempo se ha extendido a los latinos o a los musulmanes. La violencia policiaca se vuelve una expresión constante de esa deriva autoritaria de los valores del supremacismo blanco.

Javier Buenrostro, historiador por la Universidad Nacional Autónoma de México y McGill University.
Javier Buenrostro, historiador por la Universidad Nacional Autónoma de México y McGill University.
El racismo y la discriminación por género son parte del precio de la desigualdad que hemos tenido que pagar para que haya una élite que tenga acceso a privilegios completamente inaccesibles para la gran mayoría de la población.

En México, el surgimiento del capitalismo tiene muchas lecturas romantizadas como un periodo de "progreso" que el país experimentó derivado de la implementación de un modelo económico que privilegiaba la industrialización y urbanización. Pero este "progreso" tiene otra cara de la moneda, un fenómeno de exclusión social y de fabricación masiva de una pobreza urbana que Luis Bueñuel plasmo excelsamente en 'Los olvidados' (1950). Buñuel, a contracorriente de su época, percibía y criticaba cómo las ciudades modernas "esconden tras sus magníficos edificios, hogares de miseria" que albergan a millones de personas que se vuelven productos desechables para el sistema económico, millones de olvidados.

En Tulum, Cancún, la Riviera Maya y casi cualquier destino turístico en el mundo, existen alteraciones no solo de la economía y de la ecología local, sino que el crecimiento exponencial demográfico y urbano crea a la par una marginalización y dislocación social igualmente exponencial. Son los nuevos olvidados, ya no producto del capitalismo industrial sino del neoliberalismo y de una capitalismo basado en una economía de servicios, donde la gran parte de la población está para poder ser utilizada y desechada por una élite económica. Los nuevos paraísos turísticos son el epitome perfecto de la desigualdad en tiempos del neoliberalismo.

En ese sentido, el asesinato de Victoria Salazar a manos de la violencia policiaca que no respeta protocolos y que refleja la deriva autoritaria del neoliberalismo tiene raíces comunes con el asesinato de George Floyd. El racismo y la discriminación por género son parte del precio de la desigualdad que hemos tenido que pagar para que haya una élite que tenga acceso a privilegios completamente inaccesibles para la gran mayoría de la población.

Javier Buenrostro, historiador por la Universidad Nacional Autónoma de México y McGill University.
Javier Buenrostro, historiador por la Universidad Nacional Autónoma de México y McGill University.
George Floyd y Victoria Salazar son víctimas de un mismo problema: la desigualdad creciente de una economía que nos está regresando a interacciones sociales de orden feudal o anterior a la Guerra Civil en Estados Unidos o del Porfiriato en México.

Vivimos en un modelo económico, como dice Joseph E. Stiglitz, "del 1%, por el 1%, para el 1%" que genera una desigualdad permanente de oportunidades. Esto dificulta los accesos a buena educación, atención médica e incluso a los derechos civiles o una ciudadanía plena. Imposibilitan casi por completo, el poder tener acceso a una buena calidad de vida. George Floyd y Victoria Salazar son víctimas de un mismo problema: la desigualdad creciente de una economía que nos está regresando a interacciones sociales de orden feudal o anterior a la Guerra Civil en Estados Unidos o del Porfiriato en México. No es de extrañar que el presidente López Obrador describe al neoliberalismo mexicano como una especie de neoporfirismo.

El capitalismo y el neoliberalismo reprodujeron espacialmente las jerarquías coloniales del centro-periferia. Mientras que el núcleo de una élite cuenta con todos los privilegios de la urbanización, los cinturones de miseria que gravitan a su alrededor están llenos de trabajadores precarizados y de olvidados sociales que no tienen accesos a nada, ni siquiera a justicia o a los más elementales derechos civiles y humanos. La disputa por el espacio y el derecho a la ciudad es el lugar donde se otorgará o negará en los próximos treinta años la ciudadanía plena y donde residirá el verdadero estándar para calificar si vivimos en una verdadera democracia o es solo una ilusión.

Es imprescindible analizar las relaciones de poder y dominación que se dan en torno al capitalismo releyendo a Henri Lefebvre, aunque con mayor perspectiva de género como la que ha introducido Anna Bofil. Los feminicidios en Ciudad Juárez en los noventa y el asesinato de Victoria Salazar en Tulum en el otro extremo del país treinta años después son crímenes que comparten una matriz económica, exclusiones sociales y territoriales y racismo y discriminación de género. Es un problema complejo que no se resolverá castigando la violencia policial o implementando mayores protocolos solamente.

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@BuenrostrJavier

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