Opinión

La Cumbre de las Américas: del liderazgo de López Obrador al fin de la hegemonía de EE.UU. y la OEA

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En estos días se está llevando a cabo la IX Cumbre de las Américas en Los Ángeles, California, en medio de la polémica por las exclusiones de Cuba, Nicaragua y Venezuela, así como de las ausencias de los presidentes de Bolivia y México y la presidenta de Honduras. 

Después de la pandemia, retomar los encuentros internacionales se ha vuelto una prioridad para muchos países, sobre todo si consideramos el interés de replantear la globalización que había de las cadenas productivas y de suministro para impulsar más los mercados regionales. Aunado a esto, el conflicto entre Rusia y Ucrania, con la consiguiente inflación en el sector energético y alimentario, puso de relieve la importancia geopolítica de las alianzas regionales.

Estados Unidos tenía una apuesta importante en los acuerdos que pudieran alcanzarse en esta reunión continental. Pero su planteamiento ha sido equivocado y sigue anclado en una política exterior añeja, de más de medio siglo, donde la guerra fría era la directriz imperante a nivel mundial y a escala local la principal premisa era tratar a Latinoamérica como su patio trasero.

Pero mucha agua ha pasado debajo del puente desde entonces. La unipolaridad que se produjo momentáneamente después de la caída del Muro de Berlín quedó atrás hace varios años con el ascenso imparable de China e India y la relevancia de otros actores en Asia como Irán, Rusia, Japón, Corea del Sur o Singapur.

También en Latinoamérica las cosas cambiaron con la llegada de los primeros gobiernos progresistas a principios del siglo XX. Néstor Kirchner (Argentina), Evo Morales (Bolivia), Lula (Brasil), Michelle Bachelet (Chile), Rafael Correa (Ecuador) y Pepe Mujica (Uruguay) buscaron enterrar el pasado de las dictaduras militares impuestas y/o colaborativas con la CIA y Estados Unidos, así como plantarle cara al voraz neoliberalismo que todavía gozaba de cierta aceptación en varios países occidentales.

Javier Buenrostro, historiador por la Universidad Nacional Autónoma de México y McGill University.
Javier Buenrostro, historiador por la Universidad Nacional Autónoma de México y McGill University.
López Obrador se ha ganado con sus acciones el liderazgo regional. Habló claro y fuerte: criticó el intervencionismo de EE.UU. en la política interior de los países latinoamericanos; defendió el derecho que tiene cada pueblo a ser libre y soberano; y manifestó que la relación debe ser entre iguales.

Hoy ya no es así. Y ante las horas bajas que vive Brasil económica y políticamente con Jair Bolsonaro, el Gobierno de México con López Obrador se ha ganado con acciones el liderazgo regional. De cara a la Cumbre de las Américas habló claro y fuerte: criticó el intervencionismo de Estados Unidos en la política interior de los países latinoamericanos; defendió el derecho que tiene cada pueblo a ser libre y soberano; y manifestó que la relación debe ser entre iguales y no condicionada a la voluntad de una sola de las partes. Y remató diciendo que en caso de haber exclusiones el no asistiría a la Cumbre de las Américas.

Fue un balde de agua fría para Estados Unidos, que vio cómo la reunión que organizaba en su propio territorio perdía fuerza y empuje. Joe Biden se mantuvo en silencio por algunos días ante la sorpresiva decisión de México de no asistir, haciendo un balance de las posibilidades. Por un momento, pareció que accedería a algo con Cuba, pero la presión que internamente recibió de Miami y de la ultraderecha lo hicieron claudicar de esta posibilidad.

Pero la firme y frontal posición de México también influyó para modificar la agenda de la Cumbre. Para empezar, Estados Unidos flexibilizó varias de sus posturas respecto al bloqueo que ejerce contra Cuba. No invitó al venezolano Juan Guaidó a la Cumbre de las Américas y en cambio ha reanudado sus relaciones comerciales en el sector energético con el Gobierno de Maduro. Y, también, aumentó considerablemente la cooperación destinada a Centroamérica.

Javier Buenrostro, historiador por la Universidad Nacional Autónoma de México y McGill University.
Javier Buenrostro, historiador por la Universidad Nacional Autónoma de México y McGill University.
La unilateralidad y soberbia con la que EE.UU. tomaba las decisiones continentales debe quedar sepultada. La realidad del siglo XXI es otra. El fin de la hegemonía es un hecho en un mundo multipolar y el fin de la OEA deberá de ser el primer paso en este nuevo camino.

Por su parte, López Obrador reforzó sus dichos. Señaló abiertamente a los senadores republicanos Ted Cruz y Marco Rubio por sus relaciones con la Asociación Nacional del Rifle y empresas ligadas al comercio de armas culpables de las cada vez más frecuentes matanzas en escuelas de Estados Unidos. Reprochó el bloqueo a Cuba y lo calificó como un tipo de genocidio. Y mantuvo una defensa vehemente de la soberanía de todos los pueblos latinoamericanos y la crítica a las políticas injerencistas.

Todo ello son signos del fin de la hegemonía estadounidense en la región. Pero el último clavo en el ataúd de estas políticas de la guerra fría la puso el representante que México envío a la Cumbre de las Américas ante la ausencia de López Obrador. El canciller Marcelo Ebrard fue contundente y afirmó que era un error estratégico mantener las exclusiones de países latinoamericanos y que el bloqueo a Cuba contraviene el derecho internacional. Evidenció que la Cumbre estaba completamente estancada en exactamente las mismas posturas de hace más de una década.

También reprendió a la Organización de Estados Americanos (OEA) y resaltó que este mecanismo estaba completamente agotado, sobre todo a partir de la vergonzante actuación que tuvo durante el reciente golpe de Estado en Bolivia. Dejó en claro que la OEA debe desaparecer y dar paso a un nuevo organismo que sea verdaderamente incluyente de toda la realidad y pluralidad del continente americano y dejar en el pasado el servilismo y las posturas pro-estadounidenses que siempre manifestó la OEA desde su creación.

Sin duda, son otros tiempos. La unilateralidad y soberbia con la que Estados Unidos tomaba las decisiones continentales debe quedar sepultada. La realidad del siglo XXI es otra. El fin de la hegemonía (que no de la influencia) es un hecho en un mundo multipolar. El fin de la OEA deberá de ser el primer paso en este nuevo camino que nuestra América está por empezar a recorrer.

@BuenrostrJavier

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de RT.

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