Opinión

Alberto Fernández en el laberinto latinoamericano

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El golpe de Estado en Bolivia y la victoria del Partido Nacional en Uruguay terminó por modificar el mapa del Cono Sur, plagado de gobiernos conservadores. Si en agosto, luego de ganar ampliamente las PASO, Alberto Fernández imaginaba un eje progresista Buenos Aires-Montevideo-La Paz, esto quedó hecho trizas en noviembre, con Morales eyectado violentamente del Palacio Quemado y el Frente Amplio derrotado en un muy disputado ballotage. ¿Fernández quedó solo? El presidente utilizó recientemente un giro discursivo interesante, al decir que solos están los Jefes de Estado que enfrentan grandes movilizaciones populares contra las políticas neoliberales. Sin nombrarlos con nombre y apellido, se refería a Lenín Moreno Garcés, Sebastián Piñera e Iván Duque, presidentes de Ecuador, Chile y Colombia respectivamente.

Fernández invitó a su asunción a los ex presidentes José Mujica, Rafael Correa y Fernando Lugo, todos miembros del Grupo de Puebla, que se reunió en noviembre pasado en Buenos Aires, tras su cumbre fundacional en México. El enojo de EEUU por la llegada del Ministro de Comunicación de Nicolás Maduro, Jorge Rodríguez, también se potenció por la bienvenida a Correa y por la noticia del refugio de Evo Morales Ayma, que ya está declarando públicamente con total normalidad en nuestro país, algo que puede hacer legalmente en su carácter de refugiado. Fernández demostró su horizonte regional en las 48 horas que le dedicó al viaje de Evo a México, donde coordinó con el presidente paraguayo Mario Abdo Benítez y con el mexicano Andrés Manuel López Obrador (AMLO). Luego, ya en la Casa Rosada, le abrió las puertas del país a un Morales que será el Jefe de Campaña del Movimiento al Socialismo para las elecciones de 2020. 

Juan Manuel Karg, politólogo de la UBA y analista Internacional
Juan Manuel Karg, politólogo de la UBA y analista Internacional
Para lidiar con el difícil momento latinoamericano que le tocó vivir al comienzo de su mandato, Fernández jugará en dos bandas. Intentará llevarse bien con aquellos presidentes conservadores que no lo desafíen, pero a la vez buscará abrazar a aquellas opciones que puedan plantearse un retorno al poder político a corto y mediano plazo

Volvamos al Grupo de Puebla: Alberto se siente fundador de ese espacio, tal como dijo el dirigente chileno Marco Enríquez Ominami en reiteradas ocasiones. En esa construcción, además de los ex presidentes que ya hemos mencionado, están Lula da Silva y Dilma Rousseff. Repasemos: Mujica fue el senador más votado del Uruguay en las elecciones del 27 de octubre, por la lista del Movimiento de Participación Popular (MPP) dentro del Frente Amplio; Correa representa a una fuerza política que, incluso pese a la fuerte persecución judicial, tiene gran vitalidad en Ecuador, tal como quedó demostrado en las últimas elecciones regionales, donde conquistó las importantes gobernaciones (prefecturas) de Pichincha y Manabí. Lula acaba de encabezar el 7° Congreso del Partido de los Trabajadores (PT) de Brasil tras su salida de la cárcel de Curitiba, donde permaneció injustamente detenido por 580 días: el PT sigue siendo, por lejos, la principal opción frente al gobierno del ultraderechista Jair Messias Bolsonaro. Y Lugo hizo una alianza con Efraín Alegre que, en las últimas presidenciales, estuvo a punto de arrebatarle la presidencia de Paraguay al Partido Colorado. 

Juan Manuel Karg, politólogo de la UBA y analista Internacional
Juan Manuel Karg, politólogo de la UBA y analista Internacional
Fernández y AMLO tienen la difícil tarea de intentar coordinar, desde los ejecutivos, con las opciones que se plantean un posible retorno de opciones nacional-populares y progresistas a las primeras magistraturas. Son los que gobiernan: por ende los que ordenan

Algunos, por derecha pero también por izquierda, dicen que el Grupo de Puebla es un club de ex presidentes para intentar bajarle el precio. No es eso: es la unidad de los gobiernos de dos países de importancia fundamental en América Latina, como México y Argentina, y además es la coordinación política de aquellos líderes populares que intentan volver al gobierno con importantes representaciones político-electorales, tal como acabamos de mencionar. Por ello Evo Morales y Álvaro García Linera se sumaron a ese espacio tras el golpe de Estado que sufrieron. Fernández es, objetivamente, uno de los líderes de ese espacio porque tiene algo necesario en la política: poder. Gobierna su país. El poder otorga también una responsabilidad: para lidiar con el difícil momento latinoamericano que le tocó vivir al comienzo de su mandato, Fernández jugará en dos bandas. Intentará llevarse bien con aquellos presidentes conservadores que no lo desafíen (Lacalle Pou, Abdo Benítez y Piñera), pero a la vez buscará abrazar a aquellas opciones que puedan plantearse un retorno al poder político a corto y mediano plazo.

La alianza geopolítica Buenos Aires-Ciudad de México es un primer paso en un escenario regional diferente al que el ex Jefe de Gabinete de Néstor Kirchner tenía en mente meses atrás. Fernández y AMLO tienen la difícil tarea de intentar coordinar, desde los ejecutivos, con las opciones que se plantean un posible retorno de opciones nacional-populares y progresistas a las primeras magistraturas. Son los que gobiernan: por ende los que ordenan. Para poder plantear nuevamente una idea de integración regional autónoma, lejos de las imposiciones de EEUU, Fernández necesita que otros como él gobiernen. El Grupo de Puebla tiene un doble desafío: gobernar bien México y Argentina, pero además salir del laberinto por arriba, es decir ganando nuevas elecciones

Por Juan Manuel Karg

Politólogo UBA / Analista Internacional

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