Opinión

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Luis Gonzalo Segura

Ex teniente del Ejército de Tierra expulsado por denunciar corrupción, abusos y privilegios anacrónicos. Autor del ensayo El libro negro del Ejército español (octubre de 2017) y las novelas Un paso al frente (2014) y Código rojo (2015) @luisgonzaloseg
Los ejércitos no son el problema ni el motor de las guerras, sino los poderosos —gobernantes, empresarios, banqueros, multimillonarios— que se lucran con la muerte. Son los poderosos los que se interponen entre la paz y los ciudadanos, no los ejércitos ni las armas.
España no es el ejemplo ni el remedio ni la solución, ni tampoco parece Chile un país que requiera de gran formación en lo de maltratar a su ciudadanía. Si acaso, algo de refinamiento. Si de eso se trata, de refinar, negro futuro le espera a Chile, aunque los porrazos dejen menos marcas
Las élites olvidaron a los trabajadores, ese fue su gran error. Los trabajadores olvidaron a los militares, ese fue su gran error. El mundo olvidó la justicia social y se entregó al dictadura de los beneficios empresariales. Ahora, Latinoamérica, como Dilan Cruz, se encuentra en estado crítico. Todos somos Dilan, todos somos Latinoamérica.
América Latina cuenta con más de 22 millones de kilómetros cuadrados y más de 620 millones de habitantes. Deben decidir: protectorado moderno de EEUU cercano al derrumbe o sólida potencia geopolítica.
No se puede construir una sociedad mejor, no se puede caminar hacia el bienestar social, no se puede conquistar el Estado de Derecho y no se puede progresar sin la democratización y la pluralidad de las fuerzas armadas y los cuerpos policiales de un país.
Hace casi dos meses, más de 3.000 kilómetros de la costa brasileña se vieron afectados por un vertido de hidrocarburo de origen todavía desconocido —se sospecha que pudiera tener su origen en un buque de bandera griega— que afectó a centenares de playas —296 en 101 municipios—. El impacto ecológico y económico ha sido devastador.
Hasta el 27 de octubre pasado, la Fiscalía chilena contabilizó 840 investigaciones por diferentes actos de violencia de distintos agentes, policiales o militares, entre los que se encuentran los delitos de naturaleza sexual. Potencialmente, pudieron ser violadas o agredidas sexualmente ocho personas; cuatro fueron amenazadas con la comisión de un delito sexual y 29 fueron desnudadas.
Ya no es concebible la existencia de regímenes autoritarios tradicionales en los que derechos como el sufragio o la libertad de expresión queden cercenados groseramente. Ahora de lo que se trata es de conseguir por medio de otros ejércitos —periodistas y políticos, esencialmente— que el poder continúe acumulando capital en detrimento de la mayoría de la población.
Es evidente e innegable que se están produciendo actos violentos en Cataluña, pero los medios de comunicación españoles están, por un lado, trabajando en la generalización de estos actos para que se identifiquen con la mayoría pacífica y, por otro lado, están obviando la multitud de actos violentos de los agentes policiales para que la labor de estos quede impoluta. Ni lo uno ni lo otro guarda gran relación con la verdad.
Para muchos españoles, contaminados por los medios de comunicación, no lo será, pero la sentencia revela con claridad la realidad actual: España es un régimen autoritario moderno cuyo mayor esfuerzo radica en aparentar ser una democracia. Si fuera Escocia o Canadá, habría pactado un referéndum; y si fuera Alemania no concebiría ningún delito más allá de la malversación.
Los indígenas que ya detuvieron en los años noventa medidas neoliberales como la privatización del Seguro Social Campesino, son ahora la única esperanza del país. No son los revolucionarios de Maduro, son los pobres defendiendo su porvenir.
Una continua e inagotable fábrica de escándalos, a cual mayor, reflejan un problema estructural que la sociedad española todavía no ha sido capaz de afrontar: el Ejército español es en esencia, con sus reestructuraciones y modernizaciones, el mismo que en tiempos del genocida y dictador Francisco Franco.