Opinión

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Luis Gonzalo Segura

Ex teniente del Ejército de Tierra expulsado por denunciar corrupción, abusos y privilegios anacrónicos. Autor del ensayo El libro negro del Ejército español (octubre de 2017) y las novelas Un paso al frente (2014) y Código rojo (2015) @luisgonzaloseg
Las portadas se suceden en España con ceses y dimisiones de altos cargos de la Guardia Civil: el número uno de Madrid, el dos de España, el tres de España. Casi nada. Un macabro dominó impulsado por un informe de la Guardia Civil sobre la incidencia del 8-M en la expansión de la covid-19 en España.
Esta serie documental lo ha cambiado todo: con gran parte del planeta confinado en sus hogares para evitar el contagio de la covid-19, el documental sobre Michael Jordan se ha convertido en un terremoto mediático… y letal, en según qué aspectos.
Es fundamental que los más ricos paguen más impuestos, los estados vuelvan a recuperar parte de las estructuras desmanteladas, se eliminen los paraísos fiscales, se reduzca el gasto militar, se implemente una renta básica universal a nivel mundial y se establezca un salario mínimo mundial.
El origen de la existencia de este tipo de políticos que rellenan los medios de comunicación y las redes sociales con declaraciones escandalosas que, en algunas ocasiones, incluso son peligrosas para la salud –por ejemplo, cuando Donald Trump afirmó que la Covid-19 se curaba con desinfectante o con luz solar–, radica en el vaciado de la democracia.
La humanidad debe reflexionar, pues caminamos hacia el desastre invirtiendo en armas lo que deberíamos invertir en terminar con hambrunas o mejorar sanidad y educación. Lo peor es que no parece que la reciente pandemia vaya a cambiar para bien este tétrico escenario.
El covid-19 permite semanas y meses de maniobra a los países que lo sufren o lo pueden sufrir, de tal forma que aquellos que tienen buenas infraestructuras sanitarias o toman decisiones a tiempo son capaces de minimizar su impacto.
Si las restricciones se alargaran durante varios años, aunque fuera de forma alterna, se hace imposible poder asegurar la supervivencia del sistema capitalista actual. Pudiéramos estar asistiendo a su colapso.
Que la derecha y la ultraderecha no se hayan dedicado solo a exigir responsabilidades, sino que hayan participado de una campaña con todo tipo de bajezas para derrocar al Gobierno, lo cual técnicamente es imposible sin un golpe de Estado, no mejora el posicionamiento del Gobierno y los progresistas, sino que convierte a España en una guerra. En un proyecto fallido.
"Cuando usted necesite una cama de hospital para que le atendamos, y no pueda respirar, créame que lo menos que le va a importar es su cuenta de banco, lo que va a querer es que haya un ventilador mecánico", afirmó el presidente salvadoreño en uno de sus discursos.
Nadie puede negar que el austericidio de los últimos diez años generó enorme pobreza y desigualdad en los países del Sur de Europa y ahora estos ya no están dispuestos a más austeridad. Solidaridad y Unión o ruptura.
Cuando esto termine, España, como el resto del mundo, y especialmente el resto de países europeos que conforman la Alianza Atlántica, debería repensar al respecto de muchas cuestiones. La OTAN es una de ellas. Sobra.
El sistema económico mundial colapsó, hace una década, víctima de su propia voracidad, de la concentración salvaje del capital y la demolición del aparato estatal. Podría haber sido un punto de inflexión, la oportunidad de levantar un nuevo edificio de las ruinas de un sistema que ya provocó la mayoría de los desastres del siglo XX. Pero no fue así.