Opinión
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Luis Gonzalo Segura

Ex teniente del Ejército de Tierra expulsado por denunciar corrupción, abusos y privilegios anacrónicos. Autor del ensayo El libro negro del Ejército español (octubre de 2017) y las novelas Un paso al frente (2014) y Código rojo (2015) @luisgonzaloseg
Si sabemos que tras la I Guerra Mundial colapsaron los imperios y que, tras la II Guerra Mundial, los países europeos se convirtieron en vasallos, pensar lo que puede acontecer, estremece. Pero más estremece esa gran certeza que demasiados quieren obviar: no habrá paz en Europa mientras exista la OTAN.
Marruecos cumplió. Según diferentes fuentes, entre 23 y 37 migrantes, quizás más, fueron asesinados tras múltiples campañas de detenciones, redadas o desplazamientos forzosos. Las imágenes de la muerte de los migrantes son dantescas. Horripilantes. Pero no son extraordinarias. Tampoco imperecederas. Tienen fecha de caducidad.
La OTAN es una organización militar armada, extractiva y sanguinaria liderada por Estados Unidos. Millones de muertos y millones de euros lo demuestran, aunque millones de personas lo desconozcan. Por ello, la reunión de la OTAN en Madrid será, con seguridad, una de las más siniestras que se puedan celebrar en la actualidad.
Un bipartidismo que ya puede caminar, aunque con muletas, y que puede que dentro de unos meses, si se desploma Vox y la izquierda continúa a puñaladas, podría estar haciendo vida normal.
En fin, cualquier cosa, incluido mentir con obscenidad, antes que asumir la responsabilidad, que no es poca, y la realidad, que es demasiado cruel. Da igual que los hechos demuestren que la Unión Europa y la OTAN han abandonado a España e Italia la ha traicionado movida por el oportunismo y alentada porque España es el último de la fila en la OTAN y en la Unión Europea. Da igual porque cuando algo va mal siempre quedan los rusos.
Aunque en los últimos meses el relato occidental gravita sobre las bondades de los misericordiosos occidentales y las maldades de sus perversos enemigos, es una práctica muy habitual, especialmente para los occidentales, canjear, tratar o mercadear con pueblos como si de objetos geopolíticos se tratara.
Un movimiento geopolítico perverso que se convierte en cínico e hipócrita cuando se acompaña de cánticos angelicales que versan sobre democracia y derechos humanos mientras medio planeta ya sufre las consecuencias de la agonía de Estados Unidos por mantener el cetro mundial.
Si una persona no muy conocedora de la historia accede a un medio de comunicación occidental para leer un breve resumen sobre la presencia de España en la Organización Atlántica, es muy posible que lea algo así como que "una nueva generación de políticos entendió que modernizar y democratizar al país también pasaba por sus Fuerzas Armadas e impulsaron su incorporación a la Alianza, en paralelo a la de la Unión Europea". Nada más lejos de la realidad.
No, el problema no son los delitos, el problema es la ostentación de estos, la falta de un mínimo de cinismo o hipocresía para pedir perdón por aquello por lo que no se siente que se deba pedir perdón o, al menos, algo de discreción. Es decir, un poquito de por favor. Solo eso. Pues ya todos sabemos que Juan Carlos piensa que no ha robado nada, que solo ha cogido lo que es suyo.
La vuelta del emérito es más que complicada, sobre todo porque el PSOE no ha conseguido que el PP y la Casa Real acepten eliminar la inviolabilidad jurídica del rey de España, un privilegio tan medieval como injustificable.
La polémica desvela que hubo y hay cloacas en el país y, tal y como se han comportado los poderes durante esta crisis, seguirá habiéndolas.
Cuando a los ancianos se les negaba la atención sanitaria, incluyendo 8.000 fallecidos, de los que casi 6.000 lo fueron por covid-19, el pariente de la presidenta estaba haciendo negocio. Y no menor.
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