Opinión

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Luis Gonzalo Segura

Ex teniente del Ejército de Tierra expulsado por denunciar corrupción, abusos y privilegios anacrónicos. Autor del ensayo El libro negro del Ejército español (octubre de 2017) y las novelas Un paso al frente (2014) y Código rojo (2015) @luisgonzaloseg
Cuando el pasado 3 de enero un dron estadounidense asesinó al general Soleimani —el segundo hombre más importante de Irán— no solo despertó intensas discusiones a nivel jurídico y geopolítico, sino que reveló una realidad incontestable: la creciente robotización militar y el impacto de esta situación en el teatro de operaciones bélicas y geopolíticas.
Tuvo todos los ingredientes que se le pueden pedir a un evento deportivo —goles, pasión, ráfagas de buen fútbol, alternativas, una sorprendente remontada…— y una emocionante resolución para la historia futbolística española —el Real Madrid ganó en la tanda de penaltis por 4 goles a 1 tras una emocionante prórroga—. Faltaron los escrúpulos, como en Argentina en 1978, como en tantos otros momentos.
El pasado viernes 3 de enero Donald Trump —y Estados Unidos— asestó un severo golpe a los derechos humanos, el derecho internacional y la estabilidad mundial cuando juzgó, condenó y ejecutó al general iraní Qassem Soleimani
El 'impasse' entre La Paz y Madrid es una suerte de sainete que desprende ridículo a borbotones, a pesar de que en Occidente no ha causado la menor atención.
En los dos últimos años, desde que Donald Trump se hiciera con las riendas del carromato norteamericano, los Estados Unidos tomaron múltiples decisiones geopolíticas, en muchas ocasiones hasta contradictorias, pero siempre, o casi siempre, controvertidas. Una de ellas, de las más importantes, fue abandonar Oriente Próximo para retornar a América Latina, lo que provocó que el continente americano viviera un año de enorme agitación.
Ante el indetenible avance de los sectores más reaccionarios en la política, la creciente desigualdad en términos económicos y las amplias brechas sociales, parece decretado el colapso europeo. Pero, ¿es tiempo de negociar el día después?
Los ejércitos no son el problema ni el motor de las guerras, sino los poderosos —gobernantes, empresarios, banqueros, multimillonarios— que se lucran con la muerte. Son los poderosos los que se interponen entre la paz y los ciudadanos, no los ejércitos ni las armas.
España no es el ejemplo ni el remedio ni la solución, ni tampoco parece Chile un país que requiera de gran formación en lo de maltratar a su ciudadanía. Si acaso, algo de refinamiento. Si de eso se trata, de refinar, negro futuro le espera a Chile, aunque los porrazos dejen menos marcas
Las élites olvidaron a los trabajadores, ese fue su gran error. Los trabajadores olvidaron a los militares, ese fue su gran error. El mundo olvidó la justicia social y se entregó al dictadura de los beneficios empresariales. Ahora, Latinoamérica, como Dilan Cruz, se encuentra en estado crítico. Todos somos Dilan, todos somos Latinoamérica.
América Latina cuenta con más de 22 millones de kilómetros cuadrados y más de 620 millones de habitantes. Deben decidir: protectorado moderno de EEUU cercano al derrumbe o sólida potencia geopolítica.
No se puede construir una sociedad mejor, no se puede caminar hacia el bienestar social, no se puede conquistar el Estado de Derecho y no se puede progresar sin la democratización y la pluralidad de las fuerzas armadas y los cuerpos policiales de un país.
Hace casi dos meses, más de 3.000 kilómetros de la costa brasileña se vieron afectados por un vertido de hidrocarburo de origen todavía desconocido —se sospecha que pudiera tener su origen en un buque de bandera griega— que afectó a centenares de playas —296 en 101 municipios—. El impacto ecológico y económico ha sido devastador.