Opinión
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Luis Gonzalo Segura
Ex teniente del Ejército de Tierra expulsado por denunciar corrupción, abusos y privilegios anacrónicos. Autor del ensayo El libro negro del Ejército español (octubre de 2017) y las novelas Un paso al frente (2014) y Código rojo (2015)
@luisgonzaloseg
Olvidará a los ucranianos, como olvidó a los iraquíes y a los afganos, y a los sirios y a los libios. Como a los pocos días de la fotografía de Aylan, ya no recordaba a los refugiados, que después fueron vendidos a Turquía en la mayor transacción de personas de la historia sin que casi nadie se acordara de ellos. Como las afganas son historia hace mucho, tras ser portada tras la bochornosa caída de Afganistán hace solo unos meses.
Europa es, hoy más que nunca, un continente subordinado a Estados Unidos, tóxicamente dependiente de la metrópoli. En términos geopolíticos, la definición que mejor se ajusta a Estados Unidos sería la de un área de influencia o protectorado moderno. Una región con una cierta autonomía, pero sometida a los intereses de la potencia que la domina.
Dejando a un lado los múltiples informes existentes en ámbitos académicos, políticos o institucionales sobre lo pernicioso de las 'puertas giratorias', existen razones fundadas para creer que esta práctica perjudica gravemente a las Fuerzas Armadas por la adquisición de material innecesario. Y, por tanto, al bolsillo de los contribuyentes.
La generalizada obscenidad de los medios españoles de presentar nazis y neonazis ucranianos como demócratas o la reiterada ocultación de lo realidad de Ucrania, un país títere de Occidente atestado de corrupción y tan excesivamente hospitalario con los nazis como España con los franquistas y ultraderechistas, lo cierto es que la más grave desinformación es la que afecta al núcleo fundamental de la cuestión de la crisis, la expansión de la OTAN hacia el este de Europa.
Según Occidente, las áreas o esferas de influencia ya no existen, pues ahora todo el planeta está formado por Estados completamente soberanos. Y si ya no existen las áreas de influencia, obviamente no existen las potencias, pues no hay subordinación alguna a nivel geopolítico. Sí, como lo oyen, esta es la última de Occidente.
Lo cierto es que el problema actual, aunque goza de muchos cómplices, de millones de cómplices, solo tiene un responsable: Estados Unidos y su ansia de expansión imperial hacia el este de Europa mediante su brazo militar, la OTAN.
Yemen ha entrado en una espiral de enorme violencia que, según las predicciones independientes, podrían llevar al país a padecer el mes más violento de su historia, lo que no es poco.
La única certeza de los españoles hoy en día es que la confrontación con Rusia suma ya 10.000 millones de euros tras el engaño de la compra de unos aviones de combate que no se necesitan para defender el espacio aéreo de Marruecos, pero sí para confrontar con Rusia, y que ello tiene una relación directa sobre su situación actual.
Cada día es más evidente para muchos que China será la siguiente gran potencia, no ya porque Estados Unidos pareciera haberse acostumbrado a llegar más tarde que los chinos, sino porque ya hasta los copian.
Cada 11 de enero añade un palito más a la impunidad de la violación de los derechos humanos por parte de Estados Unidos. Y ya van veinte.
La sensación que deja una reforma con apoyos tan amplios como inimaginables es que, como aseveraba el gran cómico español Gila, 'alguien ha matado a alguien'. Es decir, alguien ha engañado a alguien, pues el nivel de rebaja de las pretensiones de unos y otros, junto a lo alejado de sus posicionamientos iniciales, parece revelar que alguien ha recorrido más camino del que debería.
La situación actual es laberíntica y diabólica, de tal forma que, tanto si se decide por una retirada o una huida hacia adelante, las heridas pueden ser considerables.