Opinión
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Luis Gonzalo Segura

Ex teniente del Ejército de Tierra expulsado por denunciar corrupción, abusos y privilegios anacrónicos. Autor del ensayo El libro negro del Ejército español (octubre de 2017) y las novelas Un paso al frente (2014) y Código rojo (2015) @luisgonzaloseg
La injustificable fortuna acumulada del monarca, más de 1.800 millones de euros según medios internacionales, siempre generaron muchas dudas al respecto. Dudas, todo hay que decirlo, porque la gran mayoría de grandes medios de comunicación en España hicieron más bien poco por investigar la cuestión.
Llega casi siempre tarde a todos los eventos importantes, al menos a los más relevantes de los últimos siglos, por lo que no es de extrañar que en cuanto al revisionismo colonial, la petición de perdón o la reparación y la restitución económica, material y moral por el abuso colonial en América Latina o el norte de África ni siquiera se haya aseado. Y es que España sigue creyendo que es un Imperio. Un Imperio sin cordura y sin perdón.
Con una OTAN caldeando el ambiente y una Europa fracturada, lejos de un deshielo, la Mini Guerra Fría se encamina, si no se impone la razón, hacia un conflicto convencional, pero ¿qué soluciones se pueden adoptar para reconducir las relaciones entre Rusia y Occidente y evitar el conflicto armado?
Es el último país que está sufriendo un golpe militar sin carros de combate, sin toques de queda, sin soldados en las calles. Sin estadios de fútbol atestados de críticos esperando un fatal destino.
Con estas falacias se construye el ideario xenófobo de demasiados; embustes que recorren las redes sin posibilidad alguna de ser desmentidos.
Lo que ha acontecido en el país ha sido una catástrofe de dimensiones todavía por dilucidar. Niveles de pobreza, desigualdad y violencia absolutamente insoportables. De hecho, las calles colombianas se inundaron de sangre como consecuencia del plan norteamericano.
Las bases geopolíticas actuales pueden quebrar por varias razones. En primer lugar, se producirá una reestructuración de poderes a nivel mundial que nadie sabe muy bien a quién beneficiará. Y, en segundo lugar, la reducción del coste humano y mediático de las intervenciones militares puede derivar en un aumento de las operaciones contra el terrorismo y las misiones de paz.
Si Marruecos es más importante que España en el mundo ello se debe a que ha sabido negociar mejor en las últimas décadas las contraprestaciones por su apoyo a Estados Unidos. Se ha vendido al mejor postor, sí, pero no a cualquier precio.
Hubo un tiempo en el que España fue un imperio, un tiempo en el que el mundo aspiraba a respetar los Derechos Humanos, un tiempo en el que los militares estaban sitiados en los cuarteles, un tiempo en el que Europa era esperanza e ilusión, un tiempo en el que los migrantes eran bien recibidos... pero los tiempos cambian. O quizás jamás cambiaron.
En estos países, sin embargo, se han perpetrado las más salvajes y crueles medidas, algunas de ellas con consideración bélica, como las inmisericordes sanciones económicas, lo que ha provocado una inhumana reducción de alimentos, medicamentos y productos básicos entre los ciudadanos.
Ningún país resolverá la criminalidad a base de plomo, sino de distribución de los recursos, pues son los alimentos, los medicamentos, los médicos y los profesores los que combatirán estructuralmente a la violencia, no los militares.
¿Cómo es posible que una caricatura política trufada de manifestaciones delirantes, aberrantes, ignominiosas o surrealistas pueda arrasar en las próximas elecciones a la Comunidad de Madrid, gobierne o no?