Opinión

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Luis Gonzalo Segura

Ex teniente del Ejército de Tierra expulsado por denunciar corrupción, abusos y privilegios anacrónicos. Autor del ensayo El libro negro del Ejército español (octubre de 2017) y las novelas Un paso al frente (2014) y Código rojo (2015) @luisgonzaloseg
No se quiere comprender que hasta que la Unión Europea no se construya como un Estado, no funcionará, porque lo único que la unirá serán los intereses comerciales. El negocio es un pegamento formidable en tiempos de bonanza y endeble en situaciones de crisis.
El Viejo Continente está cerca de triplicar el número de contagiados en China con menos de la mitad de población y no se vislumbra todavía un final.
Aunque ya han cancelado los ejercicios previstos en Europa, la movilización de todas esas tropas de regreso a territorio estadounidense, después de haber estado en el actual foco del virus, solo puede catalogarse de temeridad e irresponsabilidad.
El coronavirus no tiene límites. Como no lo tendría una gripe, lo que, al fin y al cabo, no deja de ser. Aunque mucho más contagiosa. Y como no tiene límites ya se ha expandido hasta prácticamente todos los rincones del planeta, incluidas las antípodas de la Zona Cero: América Latina. Porque si las antípodas de China se encuentran en Argentina, Chile, Uruguay, Brasil y Bolivia, las de Wuhan se encuentran en Castro Barros, el norte de Argentina.
Filtró documentación a los medios de comunicación en la cual se podía demostrar cómo el sindicato UGT había cometido gravísimas irregularidades en Andalucía. A día de hoy, se puede certificar que más de 40 millones de euros fueron defraudados. Sin embargo, desde aquellas filtraciones, la vida del denunciante mexicano en España se convirtió en la de un personaje kafkiano.
Una luminosa hipnosis colectiva se extendió hace ya mucho, como si de una epidemia extremadamente contagiosa se tratara, hasta encantar a varios centenares de millones de personas que, rodeados de una opulenta ilusión, inmersos en ella, creyendo vivir la realidad cuando lo que en verdad habitan es una ficción, no son capaces de percibir el desastre que acontece a escasos metros de ese casi inaccesible muro natural, llamado Mediterráneo, que la geografía regaló a los europeos.
Lo cierto es que uno de los elementos más importante en la alarma mundial creada por el virus reside en su carácter democrático. Algo perceptible cuando el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, afirmó que "este virus no respeta fronteras; no distingue entre razas o etnias; y no tiene en cuenta el PIB o el nivel de desarrollo de un país".
No existe hoy el más mínimo elemento que permita vislumbrar una Europa fuerte, cohesionada y solidaria. Una Europa que trabaje en reducir las desigualdades y la pobreza, con tejidos sanitarios, educativos, judiciales, militares o policiales comunitarios. Una Europa de todos y para todos. Una Europa social, no un mercado.
No cabe duda que el gris del ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska, empieza a contrastar demasiado con el luminoso y florido gobierno multicolor.
Los datos dejan poco margen a la duda y muestran que el mayor problema a nivel armamentista del mundo es Estados Unidos. Un país que casi monopoliza la compra y la venta de armas, controlando el mercado mundial de la defensa, hasta el punto de conseguir situar a Irak, país en situación de extrema pobreza entre los que más gastan.
El que fuera elegido presidente más 'cool' del planeta pretende recuperar el control del territorio, asfixiar económicamente a las maras y detener y aislar a sus líderes.
Solo importa crecer y crecer mucho. Crecer más que el año anterior. Como las grandes empresas, siempre mejorar los beneficios. Pero el crecimiento de un país no implica necesariamente la mejora de las condiciones de vida de sus ciudadanos porque más importante que el crecimiento y los beneficios obtenidos por el país es el reparto de los mismos.