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La III Guerra Mundial: Amazon, Cabify o Uber

Publicado: 4 feb 2019 13:02 GMT

Suenan tambores de guerra en Venezuela y muchos, la mayoría en Occidente, lo observan con indiferencia y cuando toman partido lo hacen por aquellos que los medios de comunicación occidentales definen como 'los buenos': la oposición Venezolana. Muchos de los que así lo piensan, muchos de los que así lo pensaron en el pasado, se enfrentan en estos momentos a otra operación militar, cuyo origen es el mismo, que ya les ha bombardeado, ha bloqueado sus suministros y ha aislado sus comunicaciones: son los taxistas madrileños. Uber, Cabify y los empresarios de licencias VTCs han arrinconado a los taxistas madrileños, como antes Amazon hizo con las librerías españolas o las grandes superficies y centros comerciales con las pequeñas tiendas de barrio y como tarde o temprano sucederá con otros sectores.

Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra de España.
"Los mismos 'carros de combate' que se aprestan a invadir un sector son los que están intentando derrocar un país. El interés de ambos, el amo de ambos, es el mismo: el capital". Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra de España.

Puede parecer absolutamente inconexo, incluso conspiranoico, relacionar lo que sucede en coordenadas a las que separan 7.000 kilómetros de distancia, de Caracas a Madrid, y en estadios tan aparentemente faltos de relación como un sector público de Madrid y la operación político-mediático-militar para conquistar la mayor reserva petrolífera del mundo, Venezuela. Sin embargo, los mismos carros de combate que se aprestan a invadir un sector son los que están intentando derrocar un país. El interés de ambos, el amo de ambos, es el mismo: el capital.

Sobre Venezuela han caído ya la mayoría de los medios de comunicación españoles señalando al culpable y sobre los taxistas madrileños, también. Paradójicamente, o mejor paradigmáticamente, son, o al menos fueron los taxistas, un sector conservador, un colectivo de personas que en su mayoría votaron en España por la estabilidad, Partido Popular o PSOE, y que llegada la crisis, obviamente, se decantaron por Ciudadanos, ese partido creado ad hod por el poder económico español, y no por los perroflautas (Podemos). Faltaría más. De hecho, si a la mayoría de los taxistas les preguntáramos sobre Venezuela, todavía hoy, no tendrían ninguna duda de señalar a 'los buenos' y a 'los malos'. Y eso que ya saben lo que es la manipulación informativa, ya saben lo que es enfrentarse al poder económico y que este utilice como látigos a La Sexta, Antena 3, Cuatro, Telecinco, TVE, El País y El Mundo. Ya saben lo que constituye ser 'los malos' de la película.

Obviamente, como en el caso de Venezuela, los taxistas han cometido errores. Muchos errores. Muchas cosas se han hecho mal en el pasado y resulta innegable que el sector del taxi estaba y está necesitado de un proceso de reforma. Pensemos en las veces en las que se han cometido abusos, con cargos excesivos, sobre todo a turistas; o pensemos en las veces en las que hemos subido a un taxi y hemos terminado dando la vuelta a la mitad de Madrid en lugar de dirigirnos a nuestro destino… ¿Y esas ocasiones en las que hemos subido a un taxi en un estado más que cuestionable? O esa pregunta que tantos tenemos en el aire: ¿pagan realmente los taxistas impuestos por lo que facturan o una parte, más o menos importante, de sus ingresos fluye por la economía sumergida? 

Uber, Cabify y los empresarios de VTCs contra los taxistas

Dejando a un lado que hay un problema en el sector del taxi madrileño, aunque haya muchos taxis y taxistas ejemplares, la realidad es que en la guerra del taxi, como en la de Venezuela, los abusos, las malas prácticas y los errores tienen poco que ver en el origen de la guerra que ahora mismo se libra. La cuestión es una: el capital. El sector del taxi está compuesto por algo más de 65.000 licencias, de las que poco más de 15.000 están en Madrid. Esto es, en Madrid hay unos 15.000 autónomos y asalariados, aunque también hay pequeños empresarios, que facturan una cantidad de dinero.

Con este modelo, tenemos por tanto a 15.000 taxistas que ganan una cantidad considerable de dinero, como mínimo el doble del salario mínimo interprofesional antes de la subida de enero de 2019. Y ya decíamos antes que hay economía sumergida, así que ya será algo más. De hecho, que es un sector, o era, económicamente viable queda demostrado por la concesión de préstamos para adquirir licencias de taxi cuyo coste llegó a acercarse a los 200.000 euros en su mejor momento (a día de hoy, unos 140.000 euros). Esto se debe a que se trata de un sector público protegido (con un número de licencias máximo), que no un monopolio, que puede ser considerado a vista de muchas personas como privilegiado, aburguesado y conservador. El sector del taxi no era, desde luego, un sector que viviera en precario

Por tanto, estos 15.000 'burgueses', por norma general, como anteriormente los propietarios de librerías o tiendas de comestibles y similares, tienen un nivel de vida más que aceptable e invierten su dinero en la economía local: compran viviendas, coches, viajan, consumen, etc. ¿Cuánto de ese capital sale del sistema? Poco, muy poco.

Bien. Pensemos ahora en el deslumbrante futuro de Uber, Cabify y las licencias VTCs. Los propietarios de licencias privadas no serán 15.000, serán muchísimos menos, y con el paso del tiempo, seguramente, este sector sí termine siendo un monopolio, duopolio o, en el mejor de los casos, un oligopolio. De hecho, según diversos medios, unas pocas personas controlan varios miles de licencias (hay concedidos en toda España unas 15.000 licencias, de las que más de 6.000 están en Madrid); licencias que, además, revenden por 1.000 veces su valor (en pocos años han pasado de 50 a 50.000 euros). Un ejercicio de salvaje especulación.

Por tanto, igual que le sucedió a miles de tenderos y libreros de barrio, el servicio que ahora ofrecen más de 15.000 taxistas en Madrid y más de 65.000 en toda España terminará siendo gestionado por unos pocos empresarios a los que, además, se les sumará Uber y Cabify como intermediarios.

Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra de España.
"El capital aspira a todo el dinero del 'Monopoly': el de Venezuela y sus reservas petrolíferas, el de los taxistas e, incluso, el de los periodistas que desinforman sobre lo que sucede en Caracas, Madrid y la Conchinchina". Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra de España.

Pasaremos, por tanto, de 65.000 taxistas 'burgueses' a 65.000 asalariados conductores que ganarán mucho menos porque gran parte de lo que antes ganaban estos pasará a engrosar los beneficios de las empresas, los disparatados salarios de los empresarios y la intermediación de Uber y Cabify. Esto llevará a que el dinero que antes se usaba para comprar viviendas, vehículos y consumo empezará a fluir a los paraísos fiscales y a generar millonarios. Así se convirtió Jeff Bezos, de Amazon, en el hombre más rico del mundo: a costa de absorber los beneficios de cientos de miles de librerías y tiendas de discos que terminaron cerrando.

El día después

El día después de la guerra habremos perdido todos, menos ellos, claro. Menos el capital: aparecerán entre las listas de más ricos de España uno o varios sujetos que, además, serán admirados por la mayoría. Admirarán su yate, su casa, su peinado, su estilo, su peinado, su boda y hasta su divorcio. 

Y, lo más importante, una gran parte del dinero que antes se reinvertía en la economía local, incluido ese que a día de hoy fluye por la economía sumergida local, saldrá del país en dirección a Luxemburgo, Panamá, Islas Cook, Seychelles o Jersey.

Es ahí, también, donde terminará el dinero de los venezolanos, porque la Venezuela 'postmaduro', de ser, no será Suecia, Noruega o Finlandia, sino Colombia, Brasil o Argentina. Y gracias. Y es que el capital aspira a todo el dinero del 'Monopoly': el de Venezuela y sus reservas petrolíferas, el de los taxistas e, incluso, el de los periodistas que desinforman sobre lo que sucede en Caracas, Madrid y la Conchinchina. La III Guerra Mundial avanza, batalla a batalla, pero a diferencia de hace un siglo, casi nadie lo sabe.
 

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