Opinión

'La muerte os sienta tan bien': cuando la cobertura mediática española se convierte en 'telecasquería'

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Que una persona determine y decida que quiere morir, que la vida no solo no es un regalo, sino que siente que es un infierno del que quiere escapar a toda prisa, cuanto antes mejor y de cualquier manera, es uno de los peores sufrimientos que se pueden padecer. Determinar que lo mejor es arrojarse por un precipicio, colgarse de una soga o consumir medicamentos hasta perder el aliento es un desastre vital y social —y un ignominioso tabú—. Suicidio, se llama.

Pero si el afectado es un famoso, aunque su muerte o suicidio solo sea potencial, la desgracia se torna en un regalo de valor incalculable para los medios de comunicación —los mismos que silencian el suicidio como problema social—, para los carroñeros que ejercen como periodistas y hasta para esos amigos que están dispuestos a vender las vísceras del finado al mejor postor como si trabajasen para una casquería.

La telecasquería en España fue inaugurada oficialmente hace tres décadas, en los años noventa, con el 'caso de Alcàsser', en el que tres niñas llamadas Miriam, Toñi y Desiré fueron secuestradas, violadas, torturadas y asesinadas. Aunque antes hubo algunos episodios, fue en el caso de Alcàsser cuando Nieves Herrero o Pepe Navarro convirtieron los platós de televisión en el típico bar en el que personas con poco juicio y mucho alcohol se muestran dispuestas a sostener cualquier teoría por disparatada que sea. Aunque no cabe duda que los errores policiales contribuyeron lo suyo y la nebulosa es hoy todavía considerable, derivar hacia una teoría conspirativa de forma tan inconsistente fue un error mayúsculo y esperpéntico. 

Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra de España.
Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra de España.
La desgracia se torna en un regalo de valor incalculable para los medios de comunicación, para los carroñeros que ejercen como periodistas y hasta para esos amigos que están dispuestos a vender las vísceras del finado al mejor postor.

Desde entonces, contemplar los despojos mediáticos en las televisiones españolas cada vez que un cadáver o su posible existencia hace presencia no solo resulta natural, sino hasta adictivo. Pareciera que la audiencia pide más sangre. Más morbo. Más vísceras. Una joven violada y asesinada, un niño desaparecido y asesinado por su madrastra, un niño caído a un pozo. Historias que ni el mejor guionista conseguiría que se conviertan en un 'prime time' interminable en el horario en el que se debería informar, educar y difundir. Novelones erosionando el tiempo y el espacio de la información. Peor aún, con mal gusto, gran desconocimiento y poco sentido común. Como en el bar del que hablábamos, pero ya de madrugada, cuando casi todos están borrachos. Solo que a plena luz del día y en los mejores platós de televisión y en los diarios y radios de mayor difusión.

El último espantajo —obviaré dar más detalles sobre el caso para no aumentar la sangría ni contribuir a lo grotesco, pero cualquiera puede informarse sin gran dificultad— se trata de la desaparición de una gran deportista española que finalmente fue hallada muerta. Un caso que debería suponer un punto de reflexión e inflexión.

La muerte sí debería ser el final

En primer lugar, y aunque es cierto que los propios familiares solicitaron ayuda para encontrar a la entonces desaparecida, lo cierto es que el dispositivo en medios de comunicación y equipos de rescate fue complemente desmesurado. Con ello no quiero decir que no se debiera haber hecho un gran esfuerzo por encontrarla, sino que se debería haber hecho un gran esfuerzo por encontrarla igual que con cualquier otra persona. Al menos, desde el ámbito público de los servicios de rescate que todos pagamos. Otra cuestión es que esta gran deportista fuera muy querida y ello atrajera una gran solidaridad privada y cientos de personas se sumaran a su búsqueda o los medios de comunicación le dedicaran más espacio. Pero desde las instituciones públicas no parece adecuado que se busque con más intensidad a una persona famosa que a una desconocida. Una prueba de ello es que el despliegue utilizado fue histórico en Madrid, jamás antes se había habilitado un dispositivo semejante.

Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra de España.
Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra de España.
"Si se suicidó o no, los motivos que le llevaron a ello o cómo lo hizo son cuestiones que exceden con mucho el interés general para agredir lo íntimo y adentrarse en el morbo. Y los muertos merecen respeto".

En segundo lugar, se da por supuesto que programas basura van a rebuscar en la vida de la persona y que siempre encontrarán 'amigos', en este caso una 'amiga', de esas íntimas de toda la vida, dispuesta a sacar todos los trapos sucios de la desaparecida o fallecida, aunque obviamente ello no contribuya en nada a encontrarla. Es más, de haber estado viva en esos momentos y haber escuchado semejantes informaciones, a lo mejor le habrían quedado todavía menos ganas de volver a la sociedad

Creo que ha llegado el momento de actuar desde la política y legislar este tipo de informaciones para defender al más débil, porque un desaparecido o un muerto, lo es. Y porque además no puede defenderse por sí mismo. Debe prohibirse que ante una situación semejante se difunda ningún tipo de información ni se participe de ningún tipo de debate que no contribuya realmente al esclarecimiento de los hechos o la búsqueda de la persona desaparecida. Curiosamente, lo que menos se hace en estos casos es criticar la labor policial, la cual sí sería legitimo poner en duda o cuestionar en caso de error. Pero difundir información personal sobre el desaparecido o el fallecido, salvo que medie un interés público porque ello suponga desvelar un elemento clave, debería estar prohibido y solo un juez debería poder permitir la difusión de semejante información.

Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra de España.
Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra de España.
"No hace falta que abran un 'minuto a minuto' como hicieron casi todos los medios españoles como si se tratara de la jornada de liga, sino que el asunto se afronte con seriedad desde todos los ámbitos de la sociedad. Tiremos las vísceras a la basura y abramos el tabú del suicidio, nos irá mejor".

En tercer y último lugar, como sucedió en el caso que nos ocupa, una vez localizada la persona fallecida, las causas, salvo que mediara un elemento de relevancia, por ejemplo un asesinato o similar, deberían pertenecer a la intimidad de la persona y sus familiares. Si se suicidó o no, los motivos que le llevaron a ello o cómo lo hizo son cuestiones que exceden con mucho el interés general para agredir lo íntimo y adentrarse en el morbo. Y los muertos merecen respeto. 

Porque de lo que realmente deberían estar interesados los medios no es de entrevistar al perro del desaparecido o la desaparecida —literal— ni de realizar un despliegue televisivo con decenas de personas implicadas, sino de informar sobre los suicidios, cuáles son las razones, las tasas o la forma de reducirlos en la medida de lo posible. Porque si bien un suicidio particular se puede convertir en un plato de casquería mal cocinado, lo cierto es que un problema como el suicidio en raras ocasiones es tratado como debería. Es decir, los medios de comunicación deben abandonar lo particular para adentrarse en lo general. Dejar la casquería para dedicarse a la investigación y la información. Lo primero entretiene tanto como repugna, lo segundo nos enriquece como sociedad y nos hace mejores.

Quizás es mucho pedir que terminemos con la telecasquería, pero al menos deberíamos reflexionar sobre ello. No hace falta que abran un 'minuto a minuto' como hicieron casi todos los medios españoles como si se tratara de la jornada de liga, sino que el asunto se afronte con seriedad desde todos los ámbitos de la sociedad. Tiremos las vísceras a la basura y abramos el tabú del suicidio, nos irá mejor.

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