Opinión

El coronavirus sumerge a España en una sucia guerra política

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Cuando a mediados de marzo pasado España comenzó a tomar medidas de confinamiento social tras la expansión del coronavirus, Pedro Sánchez y el Gobierno español optaron por un enfoque bélico. El virus era un invasor y todos los españoles debían combatirlo unidos. Se repitieron –y todavía se repiten– conceptos como "guerra", "victoria", "batalla", "frente", "armas", "enemigo" o "primera línea". E incluso el propio presidente ha llegado a referirse a la fase posterior a la superación de esta crisis sanitaria como "posguerra" o "reconstrucción". Se equivocó por muchas cuestiones, pero ante todo, por error al elegir el enemigo. El enemigo de España no es el virus, es España. 

Para acompañar el discurso bélico, para reforzarlo, introdujo a altos mandos militares en las ruedas de prensa, se desplegaron uniformados durante los primeros días por todo el territorio y los medios de comunicación prestaron una gran atención a las actuaciones militares. La situación llegó a un punto en el que España parecía encontrarse más en un estado de sitio que en un estado de emergencia. Efectivamente, las calles parecían más los de un país preparándose para una invasión militar que para una crisis sanitaria. Los militares patrullaban, los militares desinfectaban, los militares trasladaban enfermos, los militares levantaban hospitales de campaña. 

La maniobra militar, la envolvente del Gobierno de Pedro Sánchez, había sido un éxito incontestable. El discurso militar, las ruedas de prensas uniformadas y los vehículos de combate en las calles fueron algo tan inesperado en el gobierno más progresista en ocho décadas, con la Izquierda formando coalición por primera vez con el centro izquierda liberal, que la derecha quedó completamente en shock. Pasmada. No es que fuera lo que hubieran hecho ellos, es que era lo que hubieran soñado con hacer, pues muy probablemente ni se hubieran atrevido. Pero entonces llegó el colapso y los sitiadores se convirtieron en sitiados. Comenzó, entonces sí, la guerra, una contienda tan salvaje como ignominiosa. 

Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra de España
Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra de España
Si el PSOE ha humillado a las víctimas por no concederles justicia, el PP y Vox las han humillado por usarlas como carros de combate con los que aniquilar el Gobierno

De repente, se difundían vídeos que demostraban que los militares no habían levantado el hospital de campaña de IFEMA o se veía imágenes de militares patrullando las calles y deteniendo personas sin participar de patrullas mixtas con agentes policiales como responsables. De repente, los generales en las ruedas de prensa comenzaron a decir auténticas sandeces que, si ya habrían sido trending topic en una situación normal, con el país confinado y la gente pegada al móvil, aquello ardía. Que si el general tal ha dicho que los 47 millones de españoles son soldados, que si el general tal dice que han recuperado treinta kilos de naranjas y limones y los han devuelto a su dueño. Risas, parodias. Que si el general tal dice que el Gobierno trabaja para minimizar el impacto del clima negativo a la gestión del Gobierno. Estupor. De repente, lo de guerra, el ejército y toda la operación militar pareció más un chiste de mal gusto, sobre todo porque los que estaban de verdad en primera línea no eran los militares, no enteramente, desde luego, sino los sanitarios, los trabajadores de supermercados, los camioneros, los agentes policiales… 

Mientras tanto, se iban desvelando negligencias, especialmente en los gobiernos de España y de Madrid, cada uno de uno de los dos partidos hegemónicos en el tablero del bipartidismo español: PSOE en España y PP en Madrid. Y pasamos de una operación de guerra rápida mediática a una sangrienta confrontación política con dos frentes fundamentales: los medios de comunicación y las redes sociales. Ahí sí comenzó la guerra-esperpento en el que ahora se encuentra instalada España. 

El Gobierno de España del PSOE, de centro izquierda liberal, cerró filas y se enrocaron en el negacionismo. No solo eso, sino que fueron más allá e incluso presumieron de gestión y atacaron la gestión realizada en las comunidades autónomas en las que gobierna la derecha, especialmente en Madrid. "Y tú más" o "contigo habría sido peor". Durante semanas han añadido a su más que discutible gestión, la censura de preguntas, la ocultación de parte de la información y la ausencia de asunción de responsabilidades. 

La derecha, cada día más ultra, y la ultraderecha, han trabajado de forma obscena y casi despiadada en tumbar al gobierno, incluso con llamamientos al golpe de Estado. Si el PSOE ha humillado a las víctimas por no concederles justicia, el PP y Vox las han humillado por usarlas como carros de combate con los que aniquilar el Gobierno. La derecha y la ultraderecha españolas todavía no comprenden que los Gobiernos se consiguen en las elecciones y ahí siguen, entre peticiones al Ejército y operaciones de derribo. 

Finalmente, la Izquierda parlamentaria, por primera vez en la historia reciente, no solo no criticó la gestión realizada por el PSOE, sino que la defendió. Encarnizadamente, además. Entendieron que defender al Gobierno era defenderse a sí mismos, ya que ahora forman parte de él, y por tanto, decidieron que el fin justificaba los medios y que antes de permitir que el PSOE cayera o se escorara a la derecha, ellos unirían su destino al del PSOE. La Izquierda española terminó por dejar a las víctimas sin voz y, lo peor de todo, sin justicia. Porque tras la infame guerra mediática y tuitera no parece que se vayan a abrir comisiones de investigación ni procesos judiciales, quedará todo en nada. 

En este combate participaron las redes sociales, pero también los medios de comunicación. La mayoría reforzaron las tesis de los partidos a los que se asocian. Los medios –aparentemente– progresistas se afanaron en defender la gestión del Gobierno, para ellos esto es una pandemia mundial y ninguna o casi ninguna culpa tiene el Gobierno. Obvian, obscenamente, que no todos los países han gestionado igual la crisis y que la democracia no ha quedado suspendida durante la pandemia, al revés, se debería haber reforzado. 

Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra de España
Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra de España
Si el PSOE ha humillado a las víctimas por no concederles justicia, el PP y Vox las han humillado por usarlas como carros de combate con los que aniquilar el Gobierno

Por el contrario, para los medios conservadores y ultras, el alzamiento de la derecha fue recibido a toque de corneta, iniciándose una operación de acoso y derribo con dos objetivos delimitados, pero no excluyentes: eliminar a Pablo Iglesias y a Unidas Podemos de la coalición y provocar un cambio de Gobierno. Y en caso de no conseguirlo, que el desgaste hubiera merecido la pena. 

Tal fue la situación que, incluso, rodaron cabezas tanto a un lado como a otro del espectro mediático: La Razón censuró a Alfonso Ussía y el Diario Público a César Calderón. 

El dantesco escenario actual 

Pero lo cierto es que ni uno ni otro tienen exactamente razón, por no decir que ambos están instalados en el desacierto y hasta en el disparate. El Gobierno no puede pretender negar esconder sus errores, sino que, necesariamente, debería asumir las responsabilidades que le correspondieran. Y para ello no sería necesario esperar a que termine la crisis: Escocia, Rumanía, Turquía o Nueva Zelanda son países en los que se han producido ceses o dimensiones. La labor de la oposición sigue vigente durante el estado de emergencia y entre ellas entra exigir responsabilidades. 

Leer diarios, escuchar radios o ver tertulias a periodistas y personalidades con gran prestigio en ámbitos progresistas defender algo así como 'lo que ha pasado durante la pandemia ha pasado en todos sitios y hay que mirar hacia adelante' resulta desolador, porque serían ellos y no otros los que exigirían responsabilidades en el caso de que la derecha gobernase. Tras la pandemia serán menos creíbles.  

Por el contrario, el papel de la derecha en esta crisis ha sido todavía más obsceno, lo que no debe reconfortar a los progresistas. Muy al contrario. Que la derecha y la ultraderecha no se hayan dedicado solo a exigir responsabilidades, sino que hayan participado de una campaña con todo tipo de bajezas para derrocar al Gobierno, lo cual técnicamente es imposible sin un golpe de Estado, no mejora el posicionamiento del Gobierno y los progresistas, sino que convierte a España en una guerra. En un proyecto fallido. España no necesitará de una posguerra cuando esto termine, necesitará una disolución.

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de RT.