Opinión

¿Solución o parche? Qué puede pasar con la renta básica universal propuesta por la ONU en América Latina

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El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) ha propuesto que el tercio más desfavorecido del planeta, unos 2.700 millones de personas en 132 países —de ellos, unos 520 millones de latinoamericanos—, accedan a una renta básica, lo que según sus cálculos costaría 199.000 millones de dólares (la mitad de los beneficios anuales de Wal-Mart).

Estiman que esta renta es imprescindible para que los países en vías de desarrollo puedan tomar las medidas necesarias, como confinamiento y distanciamiento social, para evitar la expansión del virus. Achim Steiner, afirmó que "los tiempos sin precedentes requieren medidas sociales y económicas sin precedentes", lo cual enmarcó esta renta básica en la temporalidad. El PNUD ha defendido que la moratoria concedida por el G-20 a los países más pobres en el pago de la deuda se extienda también a los países en vías de desarrollo.

El problema de la propuesta de las Naciones Unidas, más allá de la demostrada incapacidad de la propia organización, se encuentra en la insuficiencia de la medida. Es insuficiente por la escala temporal de la misma —tiempos sin precedentes— y es insuficiente por la propuesta para sufragarla, en el caso de la moratoria en el pago de la deuda. El mundo, y América Latina en particular, no necesitan una solución temporal, necesitan un cambio estructural profundo.

Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra de España
Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra de España
El problema de la propuesta de las Naciones Unidas, más allá de la demostrada incapacidad de la propia organización, se encuentra en la insuficiencia de la medida. El mundo, y América Latina en particular, no necesitan una solución temporal, requieren un cambio estructural profundo.

Es cierto que varios países, tanto en Latinoamérica como en otras regiones, han implementado o están implementando algún tipo de renta, ayuda o subsidio, en algunos casos temporales y en otros permanentes, de Togo a Brasil, pasando por España, Estados Unidos o Canadá. Además, varios naciones lo estudian seriamente. Pero ninguno de esos Estados afronta la raíz del problema, de solución tan obvia en la teoría como casi utópica en la práctica

Que los ricos paguen más

Es así de sencillo. Que los ricos paguen más. Y no solo estamos hablando de personas físicas o empresas, también de países. El mundo, y América Latina en particular, debe comenzar a trabajar en una fiscalidad más justa que reduzca los cada día más crecientes niveles de desigualdad y pobreza. Los que causaron durante el año 2019, el año 1 de la covid-19, tensiones sociales y disturbios en Chile, Ecuador o Bolivia, y se hicieron sentir en prácticamente toda América Latina sin excepción, aunque fuera de forma subyacente. El magma de la inseguridad y la pobreza amenaza el mundo y sitúa a América Latina al borde del desfallecimiento.

El 10 % de las personas más ricas poseen el 85 % de la riqueza, o eso se revela en un estudio de Riqueza Global, elaborado por Credit Suisse sobre datos del año 2018. Y puede que las cifras no sean exactamente esas, pues se trata de estudios complejos que finalmente se asientan en estimaciones, pero todos los informes realizados desde hace décadas concluyen de forma indefectible que un grupo pequeño de la población controla un porcentaje demasiado elevado de la riqueza. Porcentaje que cada día crece más.

Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra de España
Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra de España
Todos los informes realizados desde hace décadas concluyen de forma indefectible que un grupo pequeño de la población controla un porcentaje demasiado elevado de la riqueza. Porcentaje que cada día crece más.

Las grandes empresas y los grandes patrimonios pagan poco y piratean demasiado, una muestra de ello son los paraísos fiscales: auténticas islas del tesoro que expolian al resto del mundo. Islas del tesoro conocidas por todos.

Además, el pago de la deuda entre países es otra cuestión a analizar. Son los países más pobres e históricamente más expoliados los que tienen que pagar a los países más ricos, cuando ha sido los países más ricos los que estuvieron durante siglos explotando, no solo a nivel económico, a los más pobres y, por tanto, los que deberían de pagar. Pero ¿quién conseguirá, y cómo, que los piratas dejen de saquear y los explotadores dejen de explotar a los más débiles? Complejo cuando no imposible.

Se avecinan tiempos oscuros

Si, como hemos comentado, el año 2019 ya fue un año complejo en América Latina, nada hace pensar que los próximos años, puede que meses o semanas, no eleven la tensión social hasta niveles insoportables o que, definitivamente, la injusticia, la desigualdad y la pobreza acumulada durante siglos estalle y cambie el mundo para siempre. Lo que parece impensable, aunque nadie puede descartarlo, es que no pase nada.

Apostar por medidas de contención mínimas y por ciertas ayudas y concesiones –como el acceso de millones de chilenos a los fondos de pensiones–, es lo que suelen hacer las élites en situaciones de dificultad, pero que nadie apueste por un cambio estructural del sistema, aunque ello sea lo que verdaderamente necesitamos.

Se rescatarán empresas, bancos, sectores y países, pero no parece realmente factible, ni tan siquiera hoy, que se rescaten de verdad ciudadanos. A lo sumo, les –o nos– lanzarán un flotador para que no nos ahoguemos. Mejor dicho, para que no todos nos ahoguemos.

Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra de España
Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra de España
Se rescatarán empresas, bancos, sectores y países, pero no parece realmente factible, ni tan siquiera hoy, que se rescaten de verdad ciudadanos. A lo sumo, les –o nos– lanzarán un flotador para que no nos ahoguemos. Mejor dicho, para que no todos nos ahoguemos.

Sin embargo, sin un cambio estructural, el capitalismo responsable de los actuales niveles de desigualdad y pobreza, propios de siglos atrás, está condenado a colapsar y, lo peor de todo es que ese colapso, muy probablemente, solo provocará niveles de violencia quizás no vistos en las últimas décadas ni conocidos por las nuevas generaciones.

Se avecina un mundo violento en el que la extrema derecha encontrará su lugar, y en el que todos tendremos una oportunidad para cambiar el mundo para bien o para peor. Mal asunto, mala solución, tétrica lotería.

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de RT.