Opinión

El retorno de Juan Carlos I a España o el retrato de una democracia que ya no se escandaliza

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Tenía que pasar y ha pasado: Juan Carlos I ha pactado su regreso a España. Regreso inmediato, además. Tras varios meses huido en Emiratos Árabes Unidos —desde agosto de 2021— viviendo a cuerpo de rey en esa dictadura que ha participado en la mayor tragedia humanitaria del planeta —Yemen, más de 377.000 fallecidos— y en la que los migrantes —que son el 85 %, unos 8,5 millones de 9,4 millones de habitantes— son explotados mediante el régimen de la kafala y mueren por miles —cientos perecen al año, solo indios fallecieron 5.185 entre 2012 y 2017—.

Allí, entre el sol, el lujo, los bajos impuestos y los codiciosos occidentales en busca de altos salarios con los que mantener un tren de vida desenfrenado o acumular ahorros con los que volver a su país, Juan Carlos ha pasado casi dos años sin grandes protestas mientras las mujeres y el colectivo LGTBI han padecido —y todavía padecen— un calvario o se pisotean derechos y libertades fundamentales. Si acaso, Juan Carlos ha sufrido de morriña. Pobre.

Pacto con Felipe VI

El relato oficial al respecto de El retorno del rey es poco menos que surrealista. Estrambótico, quizás sería más exacto. Según nos informan fue alcanzado telefónicamente tras coincidir ambos físicamente en un entierro en Abu Dabi —por el fallecimiento del anterior jefe de Estado de los Emiratos Árabes Unidos, Jalifa Bin Zayed al Nahyan—. No parece muy normal que un hijo coincida físicamente con su padre, del que vive alejado a miles de kilómetros y al que se supone no ve con frecuencia, y en lugar de verle, abrazarle o hablar con él, le llame por teléfono. Igual es que las tarifas telefónicas locales de los Emiratos son muy económicas, pero algo no cuadra. Si es real, mal asunto; si no lo es, peor. En cualquier caso, verosímil no es. Más allá de lo relatado, conviene señalar que no es el primer acuerdo al respecto: el rey iba a regresar en otoño, luego en Navidad, después en su cumpleaños y, la última intentona, en febrero. Lleva meses de inminente retorno.

Los valores democráticos españoles son estos: que el jefe del Estado pueda gozar de impunidad para ser, si le place, un delincuente múltiple. Y a los Borbones, históricamente, les ha placido en demasía.

En todos los casos se trataba, como en el que nos ocupa, de acuerdos realizados entre padre e hijo. "Sin intermediarios", según los medios. Menos mal, porque los intermediarios cuestan dinero y los Borbones son más de tirar del erario público que de su bolsillo, de lo contrario Papá Borbón no tendría, según The New York Times, más de 2.000 millones de dólares.

Pero es que la vuelta del delincuente múltiple es más que complicada, sobre todo porque el PSOE no ha conseguido que el Partido Popular y la Casa Real acepten eliminar la inviolabilidad jurídica del rey de España. Porque la eliminación de ese privilegio tan medieval como injustificable en términos políticos e incomprensible para la ciudadanía habría suavizado bastante la situación. Un privilegio que retrata al PSOE, PP y Casa Real para mal. Para muy mal. Y a España para peor: los valores democráticos españoles son estos: que el jefe del Estado pueda gozar de impunidad para ser, si le place, un delincuente múltiple. Y a los Borbones, históricamente, les ha placido en demasía.

El primer posible destino

Saltan chispas en la Zarzuela, o eso comentan los medios del reino de España. Parece ser que Felipe VI y Juan Carlos han tenido una confrontación por el primer destino del rey, que pretendía acudir a la localidad de Sanxenxo (Pontevedra) para ver a sus amigos y disfrutar de las regatas. Pero la Casa del Rey opina que debe acudir primero a ver a Felipe VI, a la familia y "aceptar las condiciones". Que sea un delincuente múltiple no parece que genere gran controversia, que elija ir a Sanxenxo antes que a la Zarzuela escuece. Y mucho. El rey Juan Carlos es un fiestas y no gusta. Que sea un ladrón —recordemos que estos días Bruselas ha denegado por segunda vez la extradición de Valtònyc—, ni tan mal. Llámenme raro, pero debería ser al revés: no sé si España está vuelta o de vuelta.

¿Un rey emérito no es un jefe de Estado emérito? En España es todo realmente muy extraño, aunque si Juan Carlos no fuera un delincuente múltiple quizás no habría tanto problema con su residencia. Y si España fuera una democracia, tampoco: estaría en prisión.

En cualquier caso, la relación es tan tirante que Felipe VI ha descartado que resida en la Zarzuela, porque esta no es "una residencia", sino la residencia del jefe del Estado. Pero, claro, ¿qué es Juan Carlos? ¿Un rey emérito no es un jefe de Estado emérito? En España es todo realmente muy extraño, aunque si Juan Carlos no fuera un delincuente múltiple quizás no habría tanto problema con su residencia. Y si España fuera una democracia, tampoco: estaría en prisión. De hecho, es la prisión el lugar en el que, razonablemente, deberían tener su reunión. Pero el reino que fue regido por Franco, porque España siguió siendo un reino durante la dictadura, tiene estas cositas. Por todo ello, de momento, su paradero final es desconocido.

El origen de la huida

Para los que duden al respecto del calificativo "delincuente múltiple", el rey emérito se marchó de España, en agosto de 2020, cuando se inició una investigación en la Fiscalía del Tribunal Supremo que tenía por objetivo desentrañar el cobro de comisiones por la comisión del AVE a La Meca. Seguramente se precipitó, pues España no es país para la justicia —la Fiscal General del Estado, Dolores Delgado, es elegida por el Gobierno y depende directamente de este—. Fue en ese momento cuando Juan Carlos, nacido en una dictadura —la Italia fascista— y criado en una dictadura —la España franquista— decidió marcharse a una dictadura —Abu Dabi—. Para ser el Padre de la Democracia española le va lo autoritario.

Por si fuera poco, también se le investigaba por el cobro de tarjetas black —opacas— y una cuenta a su nombre en la isla de Jersey, un paraíso fiscal, con 10 millones de euros. Y se trata, solo, de sus últimos escandalillos, su currículum es bastante más extenso. El de Felipe VI, que acaba de empezar, no está mal tampoco: era beneficiario de una cuenta de cien millones de dólares, aunque señala que no lo sabía.

La sociedad civil se moviliza

Íñigo Errejón ha pedido estos días a Juan Carlos que disimule para que, al menos, parezca que se arrepiente. En la misma línea se ha mostrado Pablo Echenique, que ha enlazado en redes sociales la noticia con la cuenta oficial de la Policía Nacional, como si de un delincuente se tratara.

Más duro todavía ha sido Joan Baldoví, que le ha calificado directamente como sinvergüenza, o Gabriel Rufián, que ha bromeado como si Juan Carlos fuera a reunirse con 'carteristas' en lugar de 'regatistas'. Por tanto, para los socios de Gobierno del PSOE, que mantiene el perfil de Estado de considerar que el delincuente múltiple Juan Carlos puede hacer lo que le plazca, es un escándalo. Para muchos españoles, también. Pero, quizás, lo más escandaloso de todo este escándalo es que no sea un escándalo para demasiados.

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