Opinión

La crisis con Argelia demuestra que España es el último de la fila en la OTAN

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Si la guerra es la continuación de la política —Clausewitz—, las relaciones exteriores son la brújula que te acerca o te aleja del campo de batalla. Las decisiones en materia de política exterior, por tanto, suelen tomarse con total conocimiento y consciencia y no sin antes un serio análisis al respecto. Pero si ello es así, por qué España parece vivir en el error y en la improvisación. La respuesta es, quizás, demasiado dura de asimilar.

Una política errática

En los meses anteriores a la guerra de Ucrania, España optó, en consonancia con la línea dura norteamericana, por enviar militares a la zona —en la actualidad ya son más de 1.600 militares, un 300 % más que hace un año—, pero pocos días después deshizo el camino y apostó por la diplomacia, vía entonces dominante en Europa. Cuando empezó la guerra optó por no enviar armas a Ucrania, tan solo ayuda humanitaria, pero, poco después, volvió a cambiar su idea inicial y envió armas a Ucrania. Hace solo unos días filtró que enviaría carros de combate Leopard a Ucrania, pero Alemania, fabricante de estos, se lo prohibió en virtud a los acuerdos firmados, por lo que tuvo que volver a rectificar.

Tres vaivenes en solo unos meses son demasiados, sobre todo porque no se trata de una excepción en la trayectoria española de los últimos años, pues nada más llegar el PSOE al gobierno, en 2018, primero optó por cancelar una venta de bombas a Arabia Saudí tras el bombardeo al autobús escolar en el que fallecieron casi cincuenta niños y días después reculó justificando que las bombas que se venderían a los sauditas serían "inteligentes" —en palabras de Josep Borrell—.

La cantidad y la magnitud de las decisiones contradictorias en tan poco tiempo demuestran que España mantiene una evidente posición de debilidad, de lo contrario no rectificaría con tanta facilidad, además de sufrir de una manifiesta negligencia en la toma de decisiones. Ambos males tienen una explicación.

España, el último de la fila en la OTAN y en la Unión Europea

España ocupa una baja posición en la jerarquía imperial norteamericana debido a los acuerdos de Estados Unidos con Franco y los sucesores de este, la familia Borbón. Acuerdos que resultaron esenciales para la supervivencia de la dictadura y la protección de los Borbones —de las élites, en definitiva—, pero que han tenido una consecuencia inevitable y funesta: la devaluación. España es un país devaluado en términos geopolíticos por las raíces franquistas y los frutos borbónicos: tiene poco que pedir y mucho por lo que agradecer. Por ello, su jerarquía no se corresponde con su potencial, tanto si nos referimos a la OTAN como a la Unión Europea. Ello explica las rectificaciones.

Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra de España.
Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra de España.
España es un país devaluado en términos geopolíticos por las raíces franquistas y los frutos borbónicos: tiene poco que pedir y mucho por lo que agradecer. Por ello, su jerarquía no se corresponde con su potencial, tanto si nos referimos a la OTAN como a la UE.

Sin embargo, el problema español va más allá de las rectificaciones, pues se han producido errores de gran magnitud. La explicación de estos radica en la incapacidad de España para asumir su situación de sumisión y baja jerarquía imperial, quizás porque para ello tendría primero que explicárselo a los españoles. Y, claro está, que unas élites expliquen a sus ciudadanos que los desastres de los últimos trescientos años son responsabilidad suya y que, a cambio de su supervivencia, España se ha convertido en un pelele geopolítico no parece agradable ni viable.

Así, España prefiere rectificar, una y otra vez, aquello que en su momento pensó que era tan formidable y, peor aún, prefiere someterse a intereses que no solo son los norteamericanos, sino también, en ocasiones, a naciones menos poderosas —y hasta rivales—.

El desastre argelino: entre los errores y la sumisión

La grave crisis por la que atraviesan las relaciones entre España y Argelia es una muestra de ambos males, pues combina la sumisión española a una posición contraria a sus intereses con los exasperantes y habituales errores. Todo comienza cuando España acoge a Brahim Gali para ser tratado de covid. Un movimiento torpe, pues habría sido suficiente con buscar un tercer país que hiciera aquello que España no debería hacer para no comprometer sus relaciones con Marruecos —que, además, nace de no asumir que Marruecos se encuentra en términos geopolíticos en una posición de fuerza, por lo que España no puede actuar de forma soberana—.

Como es sabido, el error fue aprovechado por Marruecos para lanzar un bombardeo de migrantes ante el que España se mostró impotente. No solo no tuvo respuesta, sino que fue incapaz de conseguir el apoyo necesario para desactivarlo. He aquí el habitual cóctel de las relaciones de exteriores españolas: error e incapacidad.

La teoría de la conspiración

Un año después, las costuras volvieron a saltar por las mismas fisuras: error e incapacidad. El error —tan interesado como estúpido y antidemocrático—: espiar a los catalanes; la incapacidad: asumir la responsabilidad en el caso de ser encargo del Gobierno o depurar los servicios de inteligencia en caso contrario. De esa incapacidad brotó la crisis actual, al asegurar el Gobierno que tanto el presidente como varios ministros, Defensa e Interior incluidos, habían sido espiados por Marruecos durante la crisis —dos gigas en el caso de Pedro Sánchez—. Una explicación que, en un intento de ser exculpatoria, terminó por resultar patética y contraproducente.

La idea era salvar la situación de la mejor manera posible, pero se terminaron por meter un berenjenal del que igual no son capaces de salir: la teoría de la conspiración. Una teoría tan verosímil como, quizás, falaz. Según esta teoría, la información robada en el móvil de Pedro Sánchez por Marruecos sería tan comprometedora que le habría llevado a rectificar la tradicional posición española en el Sahara Occidental y apostar por el plan de autonomía presentado por Marruecos. Como decía, verosímil, pero seguramente falaz.

Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra de España.
Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra de España.
Si en la cesión de España a Marruecos en la cuestión del Sahara no tuvieron en cuenta la reacción de Argelia, ya fuera porque desoyeron a sus analistas o porque estos andan realmente perdidos, malo; pero si la tuvieron en cuenta, queda demostrado que España es capaz de cualquier cosa con tal de asumir las directrices que le imponen.

Es cierto que, de nuevo, nos encontramos ante una torpeza y una sumisión, pero de ahí a que el robo de la información del móvil del presidente del Gobierno español sea el origen del cambio de posición respecto al Sahara parece muy temerario. Sobre todo, porque de ser así, sería absurdo que el presidente hubiera hecho público el suceso, de lo más bochornoso, por otra parte, pues no olvidemos que la cronología no se alinea con esta teoría: el cambio de posición española en el Sahara se sitúa en marzo, mientras que el Catalangate acontece un mes después, en abril. Sería el colmo de la torpeza desvelar la clave de una extorsión en un escándalo internacional para minimizar un escándalo nacional que, por otra parte, los medios de comunicación afines podrían resolver sin gran dificultad —como así ha sido, pues la ministra sigue incólume—.

Sea veraz la teoría de la conspiración o no, lo cierto es que nos volvemos a encontrar en el mismo callejón sin salida: error y sumisión. Si en la cesión de España a Marruecos en la cuestión del Sahara no tuvieron en cuenta la reacción de Argelia, ya fuera porque desoyeron a sus analistas o porque estos andan realmente perdidos, malo; pero si la tuvieron en cuenta, queda demostrado que España es capaz de cualquier cosa con tal de asumir las directrices que le imponen.

El desamparo de la OTAN

Para corroborar el tétrico escenario, basta con atender al desamparo de la OTAN a España, no solo en esta última crisis, sino en las reiteradas ocasiones en las que ha sufrido conflictos con Marruecos. Desde Perejil en julio de 2002 hasta la crisis de la migración en mayo de 2021, la OTAN, a la que tantos recursos y esfuerzos dedica España, le ha dado la espalda. En la crisis de Perejil, España tuvo que actuar por su cuenta y, en la crisis migratoria, nadie en la Alianza Atlántica o de la Unión Europa arropó a los españoles. En evidencia, de nuevo, la escasa importancia geopolítica de España.

La falta de unidad de Europa y el doble juego de los italianos

Tal es así que, hace solo una semana, Italia reforzó su alianza con Argelia, aun cuando esta estaba congelando su relación con España. Después de la invasión de Ucrania, en Occidente se repitió en múltiples ocasiones que se había reforzado la unidad en Europa. Una falacia que, una vez más, queda confirmada: Italia está traicionando a España a plena luz del día.

Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra de España.
Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra de España.
Da igual que los hechos demuestren que la UE y la OTAN han abandonado a España e Italia la ha traicionado movida por el oportunismo y alentada porque España es el último de la fila en la OTAN y en la UE. Da igual porque cuando algo va mal siempre quedan los rusos.

Para más señas, el presidente argelino, Abdelmadjid Tebboune, afirmó que Italia "es un país amigo" por lo que "le daremos el gas que necesite, le suministraremos energía para que luego la distribuya al resto de Europa". España, mientras, castigada mirando a la pared con tres mil millones de euros en juego.

Pero la culpa es… de los rusos

A pesar de lo evidente que resulta la traición de Italia a España en el caso de la crisis con Argelia, así como la complicidad de la Unión Europea en la misma o el abandono de la OTAN a España en sus confrontaciones con Marruecos, la vicepresidenta del Gobierno español, Nadia Calviño, arremetió contra… Rusia. Según la vicepresidenta, la posición argelina no es sorprendente debido a la cercanía de Argelia a Rusia. Una aseveración que se tambalea al comprobar, como hemos señalado, cómo Italia y Argelia mantienen una relación idílica.

En fin, cualquier cosa, incluido mentir con obscenidad, antes que asumir la responsabilidad, que no es poca, y la realidad, que es demasiado cruel. Da igual que los hechos demuestren que la Unión Europa y la OTAN han abandonado a España e Italia la ha traicionado movida por el oportunismo y alentada porque España es el último de la fila en la OTAN y en la Unión Europea. Da igual porque cuando algo va mal siempre quedan los rusos.

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de RT.

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