Opinión

Las históricas y estrechas relaciones de la OTAN con la ultraderecha europea

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A pesar del discurso oficial de las democracias occidentales en el cual la ultraderecha se presenta como un ogro, poco ha tardado la OTAN en aliarse con la recién elegida primera ministra italiana, la ultraderechista Giorgia Meloni. Hace escasos días, Jens Stoltenberg se reunió en persona con Giorgia Meloni, se fotografió sonriente junto a ella y agradeció su "fuerte compromiso personal". La misma OTAN que asegura que lucha por los valores democráticos y los derechos humanos, elogiando a una líder ultraderechista que aboga por aumentar la fosa común del Mediterráneo a base de migrantes. ¿Contradictorio? Para nada.

El amistoso encuentro entre el secretario general de la Alianza Atlántica y la última ultraderechista en asaltar el poder en Europa, sólo constituye un episodio más que previsible si analizamos la historia de Estados Unidos; su organización militar, la OTAN; y Occidente.

Cimientos nazis 

Como mínimo, parte de los cimientos de la OTAN son nazis. Un ejemplo de ello lo encontramos en Adolf Heusinger, veterano de la I Guerra Mundial y general del Ejército nazi que ascendió hasta presidente del comité militar de la OTAN. Nada más y nada menos. En 1937, al servicio de Adolf Hitler, Heusinger fue destinado al Mando de Operaciones, lo que le permitió participar en las invasiones de Austria, Polonia, Francia, los Países Bajos, Noruega o Dinamarca. A pesar de los crímenes de guerra en los que colaboró como jefe de operaciones e, incluso, como jefe del Estado Mayor del Ejército, Heusinger fue reclutado como agente de la CIA.

Su relación con EE.UU. y el nivel de colaboración con los servicios de inteligencia norteamericanos fueron muy elevados, tanto que fue catalogado en 1950, según documentación clasificada norteamericana, como un "convincente demócrata". Sí, ya lo ven, los nazis que llevaron al mundo a uno de sus momentos más oscuros y provocaron que cien millones de personas fallecieran, incluyendo más de seis millones de personas exterminadas en hornos crematorios, eran, en realidad, convincentes demócratas.

"El listado resulta interminable… Había más altos mandos militares nazis en una reunión de la OTAN durante los años 1970 que en la cantina de un cuartel nazi de los años 1930".

Quizás por ello, el 'convincente demócrata' Adolf Heusinger se convirtió en 1950 en asesor principal del canciller de Alemania Occidental, Konrad Adenauer, sobre asuntos militares y, más tarde, en 1955, con el restablecimiento del Ejército alemán, fue ascendido primero a teniente general y, después, a general del Bundeswehr. Su ascenso meteórico no terminó ahí, ya que en 1961 fue nombrado presidente del Comité militar de la OTAN. No obstante, según los norteamericanos, "se ganó el respeto de sus colegas americanos y alemanes por su competencia profesional y su integridad personal" por ser un "representante influyente de los intereses estadounidenses en la remilitarización alemana y la Organización Gehlen". Por desgracia, a tenor de lo que ha quedado constatado, a Estados Unidos le gusta en exceso respetar a genocidas y tiene una inquietante tendencia a considerarlos 'convincentes demócratas'.

Y es que el caso de Heusinger no fue un caso aislado. Sin ir muy lejos, Reinhard Gehlen fue, tal y como queda claro en los documentos desclasificados señalados, el 'padrino' de Heusinger en la introducción en los círculos de confianza norteamericanos. Hans Speidel, también se convirtió en asesor de Adenauer tras haber servido como teniente general y jefe de gabinete de Erwin Rommel; o Johannes Steinhoff, uno de los pilotos nazis más destacados, llegó a liderar la Luftwaffe y presidir el comité militar de la OTAN después una meteórica carrera militar tras la II Guerra Militar. Pero es que el listado resulta interminable: Johann von Kielmansegg, Ernst Ferber, Karl Schnell, Franz Joseph Schulze, Ferdinand von Senger… Había más altos mandos militares nazis en una reunión de la OTAN durante los años 1970 que en la cantina de un cuartel nazi de los años 1930.

Pavoroso es poco, y no estoy exagerando. Ya que, en el año 2014 se conoció la 'Operación Schnez', liderada por Albert Schnez, coronel de la Wehrmacht que se convirtió en jefe de Estado Mayor durante el gobierno de Willy Brandt. Schnez, desde la confianza de Konrad Adenauer, y con su conocimiento, creó un ejército clandestino alemán nutrido con veteranos nazis cuyo objetivo era estar organizado para combatir una invasión soviética. Se cifra en cuarenta mil efectivos, lo que da una idea del cobijo a militares nazis que tuvo que suponer este ejército encubierto, el cual, por cierto, no quedó recluido a Alemania, sino que tuvo la intención de expandirse a otros países.

Y, como no, la España de Franco fue uno de los enclaves más favorables y lógicos, tanto por ser un país amigo de Estados Unidos como por ser uno de los mejores refugios de los nazis alemanes. Así que, el antiguo coronel de las Waffen-SS, Otto Skorzeny, intentó organizar la 'Legión Carlos V'. Una organización militar que pretendía combatir al mismo enemigo: el comunismo.

"No solo Estados Unidos, la OTAN y Occidente no le hacen ascos a plato alguno, sino que pareciera que aliarse con nazis y ultraderechistas de todo pelaje es de uno de sus platos preferidos".

Este ejército alemán, una especie de 'brigadas internacionales nazis', pretendía alcanzar los 200.000 efectivos, según la documentación desclasificada de la inteligencia alemana (BND). La organización de este ejército clandestino siguió la concepción que Heinrich Himmler, jefe de las SS, concibió para continuar la lucha en Alemania en el caso de una ocupación ('Werwolf'). El plan fue apoyado por Estados Unidos, Alemania, España y el Vaticano, lo que implicó que Harry S. Truman, Konrad Adenauer, Francisco Franco y Pío XII se convirtieran en aliados de facto.

Los amigos de la 'democracia americana'

Por desgracia, podríamos seguir con la Operación Gladio y el terrorismo en Europa, la entrada de las dictaduras portuguesa o griega en la OTAN o la Operación Cóndor y los golpes de Estado en Latinoamérica. Y de forma más reciente, con la colaboración con regímenes autoritarios que dejan mucho que desear —Turquía o las petromonarquías, por ejemplo—.

Así pues, ha quedado demostrado, y la fraternidad exhibida con la ultraderechista Giorgia Meloni lo vuelve a demostrar, que Estados Unidos asevera, al igual que Occidente, que protege los valores democráticos, cuando realmente vela por sus intereses. Sea al precio que sea y sea con quien sea. No solo Estados Unidos, la OTAN y Occidente no le hacen ascos a plato alguno, sino que pareciera que aliarse con nazis y ultraderechistas de todo pelaje es de uno de sus platos preferidos.

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