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Macron y su decálogo del 'renacimiento europeo': ¿Está colapsando Europa?

Publicado: 12 mar 2019 20:31 GMT | Última actualización: 12 mar 2019 21:19 GMT

El presidente francés, Emmanuel Macron, ha llamado a los ciudadanos europeos a la unidad y al renacimiento de Europa, lo que no parece incompatible para el máximo dirigente francés con las –desgastadas– protestas de los 'chalecos amarillos' y la contundencia con la que los policías se han empleado. Este insólito llamamiento se produce ante la previsión del crecimiento de la extrema derecha en las próximas y primaverales elecciones al Parlamento europeo (mayo) y los malos augurios estructurales y económicos que se ciernen sobre Europa y el mundo en general. 

El decálogo del 'renacimiento europeo'

El presidente francés atacó duramente al nacionalismo –chalecos amarillos– y afirmó que la situación por la que atraviesa Europa es crítica. Estamos ante un momento histórico. "Nunca, desde la Segunda Guerra Mundial, Europa ha sido tan necesaria. Ni ha estado tan en peligro. El Brexit es el símbolo. ¿Quién dijo a los británicos la verdad sobre su futuro después del Brexit?". Y tras afirmar que para muchos europeos la Unión se ha convertido en "un mercado sin alma" lanza un decálogo y urge a revisar los tratados. 

El decálogo se divide en tres bloques a lo que se añade el reto de desarrollar África: 

  1. Las injerencias rusas y las redes sociales: una agencia europea de protección de las democracias, la prohibición de la financiación de los partidos políticos por potencias extranjeras y el control de los discursos favorables al odio y la violencia en internet. 
  2. Una unión fronteriza y defensiva: control riguroso de las fronteras e igualdad en materia de asilo con una policía fronteriza común y una unidad defensiva con aumento del gasto militar.   
  3. Reajustes medioambientales, tributarios y salariales: prohibición de las empresas que atenten contra el medio ambiente (cero carbono en 2050, la mitad de pesticidas en 2025 y un banco europeo del clima que financie la transición ecológica), la protección de datos o el justo pago de impuestos y preferencia europea en los mercados públicos y las industrias estratégicas; igual remuneración para trabajadores europeos pero con un salario mínimo europeo adaptado a cada país (no es contradictorio); y supervisión de las grandes plataformas y potenciación de la innovación. 

Y tras el decálogo, la apuesta de una Europa a varias velocidades y la advertencia, nuevamente, sobre el peligro del nacionalismo frente a la globalización: "No podemos dejar a los nacionalistas sin solución explotar la cólera de los pueblos. No podemos ser los sonámbulos de una Europa reblandecida. No podemos permanecer en la rutina. El humanismo europeo es una exigencia de acción". 

La Gran Crisis 

No se trata del primer llamamiento ni seguramente será el último, pues el sistema intenta desde hace tiempo reconectar a ciudadanos cada vez más desilusionados con el proyecto europeo y con el devenir de la globalización mundial y el giro a la extrema derecha que ambos fracasos –Europa y la Globalización– han causado. Y es que las tradicionales cíclicas crisis económicas han aumentado su frecuencia e intensidad y comienzan a solaparse de tal manera que ya parecen una única crisis. Quizás nunca dejaron de serlo. 

Banderas de la UE frente a la sede del Banco Central Europeo, Francfort, Alemania. / Kai Pfaffenbach / Reuters

Sean cualesquiera los motivos de la nueva crisis, se culpa 'oficialmente' por parte de los medios de comunicación de las élites a la guerra comercial y al Brexit, lo cierto es que no hemos terminado de asimilar las consecuencias de la anterior crisis y ya estamos sufriendo las primeras de la siguiente: debido a la desaceleración económica y los ajustes de crecimiento a la baja de la OCDE, Mario Draghi anunció el 12 de marzo que el Banco Central Europeo (BCE) inyectaría más liquidez y retrasaría la subida de tipos de interés. 

Los problemas estructurales: el euro y las tensiones Norte-Sur y Este-Oeste 

Junto a las pésimas perspectivas económicas existen problemas estructurales de gran calado que ponen en duda la propia existencia del euro y que revelan las tensiones territoriales. Por un lado, las tensiones Norte-Sur cuyo origen emana de las diferencias económicas, evidentes al comparar las diferencias salariales: Dinamarca, 3.807 euros; Luxemburgo, 3.228; Irlanda, 2.790;... España, 1.636; Grecia, 1.023; Portugal, 1.017;… Lituania, 566; Rumanía, 563; y Bulgaria, 407 euros (con una media total de 2.000 euros mensuales). En Bulgaria se gana casi una décima parte que en Dinamarca. No solo eso, sino que en los países con menor renta las desigualdades son mayores: España, Grecia, Lituania o Bulgaria se sitúan en una situación crítica en este aspecto. 

Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra de España.
"La propuesta de Macron omite los problemas estructurales más importantes a los que se enfrenta Europa, tanto en su conjunto como en sus partes: sanidad, educación, cultura, fiscalidad (redistribución de rentas), justicia y regeneración democrática". Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra de España.

Y por otro lado, las fricciones ideológicas entre el Este-Oeste, entre países más democráticos en la antigua Europa Occidental (Bélgica, Suecia, Holanda…) y democracias con brochazos autoritarios en el sustrato de la Europa Oriental (Polonia o Hungría) que han tenido réplicas en el sur: Italia o España. Unas diferencias que, lamentablemente, sí parecen que vayan a homogeneizarse. Igualarse por lo extremista parece hoy más sencillo que por lo salarial. 

Basta comprobar la CPI –Índice de la Percepción de la Corrupción– de los países europeos para comprobar sus diferencias: Dinamarca, Finlandia, Suecia, Holanda, Luxemburgo, Alemania o Reino Unido obtienen entre 80 y 88 puntos sobre 100 (75 es el nivel de democracia avanzada) en contraste de España, Malta, Italia, Bulgaria, Grecia Hungría o Rumanía que se sitúan entre 42 y 58 puntos. 

La ausencia de autocrítica 

Un leve vistazo al decálogo francés resulta suficiente para comprobar que el llamamiento de Macron a la Unión Europea en el más amplio sentido, "renacimiento", carece de elementos básicos para la construcción de una sociedad –sanidad, educación, cultura, fiscalidad (redistribución de rentas), justicia y regeneración democrática–, aunque esboce de forma contradictoria la necesidad de una igualdad salarial real (¿con un salario mínimo adaptado a cada país?). 

Carencias que se hacen todavía más acusadas al comprobar la respuesta al presidente francés de Annegret Kramp-karrenbauer, la sucesora de Merkel en el CDU alemán, que solo se muestra favorable a la coordinación de políticas migratorias y fronterizas. Más mano dura con los migrantes y ni una sola concesión a lo social. 

Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra de España.
"Europa ha cometido dos gravísimos errores al no construir una Europa social y al crecer más de lo que sus cimientos le permitían". Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra de España.

Pero ¿cómo se van a poder superar las tensiones entre regiones y cohesionar Europa si las desigualdades en materias tan importantes son tan extremas? 

Desgraciadamente, la propuesta de Macron omite los problemas estructurales más importantes a los que se enfrenta Europa, tanto en su conjunto como en sus partes (que quedan resumidos en una palabra: desigualdad), la respuesta de la alemana AKK supone una voladura irresponsable de la propia Unión Europea. Una invitación a la fragmentación. 

El camino y el lugar de Europa 

El economista y ex socialdemócrata alemán Wolfgang Streeck ya ha predicho, como hemos comentado en otras publicaciones, el fin del capitalismo en base al fracaso de la socialdemocracia y al descrédito de las instituciones democráticas europeas. No solo eso sino que advierte de la necesidad de romper el euro para poder avanzar. Tanto si está en lo cierto como si no –ha sido tachado de catastrofista–, resulta inevitable cuestionarse si Europa ha cometido dos gravísimos errores al no construir una Europa social y al crecer más de lo que sus cimientos le permitían (pero menos de lo que la ambición capitalista y globalizadora ambicionaba –Ucrania, Bielorrusia–). Errores que han provocado que ahora los habitantes se encuentren encerados en un edificio de casi treinta plantas que comenzó a hundirse y balancearse alarmantemente con la crisis económica. 

Fue en ese momento, la crisis originada en el segundo lustro de la década pasada, cuando los arquitectos europeos prometieron a los habitantes del edificio que todo se resolvería arrojando los muebles por las ventanas. Pero cumplido el disparatado plan de la austeridad, el edificio no solo no ha dejado de hundirse y balancearse, sino que parece más endeble por la falta de peso: el casi Grexit, el Brexit, el crecimiento incontrolado de la extrema derecha y el augurio de una nueva crisis económica han añadido grietas al temible balanceo. Con un agravante: los habitantes ya saben que arrojando los muebles por la ventana no se salvará el edificio y sospechan que los arquitectos no tienen mucha idea del asunto o se traen un negocio oscuro entre manos. 

Para evitar repetir la historia, para que Europa no se derrumbe ante el azote del autoritarismo, tal y como explicaba Paul Krugman en su acertada analogía del momento actual con la caída de la República en Roma (en 2016), se hace necesario trabajar en los aspectos antes mencionados –sanidad, educación, justicia, fiscalidad, salarios– para solucionar el mayor de los problemas existentes, la desigualdad. Y para ello solo existe un único terreno en el que edificar sólidamente: democracia.

Democracia avanzada para los cimientos de todo el edificio. Recuerden: el huracán de la extrema derecha se aproxima.

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