Las palabras más bonitas que puede escuchar un paciente oncológico son "tus análisis están bien". Significa que no hay señales de cáncer en el cuerpo. Esas palabras las escuché el 5 diciembre, un día después de mi última quimioterapia. Con ellas, cerré un ciclo de seis meses que ha cambiado mi vida para siempre. Si bien la batalla aún no termina porque me queda el tratamiento hormonal, lo más difícil ha pasado.
Parte del proceso incluyó tomar la decisión de si seguir en China o regresar a mi país a tratarme. En ambos sitios tengo seguro médico que podría cubrirme. Al final, para sorpresa de muchos en ambos lados del océano Pacífico, decidí quedarme. En las siguientes líneas explicaré los dos motivos principales para tomar mi decisión.
La eficiencia del sistema
Entré en el quirófano el 29 de mayo para una cuadrantectomía en el seno izquierdo. En estos casos, el protocolo es el siguiente: se extrae el tumor con tejido cercano y en el quirófano se hace una biopsia por congelación. Si sale bien, se termina la intervención. Si se detecta cáncer, se hace la biopsia de ganglios para ver hasta donde se ha extendido y se opera inmediatamente.
Según diversos estudios, esta biopsia tiene más de 90 % de efectividad. Así que, en un día, se solucionan la mayoría de casos. No obstante, al no ser un 100 %, igual se envía al laboratorio para la tradicional biopsia con parafina que puede tomar varios días.
Yo estuve en el primer caso y me fui a mi casa el mismo día, pero el 3 de junio, el doctor se comunicó conmigo porque habían encontrado un problema. El primer estudio del tumor arrojó la ausencia de células epiteliales, lo que significa que había 95 % de posibilidades de que fuera cáncer. El doctor me dijo que estaba preocupado por mí porque estaba sola en Shanghái (para los chinos, no tener familia cerca significa estar solo) y quería que me preparase emocionalmente. Hasta ahora le agradezco por ese mensaje.
El resultado se confirmó el 9 de junio. Dos días después estaba haciendo mis exámenes preoperatorios y el 12 de junio entré al quirófano. En un momento de ansiedad, le dije al doctor que me hiciera una mastectomía. Me respondió que, en China, por mi edad, solo se programa cirugía conservadora del seno y que la mastectomía se hace únicamente si era médicamente necesario.
Para esta segunda operación, el jefe del área tomó mi caso. Cuando lo conocí, el día anterior a la cirugía, le dije que no se preocupara por mi edad y que, si era necesario sacar todo, que lo haga. No sé si fueron mis palabras que le dieron confianza, su instinto de viejo cirujano o ambos, pero durante la operación decidió hacer un segundo corte y encontraron más tumores con cáncer dentro del seno. Así que procedió a realizar una mastectomía radical, como yo quería.
Gracias a la eficiencia del sistema, el cáncer no tuvo tiempo de extenderse más allá del seno, lo cual me ha dado una excelente proyección para mi recuperación. En menos de 15 días, me operaron dos veces y esperé la confirmación del resultado con el tumor principal afuera.
Según me han explicado, este no es protocolo en todos los hospitales de China, ya que se suele encontrar en los llamados hospitales de tercer nivel. Estos son los más grandes, con departamentos especializados, con patólogos oncológicos y lo que se llama flujos de trabajos multimodales integrados (MDT), es decir, equipos de diferentes especialistas que trabajan en casos específicos. Son los hospitales con más recursos para el cáncer y algunos tienen mayor especialización en ciertos tipos. Por ello, la mayoría, sin importar su condición económica, se atienden en estos hospitales que han desarrollado este protocolo médico rápido para manejar a miles de pacientes.
En general, para llegar al hospital más conveniente para tratar una enfermedad, es necesario hacer una investigación previa para ver en qué se especializan. En el Internet chino se encuentra toda la información y hasta, en algunos casos, calificaciones a los doctores por parte de los pacientes. Hoy la inteligencia artificial hace este trabajo mucho más rápido. En un principio, yo no tenía ni idea de esto y solo fui al hospital cercano a mi casa. Hoy sé que tuve suerte porque llegué al Departamento de Mama y Tiroides del Décimo Hospital Popular de Shanghái, un hospital de tercer nivel.
Ser paciente o ser cliente
La mastectomía me ahorró la tortura de pasar por radioterapia, pero no me escapé de la quimioterapia. A pesar de estar recién operada, con los cuidados adecuados podía retornar a Lima para tratarme. Ahí empezó mi mayor incertidumbre.
Aún recuerdo que mientras esperaba la confirmación del resultado, mi mente de ciudadana de un país neoliberal, acostumbrada a lidiar con seguros privados, se activó. Por ser estudiante internacional, me corresponde un seguro con el que me puedo recibir atención en hospitales públicos. Cuando uno tiene la beca, la universidad lo paga. Cuando se acaba, el estudiante asume el costo de 800 yuanes por año (poco más de 100 dólares).
Empecé a imaginar al funcionario de turno diciéndome que había una cláusula que no cubrían tratamiento por cáncer y entré en pánico. Primero, le pregunté al doctor sobre precios, en caso de que no me cubriera el seguro. Me miró sorprendido y me dijo: "Algo te tiene que cubrir". Luego, fui al área que lidia con todos los seguros, salvo el seguro público y pregunté lo mismo a la "profesora" Li (en chino se usa el término profesor para dirigirse a funcionarios administrativos). Me dijo que me tenía que cubrir, pero la "neoliberalidad" en mí pudo más e insistí con mi pregunta y al decirlo se me quebró la voz.
Me miró muy seria y me dijo: "Tú no te preocupes. No te vas a quedar sin atención".
Por otro lado, cuando empecé a contemplar volver a Perú, me contacté con la empresa del seguro. Resultó que hace 11 años compré un seguro oncológico, pero que tenía que recién activarlo. Para ello, tenía que llevar todos los documentos, incluyendo imágenes, que además debía traducir, para evaluar si me cubrirían un cáncer detectado en el extranjero. Supongo que tener un seno menos no era suficiente evidencia.
En Perú, aquel funcionario que imaginé si era una potencial realidad. Ya el solo hecho de que quisieran evaluar mi caso para activar el seguro, demuestra que no me ven como una enferma que necesita atención inmediata sino como cliente y que tienen evaluar el riesgo de la empresa. Ahí entendí que, en realidad, mi decisión no era entre tratarme en China o en Perú, sino entre ser paciente o ser cliente.
Con el seguro privado, corría el riesgo de quedarme sin atención porque podían buscar cualquier argumento para no tratarme. Además, si lo hacían, al año siguiente, mi póliza me llegaría más cara, por ser "paciente de riesgo". La empresa nunca pierde y mientras más te enfermes, más caro les saldrás. La salud privada, como cualquier empresa, prioriza las ganancias antes que la salud del paciente.
Por otro lado, en el Perú no se producen medicinas para quimioterapia. Si por algún motivo no llega una, le toca al paciente arreglárselas para comprarla. Un amigo me contó sobre un conocido. El joven tiene leucemia y ya va gastando más de 200.000 soles (casi 60.000 dólares) extras a pesar de tener el mejor seguro privado contra el cáncer del país. Apuesto que cualquiera que me lea desde un país con la salud privatizada ha escuchado una historia parecida.
Cuando el sector privado falla, la opción es un sistema público deficiente o en otras palabras, toca ir al público a morirse haciendo cola. Si tienen suerte de encontrar un lugar, el riesgo es que la medicina no sea de calidad. De hecho, en septiembre de este año, el Ministerio de Salud emitió una alerta por dos medicamentos de quimioterapia defectuosos. Uno de ellos, el Docetaxel, es el que me pusieron a mí. Si sucediera algo parecido en China, más de uno acabaría preso.
Mi decisión se cayó de madura. Bendita sea la salud pública.
Hoy vuelvo la vista atrás agradecida con aquellos que me apoyaron en el proceso. Fang, Hu, Luo, Wang, Huang y Hua son los apellidos de los especialistas en mama que me atendieron alguna vez durante estos meses; además de la enfermera Li y muchas otras cuyos apellidos no apunté.
Tampoco puedo olvidar a la doctora Lü del área de acupuntura del mismo hospital.
Todos son apellidos de los llamados "100 apellidos chinos" que comparten millones de ciudadanos de este país, pero que para mí ahora tienen otro significado. En el futuro, cada vez que los escuche o conozca a alguien con esos apellidos, mi mente me remitirá a sus rostros, a la paciencia que tenían para responder a todas las preguntas de esta extranjera preguntona y a su sensibilidad sabiendo mi condición de estudiante.
Como cualquiera, no sé cuándo moriré, pero sí sé que gracias a que estuve en China y al personal médico que me atendió, le he podido robar unos años a la muerte. Por ello, nunca tendré palabras suficientes ni adecuadas para poder expresarles mi agradecimiento.