La decisión de imponer sanciones a tres funcionarios del Gobierno chileno, incluyendo el ministro de Transportes y Comunicaciones, Juan Carlos Muñoz, ha sido un nuevo zarpazo de EE.UU. a América Latina.
Ha pasado poco más de un año del comienzo del segundo gobierno de Donald Trump y podemos decir que, en cuanto a su política exterior, está siendo un hombre de palabra. Hace poco más de un año escribí una columna en la que indicaba que, con Trump, se caerían las caretas, que ya no estaban obligados a pretender que promueven un mundo basado en reglas y que América Latina y el Caribe (LAC) se llevaría la peor parte.
Las palabras matonescas al inicio de su mandato se hicieron doctrina política. En noviembre pasado, la Casa Blanca publicó una nueva doctrina de seguridad nacional en la que presentó el 'Corolario Trump', que consiste en:
"Reforzar la Doctrina Monroe para restaurar preminencia en el hemisferio occidental, y proteger nuestra patria, así como el acceso clave a geografías por toda la región. Nosotros negaremos a competidores no hemisféricos la habilidad de posicionar fuerzas o amenazar capacidades, o de controlar activos vitales en nuestro hemisferio".
En la práctica, el único "competidor no hemisférico" es China y así, simplemente, tomaron la decisión en nombre de todos, a pesar de que muchos de nuestros países dependen del comercio con el gigante asiático.
La realidad de EE.UU. en el mundo
EE.UU. está perdiendo por todas partes. Primero, perdió su guerra comercial contra China y están condicionados. A la primera que vuelvan a atacar, los chinos volverán a cancelar la exportación de tierras raras a EE.UU., como hicieron el año pasado, lo cual desató pánico en la Casa Blanca.
Por otro lado, según el internacionalista Kishore Mahbubani, los países de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN, en inglés), le han hecho saber a EE.UU. que, si les hacen elegir, no les va a gustar la respuesta.
Asimismo, en los últimos días, cientos de misiles y drones iraníes han caído sobre bases estadounidenses por toda Asia Occidental. La respuesta de Irán ha mostrado a sus vecinos que tener bases del país norteamericano no es ninguna garantía de seguridad y esto va a significar un quiebre en cuanto a la presencia de EE.UU. en la región.
Su reciente ataque a Irán más parece una concesión al ente israelí que un cambio de doctrina. Además, como resultado de este disparo en el pie con Irán, EE.UU. perderá presencia en Asia Occidental y, con mayor motivo, se aferrará a "su" hemisferio, donde parece no tener resistencia.
La facilidad de EE.UU. para dominar el hemisferio
Es importante mencionar que en el único lugar donde la administración Trump ha tenido avances es en LAC. Desde antes de la publicación de la estrategia de seguridad nacional, ya se notaba la avanzada en la región, la cual es posible por los altos niveles de cipayismo de sectores políticos, principalmente, de derecha, como sucedió en Panamá.
Sin embargo, en lo que va del año, han acelerado su accionar imperialista. Empezaron con el bombardeo de Caracas y el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa. Luego, con el criminal bloqueo contra Cuba.
La siguiente presa fácil fue Perú, aunque su accionar fue más sutil. La intromisión en un asunto interno relacionado al puerto de Chancay, producto de un vacío legal, mostró la fragilidad de la corrompida clase política peruana. El Gobierno peruano de turno terminó sacando un comunicado criticando abiertamente a la empresa de Cosco Shipping Perú.
Cabe mencionar que la empresa sigue la normativa local. La solución está en pedir la renegociación de condiciones, no en atacar a quienes han llevado a cabo la mayor inversión en infraestructura en el país. No obstante, la presión estadounidense fue más fuerte.
Finalmente, le tocó a Chile. A raíz de la reavivación del proyecto Chile-China Express para conectar directamente ambos países a través de un cable submarino de fibra óptica. Por supuesto, EE.UU. no quiere que suceda.
Un proyecto de larga data
Chile-China Express es un proyecto de larga data. Tuvo su concepción durante el segundo mandato de Michelle Bachelet y la evaluación del proyecto recayó sobre el segundo mandato de Sebastián Piñera.
Según el exembajador chileno en China en ese momento, Luis Schmidt, en el 2019 ya había un viaje programado a Shenzhen, el centro tecnológico de China, con una agenda clara. No solo iban para recabar información, sino también para llegar a acuerdos con otras instituciones en cooperación tecnológica.
No obstante, el entonces secretario de Estado, Mike Pompeo, visitó Chile. Durante esos días, transmitió por diferentes vías que EE.UU. no veía con buenos ojos el proyecto. En palabras de Schimidt, Piñera le dijo que "por prudencia" lo mejor era suspender la visita.
Para no quedar mal con la contraparte china, se redujo la agenda a una reunión con los directivos de Huawei en la que dijeron que el proyecto no podía ser de gobierno a gobierno, como fue planteado por los chinos, sino que se debía hacer una licitación internacional, la cual se hizo.
Como resultado, nació el proyecto Humboldt de capitales estadounidenses y que conecta con Australia; mientras que, el proyecto del cable conectando China y Chile quedó dormido.
La resurrección del proyecto
Las sanciones estadounidenses fueron el detonante para que el proyecto se hiciera de dominio público. ¿Qué llevó al gobierno de Gabriel Boric a retomarlo justo al final de su mandato? Reviso la prensa chilena y parece que ni los mismos chilenos lo saben. Las críticas a la falta de transparencia parecen ser válidas, pero no deben distraer de lo importante.
Primero, que ciudadanos chilenos han sido sancionados por EE.UU. por acciones que solo incumben a Chile. Es una intromisión en asuntos internos del país que ningún Estado soberano debería aceptar.
Segundo, de hacerse realidad el proyecto, Chile tendría conexión directa no solo con China, a donde van el 40 % de sus exportaciones, sino con otros países de Asia. Sin contar que haría el Internet aún más rápido y barato. Además, el cable sería el único de Sudamérica y daría a Chile autonomía digital que convertiría al país en un 'hub' tecnológico de la región.
Algunos críticos del proyecto se basan en el refrito de la seguridad de datos, levantando el imaginario anticomunista y una supuesta "falta de transparencia", como si EE.UU. no pudiese hacer lo mismo.
De hecho, hoy en día, todas las comunicaciones entre China y LAC pasan por el país norteamericano y hay tanto interferencias como capturas de datos. El lado chino quisiera tener comunicación directa; mientras que, tener un cable no occidental es justo lo que le daría a Chile autonomía digital y soberanía.
La protección de datos se soluciona con acuerdos legales que, por lo que he podido encontrar, China siempre ha respetado. No parece ser lo mismo con EE.UU., que impuso a Chile un arancel del 10 % en sus exportaciones, a pesar de tener un tratado de libre comercio.
Existe un tercer aspecto que, probablemente, no se discuta en Chile, pero que se ve desde afuera. La decisión de continuar con el proyecto no solo sería un acto de soberanía, sino que transmitiría el mensaje al resto de países de la región de que es posible no dejarse amilanar por el "matón del barrio" y poner los intereses nacionales primero.
Hasta ahora, tres países han mostrado cierta resistencia a Trump: Brasil, México y Colombia. Los dos primeros son los gigantes de LAC y tienen un trato diferente. En el caso de Colombia, se debe a las habilidades políticas únicas de Gustavo Petro, quien pronto terminará su mandato.
El resto de países medianos y pequeños han sido arrasados. Chile puede cambiar la historia, y no es la primera vez que pasa. Tal vez, los gobiernos de turno no lo vean (aunque confirmo que en Perú sí lo harían), pero los pueblos sí y exigen.
Por ahora, la decisión recae sobre el gobierno de José Antonio Kast, quien pertenece a la derecha chilena, simpatizante de Pinochet y disque patriota hasta que se trata de la relación con EE.UU. Las proyecciones no son buenas.
Tal vez, habría que recordarle que Pinochet, luego de dar el golpe orquestado con EE.UU., mantuvo su relación con la República Popular China porque, a pesar de odiar a los comunistas, entendió que era lo mejor para Chile.