Opinión

Por qué el trumpismo llegará hasta el final en las elecciones de EE.UU.

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El presidente de EE.UU., Donald Trump, ha movido su maquinaria hacia los lugares donde está siendo derrotado, para impugnar y desconocer el resultado de las elecciones. Se declaró ganador el mismo domingo, pero al pasar las horas, su rival, el demócrata Joe Biden, ha quedado más cerca de la victoria.

Es de esperar, teniendo en cuenta el carácter del actual presidente, que de perder inicie una cruzada para perpetuarse en la Presidencia por cualquier vía. Su poder en la Corte Suprema, donde tiene mayoría, hace suponer que el poder de fuego se dirigirá hacia ese escenario.

Para comprender las actuales elecciones, hay que reconocer que Trump ha logrado un resultado que, como aquel 2016, ninguna encuesta esperaba, aumentando su votación, hasta los preliminares, en casi cinco millones de votos con relación al 2016.

Así, este 3 de noviembre demostró que Trump no era un 'error histórico' fácilmente desplazable o un outsider con suerte de principiante en la política, sino que es un fenómeno que logra articular públicos, o incluso crear un nuevo sujeto político en EE.UU. Ha confirmado que tiene verdadero arraigo político.

Todo ello, en medio de las vicisitudes que ha vivido esa nación el último año con la pandemia y su posible responsabilidad en el agravamiento de la situación, además de la prolongada revuelta antirracista que lo ubicó como enemigo principal y un 'consenso' sobre su liderazgo 'nocivo' para el mundo.

A pesar de todo, Trump y el trumpismo siguen en la pelea y es necesario comprender el por qué.

Tal como se había previsto, el estrecho margen electoral por la Presidencia de EE.UU. generaría reacciones, especialmente en Trump, de quien sus opositores temen que no reconozca el resultado si le es desfavorable o incluso que no quiera entregar el poder.

Estas largas horas a la espera de los resultados finales eran previsibles y pueden llevar la pugna fuera del ámbito electoral, como por ejemplo la Corte Suprema.

El punto más álgido de los prolegómenos de esta confrontación se vivió a finales de agosto, cuando en medio de acusaciones y señalamientos mutuos en torno a una posible actuación de las fuerzas armadas en el proceso electoral, el jefe del Estado mayor, Mark Milley, tuvo que intervenir para sacar a la institución militar de la diatriba y declararla "apolítica".

Pero ya no estamos en campaña ni en debates públicos. Lo que hoy está en juego es quiénes gobernarán EE.UU. los próximos cuatro años y hay muchos factores de poder en disputa.

Ociel Alí López, sociólogo, analista político y profesor de la Universidad Central de Venezuela
Ociel Alí López, sociólogo, analista político y profesor de la Universidad Central de Venezuela
La naturaleza populista del trumpismo intentará pasar la aplanadora con el brazo institucional que maneja, como la Corte Suprema o el Senado, y en cambio, atacar mecanismos institucionales como el voto a distancia. Habrá que ver cómo Biden puede defenderse

A diferencia de la mayoría de países del mundo, donde los resultados deben saberse el mismo día o cuando mucho pocas horas después, en EE.UU el complejo sistema electoral, que incluye el voto a distancia por correo, estimula la tardanza en el conocimiento de estos. A ello se suma que los resultados son muy cerrados. Además, con la pandemia, ha aumentado considerablemente la votación a distancia, que tarda más en ser recabada y contada.

La naturaleza populista del trumpismo intentará pasar la aplanadora con el brazo institucional que maneja, como la Corte Suprema o el Senado, y en cambio, atacar mecanismos institucionales como el voto a distancia. Habrá que ver cómo Biden puede defenderse de un hipotético triunfo.

Trump contra todos

Se puede decir que la estrategia del 'todos contra Trump' que se diseño desde el comando de Joe Biden terminó solidificando el liderazgo del presidente, independientemente del resultado final que genere.

No se trata, ahora lo tenemos más claro, de una inmensa brecha entre una ciudadanía liberal y una minoría de extrema derecha con buena pegada, estrategias astutas y mucha publicidad, sino que se trata de un nuevo sujeto político que está revitalizando al republicanismo, con el que la nación estadounidense tendrá que convivir durante un buen tiempo, y que va a hacer lo posible para quedarse en el poder.

Más allá del recuento de votos, lo que deja este 3 de noviembre es la evidencia de un país polarizado, en el que los más lejanos episodios históricos, como la guerra de secesión, regresan a las mentes no solo como un recuerdo, sino como probable escenario futuro, en una nación con gente muy armada y con minorías radicalizadas tanto del lado supremacista blanco como del antirracismo. 

Ociel Alí López, sociólogo, analista político y profesor de la Universidad Central de Venezuela
Ociel Alí López, sociólogo, analista político y profesor de la Universidad Central de Venezuela
No se trata, ahora lo tenemos más claro, de una inmensa brecha entre una ciudadanía liberal y una minoría de extrema derecha, sino que se trata de un nuevo sujeto político que está revitalizando al republicanismo, con el que la nación estadounidense tendrá que convivir durante un buen tiempo, y que va a hacer lo posible para quedarse en el poder.

Tanto, que todavía no se sabe qué pueda pasar, cuando ya han pasado más de 72 horas del cierre de las urnas.

¿Cómo se llegó hasta aquí?

El trumpismo, para caracterizarlo brevemente, es una articulación entre el voto tradicional republicano, adulto y blanco, y la clase trabajadora que votaba a los demócratas, pero fue encantada por el discurso nacionalista de Trump. Es un nuevo sujeto político que básicamente quiere sacudirse a la globalización, a los dogmas liberales y al establecimiento que gobierna desde Washington. 

Sin embargo, este es un concepto que habrá que relativizar, debido a la recuperación de los demócratas en el Rust Belt, el cinturón del óxido, donde había sorprendido Trump en 2016.

Trump produce un liderazgo interpelativo y pugnaz que le ha permitido a los republicanos dirigir el destino de la nación los últimos años y también aumentar su caudal de votos en medio de inéditas calamidades.

Este liderazgo, acostumbrado a arrebatar, pierde si no llega hasta las últimas consecuencias para quedarse en la Casa Blanca. No puede ser débil en situaciones pequeñas. Va a luchar hasta el final.

Las encuestas que le daban amplia ventaja, de hasta 10 puntos, a Biden sobre Trump nuevamente han errado. De la misma forma que en 2016. Así que ya pueden ubicarse en un rango de fallo crónico.

Pero también es verdad que Biden supo realizar su estrategia, y logró venir de atrás en el conteo como esperaba, sorprendiendo a Trump y ganando en varios estados que habían perdido los demócratas en 2016.

Muchas de las victorias parciales de Biden se las debe a Obama. Especialmente la del Rust Belt. Otras se las debe a Trump, como el voto latino, que alcanzó importancia en estados como Nevada y Arizona, cuando todos los ojos estaban puestos en los latinos de Florida.

La participación electoral más elevada en porcentaje de los últimos 120 años quiere decir que el pueblo estadounidense se sumó al debate político, que participa en la confrontación como un sujeto activo y que la brecha entre ambas posturas no es una cuestión de partidos, sino de dos grandes sectores sociales en los que se divide de manera tajante la población estadounidense.

Las próximas horas serán cruciales para la historia de esa nación.

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de RT.