A un año de la toma de posesión del presidente de EE.UU., Donald Trump, América Latina ya no es la misma. El cambio ha sido diametral. Desde un primer momento, en la agenda internacional del entonces nuevo mandatario, se notaba especial atención en la región.
Y apenas fue juramentado, comenzó a mover fichas, avanzar en posiciones, intervenir en política de los países y a trazar un nuevo mapa de sus amigos y enemigos. No es que el resto del mundo esté exento de lo que hace o decide Trump, sino que su principal foco y donde más se ha modificado el relieve político es en Latinoamérica.
En el mismo mes de enero, colocó con ahínco en la agenda su primer despliegue hacia el punto más estratégico del continente: el canal de Panamá. Demostrando su temperamento, "por las buenas o por las malas", presionó al gobierno panameño para que se saliera de la Ruta de la Seda con China, lo cual hizo el gobierno panameño apenas 12 días después del posicionamiento. En expedito presionó a las empresas chinas, propietarias de puertos, que los pusieran en venta a empresas estadounidenses, incluyendo el fondo BlackRock, un proceso que inició de inmediato pero que no ha culminado casi un año después.

En abril del 2025, Washington y Panamá firmaron un memorando de entendimiento para cooperación militar y para permitir el acceso de tropas estadounidenses al país centroamericano. En junio de ese año, ya habían tropas entrenando a fuerzas panameñas y realizando ejercicios militares conjuntos.
Trump traía un repertorio de opciones (arancelarias, doctrinales, diplomáticas, militares, políticas), que aplicó de primero en Panamá, donde develó los niveles de presión y premura que traía para con el continente, pero que enseguida comenzó a destinarlos al resto de la región.
Por supuesto, no se quedó en Panamá. A lo largo de los primeros 12 meses de su segundo mandato, Trump hizo diferentes intervenciones de diverso signo.
En algunos países intervino activamente en las elecciones, como fue el caso de las presidenciales de Ecuador en abril; Bolivia en octubre; y de Honduras y Chile en diciembre, así como en las elecciones de medio término de Argentina, en octubre pasado. En todas, sus "gallos" resultaron ganadores, con amplio margen, salvo Honduras, cuyo resultado se alargó varias semanas.
En estas experiencias utilizó un método similar: pocos días antes de la elección ofreció respaldo, beneficios y hasta un paquete millonario si llegaba el candidato por él mencionado, negándoselo de antemano a la opción contraria.
De la esfera política a la militar
Que un presidente ofrezca apoyo a un candidato de otro país no es algo nuevo, lo hacen casi todos los presidentes independientemente de su signo político. Pero es que Trump no se quedó en el campo político sino que también movió fichas militares. Especialmente en Argentina, durante este año, estableció lazos de cooperación militar con el presidente Javier Milei para que las fuerzas estadounidenses ocuparan, entre otros puntos, la estratégica base militar de Ushuaia, en Tierra del Fuego, que es la puerta de entrada para la Antártida y un puesto de control para el tránsito entre el Atlántico y el Pacífico sur.
Trump no se quedó en el campo político sino que también movió fichas militares.
En diciembre, aeronaves militares de EE.UU. arribaron a la base de Manta (Ecuador), las cuales, según declaró la canciller de ese país, Gabriela Sommerfeld, estarán allí por un "tiempo de operaciones indefinido". El 5 de diciembre, el Congreso de Perú aprobó el ingreso de tropas estadounidenses al territorio peruano para realizar labores de "cooperación" con las Fuerzas Armadas y la Policía. Ya en enero de 2026, el departamento de Estado aprobó 1.500 millones de dólares para modernizar la base naval del Callao, a 80 km del mega puerto de Chancay, construido por empresas chinas y el cual se ha convertido en un epicentro comercial de las relaciones entre Asia y América del Sur. Quizá uno de los objetivos militares primordiales para la región de la Administración de EE.UU. y de acuerdo con el Corolario Trump, sea cercar este puerto, para poner en vilo la cadena de suministros e intercambios con China.

Indudablemente que Venezuela ha sido el flanco privilegiado de Donald Trump, de quien ha obtenido un trofeo debido a la captura del presidente Nicolás Maduro y a la precisión de la acción quirúrgica que llevó a cabo el 3 de enero, la cual emitió la señal al mundo de que el nivel tecnológico militar de EE.UU. tiene capacidad e intensión de intervenir donde lo considere, convirtiéndose en una amenaza directa para gobiernos que no se alineen a sus intereses, como el de Colombia o México. El 3 de enero también sirvió para acrecentar las ínfulas intervencionistas y proferir amenazas o preparar planes de acción militar contra Groenlandia, México y Cuba.
En diciembre, la Casa Blanca publicó la Estrategia de Seguridad Nacional (ESN), que retoma la 'Doctrina Monroe', la cual reza "América para los americanos", solo que ahora reactualizada con un 'Corolario Trump' que permite comprender toda esta avanzada.
Las resistencias
América Latina ha producido resistencias importantes contra este avance. Quizá la más, por su impronta política, ha sido el resultado de la consulta de noviembre en Ecuador, donde el 60,5% de los ecuatorianos votaron 'No' a la pregunta sobre la reinstalación de bases militares extranjeras, prohibidas expresamente en la carta magna de ese país, a pesar del apoyo de Washington y los dos viajes realizados en las vísperas de los comicios por parte de la secretaria de Seguridad Nacional de EE.UU., Kristi Noem.
En Venezuela, a pesar de lo efectivo de la acción militar realizada, el gobierno chavista se mantiene en el poder político. Ha tenido que ceder en varias cuestiones, debido a la amenaza militar, pero está estableciendo una estrategia de hacer tiempo, y de negociar, lo que le da cierto margen de maniobra ya que el tipo de operación realizado también demuestra la incapacidad militar de EE.UU. para invadir Venezuela, permanecer allí e imponer un gobierno a su "imagen y semejanza". Otra reacción importante ha sido la negativa de China de vender sus empresas en Panamá. A pesar de que Trump lo planteó prácticamente llegando al gobierno, eso todavía no ha procedido y entró en una fase de "congelación" que le impide a EE.UU tomar el control fáctico y definitivo del canal. De la misma forma, toda este desplazamiento envolvente de EE.UU. hacia el continente, tomando bases militares, imponiendo aranceles, cambiando gobierno e interviniendo en elecciones, no ha disminuido el comercio de los países de la región con China, que incluso ha aumentado en naciones cuyos gobiernos están alineados directamente con Washington, como el caso de Argentina, Ecuador y Perú.
Todo esto quiere decir que el avance simbólico y real que ha tenido EE.UU. tiene resistencias de peso que pueden llegar a ser efectivas desde diferentes tácticas o estrategias que habrá que comenzar a evaluar. Otra renuencia a tomar en cuenta es la que se produce en el propio país del norte debido al creciente rechazo de las políticas de Trump hacia América Latina, relacionadas con la migración y persecución a los latinos así como las acciones contra Venezuela, que se han manifestando no solo en las calles sino en el propio Senado, donde las fuerzas republicanas se han visto mermadas.


