Ushuaia, la pieza más avanzada (y silenciosa) en el tablero estadounidense

Ociel Alí López

Mientras las tensiones geopolíticas se trasladan vertiginosamente de Venezuela a Irán y la crisis en Minesota acapara las miradas, en el extremo sur del continente se ha ejecutado un movimiento de piezas que redefine la soberanía regional, en tanto va completando —como un rompecabezas a medio terminar— el mapa del posicionamiento continental desplegado por la Administración Trump, según el diseño de su Estrategia de Defensa Nacional (EDN).

La jugada se ha dado en medio de mucho silencio, en comparación con los focos mediáticos y diplomáticos. En la última semana de enero de 2026, el gobierno argentino de Javier Milei no solo intervino el Puerto de Ushuaia, sino que formalizó una arquitectura de seguridad que sitúa a la "ciudad del fin del mundo" como el nuevo pivote del Comando Sur en el Atlántico Sur.

Intervención del Puerto de Ushuaia

El último antecedente ocurrió el pasado 22 de enero, cuando la Agencia Nacional de Puertos y Navegación (ANPyN) emitió la Resolución 4/2026. Bajo el argumento oficial de "fallas estructurales, falta de inversión y presunto desvío de fondos", el gobierno nacional suspendió la habilitación del puerto por un año, desplazando a la administración provincial de Tierra del Fuego, a cargo de Gustavo Melella, quien llevó el caso a la justicia argentina.

En definitiva, con argumentos "administrativos", el gobierno central le quitó al gobierno provincial su control sobre el trascendental puerto.

Quien tiene el control de Tierra del Fuego y de Panamá, sencillamente controlará el paso total entre ambos océanos. A ello se suma el in crescendo interés en las tierras raras.

La medida generó más que suspicacias, ya que el puerto estuvo en la mira de EE.UU. desde el comienzo de la segunda gestión del presidente estadounidense, Donald Trump. También porque, en junio de 2023, China retiró el proyecto de construcción de un parque industrial para procesar urea, glifosato y amoníaco en la misma provincia.

¿Y por qué es estratégico este punto? Porque es la entrada a la Antártida, en un momento en el que el deshielo repotencia la importancia de los polos para la navegación y el comercio. Además, es el paso obligatorio para el tránsito marítimo entre los océanos Atlántico y Pacífico. Quien tiene el control de Tierra del Fuego y de Panamá, sencillamente controlará el paso total entre ambos océanos. A ello se suma el in crescendo interés en las tierras raras.

Así, ya en abril de 2024, la entonces jefa del Comando Sur de EE.UU., la general Laura Richardson, se reunió con el presidente Javier Milei en el puerto en cuestión, donde anunciaron que la base naval que construía Argentina en el lugar estaría administrada conjuntamente con los nuevos aliados del norte. Luego, Alvin Holsey, sucesor de la generala, visitó Argentina dos veces en 2025.

Ciertamente, las alarmas se encendieron en la política argentina cuando, casi en simultáneo al anuncio de intervención, el 25 de enero, un Boeing C-40C de la Fuerza Aérea de EE.UU. aterrizó en Ushuaia con un contingente militar y una delegación legislativa. Si bien la Embajada estadounidense lo enmarcó en una misión del Congreso para tratar temas de "minerales críticos y salud pública", el contexto de la visita apunta a la consolidación de la Base Naval Integrada: la intervención del puerto no era un anuncio cualquiera. Sin embargo, no es un tema que interese aún en la agenda mediática internacional, a pesar del tenor del acontecimiento en términos financieros y militares.

El contexto de la visita apunta a la consolidación de la Base Naval Integrada: la intervención del puerto no era un anuncio cualquiera. Sin embargo, no es un tema que interese aún en la agenda mediática internacional.

La visita legislativa, más que de cortesía, no solo está preñada de intenciones, sino que concretó de facto una realidad logística financiada parcialmente por Washington, que busca transformar a Ushuaia en un centro de reparaciones navales, procesamiento de residuos y gestión de recursos estratégicos, según las propias declaraciones de los actores.

La presencia de congresistas estadounidenses debería supervisar los permisos para la gestión de minerales críticos —necesarios para la transición energética global— y asegurar la alineación de las fuerzas armadas argentinas a la operación, según los intereses de la potencia del norte, recientemente más agresiva en las formas de conseguir sus objetivos.

Garrote para Venezuela, zanahorias para Argentina

Esta apertura de Milei con Washington no es gratis. Un jugoso rédito ha sacado el presidente del hermanamiento con la administración de Donald Trump. Basta recordar que el presidente estadounidense intervino en la campaña de medio término en el país suramericano y aupó al libertario con la promesa de otorgarle 20.000 millones de dólares a Argentina.

Este alineamiento, además, ya había dado buenos dividendos. Hablamos de multimillonarios rescates para su plan económico: uno pactado con el Fondo Monetario Internacional (FMI), en abril pasado; y otro del Tesoro estadounidense, en septiembre último.

En definitiva, Argentina ofrece su ventaja geográfica —la llave a la Antártida y el control del paso interoceánico— a cambio de dinero fresco y un reposicionamiento simbólico en el tablero global.

Scott Bessent, secretario del Tesoro de EE.UU., elogió sin matices a Milei el pasado domingo: "Argentina se ha convertido en la pieza central de la estrategia de EE.UU. para América Latina", aseguró.

La alianza se profundiza aún más en el plano geopolítico, siendo Argentina el único país latinoamericano invitado por Washington a formar parte de la junta de paz para Gaza. Al mismo tiempo, Buenos Aires confirmaba su participación en la cumbre de jefes militares de 34 naciones, programada para el 11 de febrero en EE.UU.

En definitiva, Argentina ofrece su ventaja geográfica —la llave a la Antártida y el control del paso interoceánico— a cambio de dinero fresco y un reposicionamiento simbólico en el tablero global.

El nuevo escenario de "seguridad hemisférica"

La rapidez con la que se ha ejecutado la intervención del puerto esta semana marca un punto de no retorno. Mientras la izquierda latinoamericana tradicional se concentra en denunciar el bombardeo a Caracas, en el Cono Sur se está instalando un modelo de control con mayor confort.

Ushuaia ha dejado de ser una disputa provincial para convertirse en el punto de contacto entre la Doctrina Monroe 2.0 y las necesidades logísticas de un país como EE.UU., que busca blindar el Atlántico Sur ante el avance de sus adversarios.

Tomado el puerto de Ushuaia en la parte más austral del continente americano; proyectada la repotenciación de los puertos del Callao (Perú) y de Manta (Ecuador) en el océano Pacífico; posicionado el ejército en torno al canal de Panamá; cercado el petróleo venezolano; y con los ojos puestos en el otro polo —Groenlandia—, el "Corolario Trump" ya no es un proyecto de papel, sino que comienza a asentarse rápidamente en toda América.

Sin embargo, el proyecto continental, que avanza muy rápido, aún no tiene mucho más que "cabezas de playa". ya que los puertos pretendidos confrontan resistencias nacionales que pueden imponerse en un próximo cambio de correlación.

Así las cosas, la disputa continúa en todo el continente, no solo donde se marca la agenda política y mediática.