Opinión

Un planeta invisible: el poder supremo, los medios y la confusión de 'El Principito'

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"Lo esencial es invisible para los ojos. — Lo esencial es invisible para los ojos —repitió El Principito para acordarse...". Estas líneas de uno de los libros más importantes del siglo pasado, traducido a todos los idiomas escritos del mundo, llegaron a ser casi una antítesis de lo que ahora le impone al planeta el modelo socioeconómico dominante.

Me acuerdo como en un reportaje, en las primeras semanas después de la tragedia de Chernobyl, cuando se tomó la decisión de evacuar los 30 kilómetros del territorio contaminado alrededor de la central nuclear siniestrada, una abuelita de la zona, negándose a abandonar su casa, decía a los corresponsales: "No me iré, lo revisé bien todo y en mi huerto no hay ningún átomo". 

Vemos lo que acostumbramos ver. Lo que nos conviene. Lo que nos tranquiliza. Para mí siempre ha sido impresionante escuchar a los turistas que regresan de Cuba, pues sus cuentos son sobre Cubas muy diferentes, prácticamente contrarias. No mienten, solo son las cosas que realmente ven, desde sus creencias, expectativas, prejuicios o sueños. Por eso, todo lo que ven es verdad, y también es mentira. La mirada humana siempre se construye desde nuestros propios contenidos, recuerdos y frustraciones, muchas veces sin saberlo construimos la superficie visible de la realidad, que sinceramente ignoramos. Sin los largos y complejos contextos culturales e históricos no se puede entender nada. Es muy importante comprenderlo en estos tiempos, cuando se nos impone la frivolidad y la estupidez, cuando las bandadas de memes primitivizan nuestro lenguaje y moldean el pensamiento. 

El poder supremo del Dinero construye el mundo a su imagen y semejanza. Nos habla de la "realidad concreta" y sus fetiches materiales, como si fueran las únicas varas para medir nuestro tiempo y espacio, lo temporal de su concepto de "bienestar", incompatible con nuestra arcaica costumbre de soñar con las estrellas, se convierte en una guía para la máquina capitalista destructora de la vida.  

El autor de 'El Principito', Antoine de Saint-Exupéry, constructor de planetas invisibles y necesarios para comprender mundos infinitos bajo la piel de la realidad, no fue un ingenuo fantaseador prófugo de la realidad. Prueba de ello es su avión de guerra reposando en las profundidades del Mediterráneo, en el que él enfrentó al fascismo en los cielos de Europa. 

Toda la construcción mediática contemporánea nos ofrece una triple manipulación, como mínimo

Primero, se educan generaciones privadas de las bases más esenciales del conocimiento de la historia y de la cultura mundial; segundo, se enseña a entender el mundo como si fuera un cómic, con hechos lineales, exagerados, caricaturescos, como para alguien que no es capaz de analizar nada, sin espacios para ningún tipo de discrepancias o disidencias respecto a la línea oficial marcada por los grandes medios; y tercero, se construye una narrativa política basada en una combinación de verdades a medias y 'fake news' con la total ausencia de cualquier control o análisis crítico.

Así, "lo visible", armado con ayuda de las tecnologías más modernas, rápidamente reemplaza las realidades de los pueblos y las culturas. Se construye un falso y extremadamente autoritario discurso del "progreso" y desde una lógica binaria de la guerra entre los "buenos" y los "malos", las culturas y las tradiciones de los pueblos se declaran sinónimo del "atraso", dejándoles espacio solo para estar en los 'shows' folclóricos o concursos dentro del mercado del turismo, a veces más destructivo que la gran minería o la modificación genética de productos milenarios. 

Los medios, como nunca antes sumisos a los intereses corporativos, siguen con su macabro juego de visibilizar o invisibilizar lo real y lo fantasioso para que la conciencia de las nuevas generaciones acostumbradas a los juegos virtuales definitivamente deje de distinguir entre el mundo humano y sus múltiples interpretaciones

Las últimas guerras llegan a ser más telegénicas que los programas bélicos en los 'game centers' mundiales, todo se confunde y se naturaliza. Las pantallas siguen moliendo los cerebros, preparando la opinión pública para dejar de opinar, aprobando cualquier iniciativa del poder que incapaz de generar nuevas ideas, seguirá repitiéndonos su mandala sobre la libertad y el progreso. 

Y lo esencial, no solo invisible, sino también todavía visible para los ojos, simplemente retrocede y deja de existir, ya que en este mercado globalizado crece la oferta y la demanda de todo, menos lo esencial. Este proyecto es bastante simple. Un futuro donde nadie se va a sentar a leer la poesía, ni sufrirá las penas de amor, ni se pondrá de repente nostálgico y mucho menos buscará una causa justa (la de otros) para luchar. 

El mundo de lo invisible es el más profundo y presente. Un ser humano solitario, imperfecto, lleno de dudas e intuiciones se arrastra por el cuerpo mutilado de su planeta, conmovido por sus infinitos paisajes que reflejan sus dolores, recuerdos y pensamientos, este que no quiere ser robot ni superhéroe, buscando encontrar su ciclo, su siglo y su signo, dispuesto a cumplir su única misión: sobrevivir. 

En los próximos días celebraremos un año más. Tal vez, el más turbulento de todos. Los trágicos acontecimientos en el corazón de Europa no son más que la parte más visible de la crisis general que está poniendo fin a la prehistoria que vivimos. Junto con los enormes riesgos es además una gran oportunidad, y un reto, para toda la humanidad de defender lo nuestro, lo invisible.

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de RT.

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