Para construir aquí realidades tenemos siete colores, siete notas, veintisiete letras, diez cifras, cuatro elementos de la naturaleza y noventa elementos químicos que forman lo infinito del universo. Las leyes de la armonía que inspiraban al ser humano desde sus primeros pasos, sus primeros cantos y sus primeras pinceladas han sido siempre el mejor intento de reproducir con nuestra acción la infinita perfección y grandeza de la vida que nos habita y nos rodea.
La cruel y equivocada construcción social llamada 'civilización occidental', desde el fondo de sus últimas incoherencias, trata de proyectar al mundo sus miles de imágenes de lo que no es
Como es sabido, para eso tiene todos los medios tecnológicos, electrónicos y digitales, aparte de ilimitados recursos financieros, y un ejército internacional de creyentes en la santa pantalla.
Pero sucede algo curioso, conocido en el mundo de la literatura. Cuando un escritor construye un personaje, este puede ser superior a su autor en casi todo. Puede ser más bello, más valiente, más honesto, más generoso y más lo que sea, menos una sola cosa: el personaje literario jamás podría ser más inteligente que el autor que lo inventa. Algo parecido sucede con el actual modelo planetario. A través de los múltiples medios que tienen, nos pueden vender ilusiones y ofertas de todo tipo, pero no tienen como ofrecernos algo inexistente: un proyecto de futuro.
Por eso, del túnel del tiempo por el que antes caminamos siglo tras siglo, ahora nos están arrastrando a salas de simulacro de la realidad, donde tratan de convencernos de un delirio plasmado en películas de realidad virtual, donde se mezclan los mamuts con los dinosaurios, las pirámides indígenas se confunden con las egipcias, luego las dos anteriores con las naves extraterrestres y el discurso capitalista se combina con la felicidad de los pueblos disfrutando de la libertad y la democracia en los McDonald's del futuro. Cualquier cosa para que no miremos al horizonte, solo a su pantalla.
Pero la etapa anterior del fraude ideológico visual está en el lenguaje político que se difunde y se naturaliza por los medios, para moldear de esta forma el pensamiento ciudadano.
Por ejemplo, para desprestigiar a las guerrillas de izquierda, varios narco-gobiernos de la democracia bananera colombiana durante décadas han condenado a los 'narcocomunistas'. Así, se construía la tan buscada por el poder imagen del peor enemigo del país, el causante de todos sus males y penurias. Ya está comprobado que la participación de las guerrillas colombianas (cuando las hubo) en el narcotráfico fue a todas luces mínima, en comparación con las de los carteles, grupos paramilitares, el Ejército, la Policía y otros elementos cercanos a los gobiernos, incluyendo a los EE.UU. y a su DEA, pero la prensa logró su objetivo: hacer repetir a todo un país que todo grupo de izquierda o insurgente es 'narco-castro-chavista-comunista'.
Algo muy similar sucede ahora con otro término, implantado desde hace tiempo y exportado a otros países por los medios norteamericanos, el de la 'izquierda liberal'. Aquí, incluso tenemos una doble o una triple tergiversación. La primera, porque el liberalismo económico nunca ha sido liberal en lo político y ningún otro proyecto social generó en las últimas décadas más guerras, más cárceles y más muertes que el fundamentalismo de las 'libres economías de mercado', las que, además, siempre terminaron con un poder total de los monopolios. Y la segunda tergiversación es aún más obvia, porque los representantes de este tipo de liberales, nunca tuvieron algo que ver con la izquierda. Sí, es cierto que los liberales de ayer suelen ser los neoliberales de ahora, dicen normalmente ser partidarios de las libertades ciudadanas, de que son contrarios a todo tipo de discriminación y que respetan los derechos y las diferencias. Claro que, justamente, estas fueron las luchas históricas de las izquierdas. Pero basta con ver un poco las prácticas de los gobiernos que ellos apoyan y defienden con tanta vehemencia para darnos cuenta de la gran mentira de su discurso tan demócrata. Además, las izquierdas, a los que ellos tratan de imitar, siempre tuvieron claro que las libertades humanas son incompatibles con el liberalismo económico. Llamar 'izquierdas liberales' a los partidarios del Partido Demócrata de los EE.UU. es realmente no entender nada de política, es prácticamente lo mismo que llamar 'progresistas' o 'pacifistas' a los que apoyan a la OTAN en Europa.
En este momento de tanta confusión mundial, cuando las viejas construcciones políticas ya no funcionan y las nuevas organizaciones sociales todavía no han nacido, habrá muchos ansiosos del poder y nostálgicos del pasado que traten de atrapar a los pueblos con discursos facilistas y promesas simplistas. No es casual el resurgir, en Europa y en el mundo, de las fuerzas más tenebrosas. Una vez más, el fascismo, con sus otros nombres y tantas nuevas cepas más inmunes y más peligrosas, está por salvar a su amo de siempre, el gran capital transnacional, que hoy se pinta con los colores de la 'izquierda liberal' para volver loco a cualquier desconocedor de la historia.
Pero las mentiras que nos convidan ahora son mucho más básicas que las de antes. En la época del mundo bipolar, cuando existía la URSS, el capitalismo mundial tenía que estar a la altura de la disputa ideológica planetaria y aparte de criticar los errores y las deficiencias de los 'socialismos reales', por lo menos dentro de los veinte países más ricos, que constituían la metrópolis del sistema, se mantenía junto con el alto y buen nivel de vida económico y de consumo, también una amplia protección social y laboral, como contrargumento a la promesa socialista de una sociedad justa y equitativa. El famoso 'socialismo escandinavo' fue la más romántica y utópica parte del proyecto del capitalismo mundial para demostrarle al 'Tercer Mundo', explotado por las corporaciones de capitales suecos y noruegos, la ilusión de la 'otra vía', del 'capitalismo socializado'. La crisis de la socialdemocracia europea de estos tiempos, no es otra cosa que la caída del maquillaje de un sistema que por su esencia depredadora no puede ser 'humanizado'.
Al mismo tiempo, la ultraderecha española, con su habitual oportunismo y en su nuevo intento de adueñarse de las riquezas de América Latina, trata de resucitar el cadáver imperial en su nuevo cuerpo, bajo el concepto postmoderno de 'iberofonía' (los más graciosos se llaman marxistas iberófonos). Aprovechando la coyuntura del rechazo generalizado hacia el 'mundo anglosajón', o sea, 'el colonialismo malo' al que le contraponen su 'buen colonialismo', el 'que le regaló a los pueblos de América, el idioma, la cultura y la fe cristiana', presentando la masacre indígena, la destrucción de sus civilizaciones y el saqueo de sus tierras como una teoría conspirativa que se inventaron los anglosajones y otros, con más entusiasmo, añaden los judíos, masones, sionistas, rojos, satanistas, reptilianos y hasta 'illuminati'.
Así, por todos lados, vemos la más descarada manipulación de la historia y del pasado para presentar al público ignorante simplistas y falsas verdades, ideas, pegadas con baba, no solo con 'fake news' sino también con 'fake dreams'.
Necesitamos aprender de las caídas y los fracasos. Nuestra verdadera historia, igual que nuestra tierra nos habla, tiene todos los elementos necesarios para que todos tengamos un futuro digno, nos enseña, para que curemos todas nuestras heridas y alimentemos a todos los hambrientos. Solo deberemos impedir que nos manipulen.