En el lejano 1971 (del 24 de enero al 7 de febrero), un profesor de política empresarial de la Universidad de Ginebra, el suizo-alemán Klaus Schwab, organizó el primer Simposio de Administración de Europa, convocando a 444 altos ejecutivos de empresas europeas. El evento se realizó en el recién inaugurado Centro de Convenciones de Davos. El simposio fue financiado por los grandes grupos industriales del Viejo Continente y por la Comisión Europea.
Su objetivo era introducir y aplicar las prácticas de administración estadounidenses en las compañías europeas. Así nació el gran evento internacional, ampliamente conocido como el Foro Económico Mundial o simplemente el Foro de Davos. El mismo Klaus Schwab fundó después el Foro de Administración de Europa con sede en Ginebra y atrajo a las mayores empresas europeas a Davos para la reunión anual, en enero.
Schwab lanzó al mundo varias ideas que en su momento sonaron innovadoras y sirvieron mucho para actualizar la imagen corporativa del capitalismo en su transición del supuesto estado de bienestar al neoliberalismo. Habló mucho de la "responsabilidad social" de las grandes empresas y de su "preocupación" por los trabajadores, las comunidades y el medio ambiente.
En su teoría de la Cuarta Revolución Industrial resaltó la llegada de la era de la digitalización total, la inteligencia artificial, el 'big data', la biotecnología y la automatización de todo. Tras la pandemia de coronavirus, su voz fue de las que más alto se escuchaba, proclamando "el Gran Reinicio" para hacer la economía global "más sostenible", "más resiliente" y, obviamente, "más digital".
Todo ese discurso occidental sobre un supuesto 'progreso' que en distintas épocas, desde las majestades reales hasta sus 'democracias', ha traído al mundo ingenuo de 'los otros' todo ese 'innovador pensamiento' hoy se presenta desde la tribuna de Davos, llena de los oximorones como la "economía social del mercado", el "capitalismo participativo" o la "responsabilidad empresarial".
Entendemos, que los centros del poder mundial corporativo suelen mantenerse y tomar sus decisiones en la sombra, disfrazando sus caras y apellidos innombrables con cualquier nebulosa mediática coyuntural.
En este caso, el Foro de Davos es una pequeña parte claramente visible, la punta del iceberg del sistema global, que nos permite estudiar y analizar los verdaderos proyectos del poder. Ya se ha dicho muchas veces: el Foro Económico Mundial es un instrumento claramente elitista, no democrático. Formalmente es una empresa privada suiza que representa abiertamente los intereses de las grandes corporaciones transnacionales, de las élites económicas y financieras y de los países occidentales más poderosos.
Para poder participar en este evento las empresas deben desembolsar cientos de miles de euros, además de seguir la regla de que "a mayor cuota, mayor visibilidad mundial". Además, cumple funciones imprescindibles para el dominio occidental sobre el mundo, convirtiéndose en el punto de enlace entre las corporaciones y los gobiernos nacionales, una consola de control sobre los movimientos sociales y ciudadanos de los cinco continentes y una plataforma de lanzamiento de los falsos líderes de la opinión pública, con el fin de neutralizar cualquier pensamiento crítico, peligroso para el sistema.
Es decir, el Foro Económico Mundial es un lugar perfecto para personajes como Trump o Zelenski, creado mucho antes de ellos pero definitivamente a su medida política y humana. En esta ocasión, las noticias del Foro me confirmaron una vez más que el actual caos podrido, sangriento e irracional en el que se está convirtiendo todo el mundo es parte de algo cuidadosamente diseñado por las elites de Davos desde hace décadas. Están en su mejor momento y el Foro de este año ha sido para ellos una gran fiesta.
Omitamos las declaraciones de los líderes europeos y norteamericano, que en estos días fueron publicitadas y difundidas por todos los medios. La agresiva estupidez de muchos de ellos ha sido bastante repetitiva y predecible, ya que, desde el Foro del año pasado, aparte de las gafas en la cara de Macron, no se les ocurrió absolutamente nada novedoso.
En cambio, Elon Musk tuvo su debut en Davos. En ese mismo foro, que antes en reiteradas veces criticó por 'elitista', fue claro y contundente.
Comenzó bromeando sobre la famosa Cumbre de Paz tan promovida últimamente por el presidente de un Estado que no se cansa de financiar su empresa Tesla:
"Oí sobre la formación de la Cumbre de Paz… y pensé, ¿es eso 'P-I-E-C-E of Peace'? Como un pequeño pedazo de Groenlandia, un pequeño pedazo de Venezuela", jugando con las palabras inglesas 'peace' ('paz') y 'piece' ('pedazo').
Escuchando a Musk, me acordé de Pinochet: el general, con su sensibilidad de cavernícola, tenía el mismo sentido del humor. También prometió avances científicos: "Podríamos tener inteligencia artificial más inteligente que cualquier humano a finales de este año, definitivamente para el próximo año… Y para 2030, la inteligencia artificial probablemente será más inteligente que toda la humanidad en conjunto", dijo.
Aseguró que, "en un escenario benigno del futuro, los robots producirán tantos robots que saturarán todas las necesidades humanas". Predijo que los robots humanoides de Tesla podrían estar a la venta para finales de 2027, y que con el tiempo los robots podrían superar el número de humanos en la economía mundial. Para darnos alegría, agregó: "¿Quién no querría un robot para cuidar a sus hijos o a sus padres mayores? Si tuvieras un robot que pudiera cuidar y proteger…".
Hasta que los robots de Elon Musk no lleguen a ser más inteligentes que cualquier ser humano, me pregunto: ¿estamos ya tan robotizados por la manipulación y por los valores del sistema como para no darnos cuenta de que nuestra mayor aspiración en la vida ahora es enviar ejércitos de robots para cuidar a nuestros hijos o a nuestros padres?
El Foro de Davos representa el valor del fin de los valores.
Jugando con la descomposición del poder mundial, cada vez más putrefacto y más concentrado, aborda con su mensaje público al lumpen global, a un ser sin sueños, inquietudes ni aspiraciones, fabricado en la incubadora capitalista mundial como un consumidor insaciable de toda la basura que se le ofrece, el que sueña con pasar la vida en un sofá frente al televisor entre su coca-cola y sus papas fritas, mientras los robots del mago Musk se hacen cargo de sus hijos, de sus padres y del mundo.
El Foro Económico Mundial es el mayor templo de la deshumanización que permitimos construir en el mundo. Y cada discurso desde sus tribunas son campanas que doblan por todos nosotros.