"Por ahora, los cielos sobre Rusia son para los drones, no para la aviación civil", declaró el 1 de septiembre de este año Vladímir Zelenski, pretendiendo anunciar una nueva etapa del conflicto, la que supondría el cierre del espacio aéreo ruso.
En su largo discurso, el líder del régimen de Kiev usó las siguientes palabras: "…Nosotros, en Ucrania no queremos que se pierdan vidas inocentes. Por eso estamos advirtiendo a nuestros socios: los días de seguridad en los cielos de Rusia han terminado. Es importante que esto sea escuchado por los embajadores de los países representados aquí en Ucrania, así como por los embajadores que trabajan en Moscú. Todos y cada uno de ellos (…) deben transmitir esta información a sus capitales. También es importante que las aerolíneas que actualmente vuelan a aeropuertos, principalmente a Moscú, San Petersburgo y otros destinos importantes de Rusia, escuchen esta advertencia…".
Al día siguiente, Ucrania notificó formalmente a la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) que considera inseguro el espacio aéreo ruso para la aviación civil y pidió que se evite todo tipo de vuelos a Rusia.
No es ningún secreto que, durante el verano del 2026, la intensificación de los ataques ucranianos con drones ya había provocado cancelaciones de vuelos en diferentes partes Rusia, lo que generó muchas incomodidades para la población, sobre todo en este periodo de vacaciones.
Según cifras oficiales rusas, hubo más de 43.300 drones ucranianos interceptados sobre territorio ruso, solo entre junio y agosto, es decir, antes de la advertencia de Zelenski.
En realidad, las autoridades aeronáuticas rusas prefieren ser siempre extremadamente precavidas, y es mejor 1.000 veces suspender o postergar los vuelos cuando la situación cerca de un aeropuerto presenta algún grado de inseguridad. El tráfico aéreo se ha complicado en Rusia, pero justamente para mantener los altos niveles de seguridad, varios aeropuertos del sur europeo del país, permanecen cerrados para la aviación civil desde el mismo inicio del conflicto armado.
Para entender mejor la actual retórica de Zelenski, deberíamos retroceder al 4 de octubre de 2001, cuando Ucrania recién cumplía 10 años de su independencia. El vuelo 1812 de la aerolínea rusa Sibir Airlines (actual S7), un avión Tupolev Tu-154M, había salido de Tel Aviv (Israel) con destino a Novosibirsk, llevando a bordo 78 personas: 66 pasajeros y 12 tripulantes.
Mientras sobrevolaba el mar Negro, aproximadamente a 11.000 metros de altura, el aparato desapareció de los radares. La aeronave fue alcanzada por la cabeza de combate de un misil S-200V lanzado desde Crimea, durante unos ejercicios ucranianos de defensa aérea.
La ruta aérea civil por la que volaba el avión no había sido cerrada ni restringida durante los ejercicios militares mediante un aviso temporal emitido por autoridades aeronáuticas (NOTAM). Seguramente, los nuevos cuadros militares de la joven república independiente ignoraban la necesidad de este procedimiento.
Lo que sí sabían bien era mentir.
Inicialmente Ucrania negó su responsabilidad, su presidente Leonid Kuchma, el 6 de octubre, afirmó que los especialistas ucranianos y rusos descartaban que el avión hubiera sido alcanzado por un misil ucraniano. Y para darle más credibilidad a sus palabras utilizó su experiencia profesional: Kuchma había dirigido una importante fábrica soviética de misiles y como experto en el tema, afirmó que las características de estas armas ucranianas hacían imposible el derribo de un avión civil.
Leonid Kuchma, el segundo presidente de Ucrania, entró en la historia por dos hechos destacados. Primero por su famoso libro 'Ucrania no es Rusia'. En la actual Ucrania su libro podría ser considerado prorruso y estar prohibido, pues él reconoce la proximidad histórica, cultural, lingüística y religiosa entre rusos y ucranianos, pero su principal argumento es que tener una historia y una cultura profundamente entrelazadas no significa que dos pueblos tengan que formar un mismo Estado. Este libro fue un gran aporte para ayudar a convencer a la mayoría rusoparlante de Ucrania, al igual que el mismo Kuchma, de que debía distanciarse cada vez más de Rusia con el fin de hacer su mejor elección civilizatoria del lado de la "civilización europea" y no del "salvajismo asiático". En tiempos de Kuchma, en Ucrania a nadie se le ocurría todavía convertir en héroes nacionales a los colaboradores de Hitler. El otro hecho destacado por el que Kuchma fue recordado por mucho tiempo, es su célebre frase que dijo cuando ya no se podía negar más el hecho de que había sido responsabilidad del Ejército ucraniano el derribo del avión civil ruso sobre el mar Negro.
Ante la muerte de 78 personas por el misil ucraniano, Kuchma comentó: "No somos los primeros y no seremos los últimos; no hay necesidad de convertirlo en una tragedia".
Con eso no quiero decir que derribar aviones civiles sea un rasgo hereditario de todos los gobiernos ucranianos, sino que es importante vislumbrar los orígenes éticos del actual poder colonial que encarna el régimen de Kiev.
No es ninguna novedad que una guerra vuelva peligroso el espacio aéreo. Esto suele suceder en todos los conflictos de este tipo.
Lo único novedoso aquí es que un jefe de Estado anuncie públicamente que pretende cometer acciones terroristas, al estilo de amenaza de los peores mafiosos, para lograr hacer económicamente inviable la aviación comercial del enemigo, mientras insiste en un discurso contradictorio y teatrero, de que no está atacando la aviación civil.
En este sentido las declaraciones de Zelenski no son solo una amenaza terrorista a todos los "no inocentes", es decir, los que no son "embajadores" de sus "países socios", como se revela en su discurso.
Es un chantaje a cualquiera se atreva a mantener algún grado de interacción con Rusia. Con la desesperación de quien cada día que pasa tiene más problemas en su tierra, incluidos los territorios de su retaguardia, en la Ucrania occidental, supuestamente la cuna del nacionalismo, donde la población está por rebelarse contra las patrullas pretorianas cazadoras de hombres, con una creciente dependencia de armas y finanzas occidentales, el gobierno de Zelenski pretende dominar a punta de drones y amenazas los cielos rusos.
Lo escandaloso en esta historia, es que este chantaje no despierta ninguna molestia ni malestar en los países europeos.
No se necesita mucha imaginación para entender que este tipo de amenazas no están delimitadas solo para los cielos de ciertas tierras o los aviones de cierta nacionalidad, sino que son la ventana más segura para la expansión de la guerra hacia toda Europa. Y mientras Europa no lo entienda, parafraseando a Zelenski, los cielos sobre Ucrania, muy lamentablemente, seguirán siendo solo para los drones.