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Violencia de género: cuando el amor se convierte en tortura

Publicado: 12 ago 2015 09:25 GMT | Última actualización: 12 ago 2015 16:18 GMT

El miedo es la peor cárcel, más aún si es tu pareja quien te lo infunde con su enfermiza obsesión por ti.

En el año 2014, en España, 54 mujeres murieron víctimas de la violencia de género; en lo que va de 2015 ya son 23. Muchas otras viven atemorizadas por sus parejas o ex-parejas sabiendo que en cualquier momento pueden pasar a engrosar estas cifras; cada año se superan las 100.000 denuncias por maltrato. Cierto es que se han reducido las ayudas para víctimas de violencia de género, pero el principal problema es que no parece que se pongan soluciones reales para atacar este problema de raíz.

Un maltratador es una persona, no un monstruo de mente malévola y retorcida dispuesto a hacer el mal, y por tanto, no deja de ser sino el producto de una sociedad enferma

El contexto en el que nos desenvolvemos aun actualmente es una sociedad que aboga por la monogamia emocional y sexual del "hasta que la muerte nos separe", que busca "tu media naranja" o "la mujer, o el hombre de tu vida", y eso, asumámoslo, no existe; es más, en caso de encontrar a esa "otra mitad" (que "casualmente", entre los más de 7.000 millones de seres humanos que somos, vive en tu barrio o pasa por tu lado para unir vuestros destinos) quizá tú no lo seas para ella, o al menos, no para siempre. Y claro, eso es difícil de asumir si te has creído lo que te incrustan en el "alma" desde pequeño. Si la mujer o el hombre "de tu vida" ya no es perfecta o, lo que es peor, no te ama, ¿Qué será de ti, pobre desgraciado o desgraciada, que no sabes vivir sin ella o él? Aquí comienza la frustración.

Esto se nos hace especialmente difícil a los hombres, que tenemos que asumir que los estereotipos de mujer que la cultura machista nos ha inculcado son falsos, de hecho ridículos, y nos encontramos con una mujer independiente sexual y sentimentalmente, que no aguarda fielmente por nuestras atenciones.

La violencia contra la mujer no es más que un reflejo de todo esto, una mezcla de frustraciones e impotencia del hombre cuando se ve incapaz de asumir la libertad de elección de sus parejas.

¿Así pues qué hacemos?

En contra de lo que podamos querer creer, un maltratador es una persona, no un monstruo de mente malévola y retorcida dispuesto a hacer el mal, y por tanto, no deja de ser sino el producto de una sociedad enferma.

No pretendo con esto quitar responsabilidad alguna al sujeto, pero sí dejar claro que la solución pasa por cambiar el entorno en el que se nos educa; un maltratador no nace, se hace.

A los partidarios de endurecer las penas y las medidas cautelares les pregunto siempre lo mismo, ¿funcionan? Es evidente que no, porque hablamos de un delito "visceral", que no tiene lógica, que sí puede ser premeditado, pero al que el posible castigo no parece disuadir.

El problema sólo se puede solucionar a largo plazo y con la firme implicación del Estado y del conjunto de la sociedad, que ni pueden ni deben permitir esta lacra.

El problema sólo se puede solucionar a largo plazo y con la firme implicación del Estado y del conjunto de la sociedad, que ni pueden ni deben permitir esta lacra

En mi opinión la solución está, como casi siempre, en la educación y en cambiar la sociedad que nos envuelve desde niños. Es necesario educar en la igualdad de géneros, en el respeto a la libertad de todos, en asumir que las personas no somos objetos que poseer, que el amor no es obsesión y dependencia sino libertad para estar juntos, que atemorizar y agredir es la peor facultad del ser humano y sólo lleva a la propia destrucción... y a la de quien se supone que amas.

Obviamente la violencia de genero ha de conllevar las consecuencias penales que correspondan y, además, se han de dedicar más medios económicos, policiales y judiciales para proteger a las víctimas, pero insisto, en mi opinión todo esto no son más que simples parches para tratar de evitar las consecuencias de un problema que sólo se puede solucionar a largo plazo y con la firme implicación del Estado y del conjunto de la sociedad, que ni pueden ni deben permitir esta lacra.

Se ha de realizar un cambio drástico en la visión que se tiene actualmente de las relaciones sentimentales, en las que "pertenecerse" el uno al otro se concibe como romanticismo en estado puro, tanto, que algunas mujeres parecen sufrir una especie de síndrome de Estocolmo con sus maltratadores.

Nadie es posesión de nadie, ningún hombre es dueño de su pareja y el respeto mutuo de la libertad de elección debiera ser el pilar de toda relación. Ninguna mujer es perfecta sin su libertad y el miedo es muerte en vida. Un hombre que golpea o atemoriza a su pareja se descubre como único y gran defecto de esta.

Quiérela perfecta, quiérela libre.

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