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Una segunda oportunidad

Publicado: 25 jun 2010 10:52 GMT

Luigi Meroni fue un gran futbolista italiano de la década de los 60, jugador del Club Torino y seleccionado de su país. No sólo fue un gran deportista, sino que fuera de las canchas también era considerado un divo por su extravagante estilo de vida; le gustaba escuchar a los Beatles, era fiestero, llevaba el cabello largo y debido a su gran carisma se transformó enseguida en el ídolo del Torino. Era el prototipo de hombre que todos sus fanáticos querían ser, un tipo descomplicado, mujeriego y bohemio que todos los domingos se vestía de futbolista.


Luigi Meroni

Por el cariño que sentía hacia su camiseta y su hinchada, Meroni llegó a rechazar un 'cheque en blanco' de la todopoderosa Juventus, rival de patio del Torino. Este gesto lo llevó a convertirse en el mimado de la afición.


Llevaba el número 7 en su espalda y acerca de él se habían creado varios mitos, como el de que en cierta ocasión dribló a un arquero, y ya con el arco vacío lo había esperado para driblarlo por segunda vez antes de anotar el gol. En definitiva, los seguidores del Torino lo adoraban.

Uno de esos jóvenes hinchas del Torino era Attilio Romero de 19 años, para quien Luigi era casi un dios. Atilio hasta formaba parte de los 'ultras' -barra brava- del club, que lo seguían a todos los estadios. Era tal su pasión por el futbolista que hasta se peinaba y vestía como él.
Pero el destino es caprichoso, y el 15 de octubre de 1967 hizo que la vida de estos dos jóvenes se cruzara de forma dramática. Attilio Romero iba manejando su auto cuando vio que algo se le cruzó y no tuvo tiempo de frenar. Acababa de atropellar a un hombre.

"Se me vino encima, no sabía que era hasta que bajé del vehículo y lo vi tendido en el suelo —contaría Romero años después—. Enseguida llamé a mi padre, que era médico. Fuimos al hospital pero no se pudo hacer nada".


Era Luigi Meroni; el joven había matado al futbolista.
El funeral fue multitudinario, más de veinte mil 'tifosis' se tomaron las calles de Turín. Attilio Romero sin proponérselo había convertido a su ídolo en un mito.
El siguiente fin de semana en el estadio se hizo un minuto de silencio y la cancha fue inundada con flores desde un helicóptero, que luego fueron depositadas en el ala derecha, área donde jugaba Meroni.
Como era de esperar, Attilio acabó sumergido en una profunda depresión de la que tardó años en curarse. La afición del Torino nunca le recriminó nada, ya que evidentemente se trató de un fortuito accidente.

Y es que la vida tiene esas cosas, el destino siguió revoloteando en esta historia y se encaprichó con sus protagonistas, ya que por esas circunstancias que suelen darse Attilio Romero llegó a ser presidente del Torino en 2001, 34 años después de la tragedia. Fue su momento de resarcir el triste pasado, ya que bajo su gestión logró llevar a su amado club al ascenso en el 2002 y el 2005.


 

Incluso ahora, más de 40 años después de la tragedia, hay fanáticos que dejan flores en el sitio donde Luigi fue atropellado cuando ganan un partido.

Yo siempre he creído en eso, que aún en los casos más extraños, la vida te brinda una oportunidad para reinvindicarte.

Un blog de actualidad, historia y curiosidades desde la Mitad del Mundo, Ecuador creado por el autor de Sentado frente al Mundo .

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