Discurso de Hemingway para recibir el Premio Nobel, una joya

Sentado frente al Mundo por Carlos Suasnavas

Para 1942, Ernest Hemingway había decidido (según sus propias palabras) renunciar al "negocio" de la escritura y no escribió nada durante cuatro años. En 1946, luego de su matrimonio con Mary y la pérdida de su hijo a los cinco meses de embarazo, cayó en una depresión profunda. Fue una década devastadora en su vida, sus amigos escritores morían uno detrás de otro: en 1940 murió Scott Fitzgerald; en 1941 fallecieron Sherwood Anderson y James Joyce; en 1946 se fue su amiga Gertrude Stein; y en 1947 Max Perkins, quien fue durante largo tiempo su editor y amigo. Empezó a sufrir fuertes dolores de cabeza, presión arterial alta, problemas de sobrepeso y se le diagnosticó diabetes como resultado de muchos años de consumo excesivo de alcohol. Sin embargo, en enero de 1946 comenzó a escribir nuevamente, al despojarse de sus miedos, dolores y demonios con la escritura. Su catarsis no perseguía sueño alguno, peor aún un premio o reconocimiento. Sólo era un audaz periodista con sueños de escritor.  

Esa valentía, osadía -y hasta sinvergüencería- de tomar una pluma y verter sus entrañas sobre un papel, vomitar el dolor y la impresión de una guerra mundial, el orgullo y arrepentimiento de haber disparado a matar siendo tan sólo un corresponsal de guerra; ese arrojo personal y necio, es el que nos ha permitido disfrutar de su magna obra.
  
   


En 1954, cuando le comunicaron que iba a ser galardonado con el Nobel de Literatura, declaró a la prensa que Carl Sandburg, Isak Dinesen y Bernard Berenson eran mucho más dignos de semejante honor, pero que él con mucho gusto recibiría el dinero del premio. No asistió a la cena de premiación en Estocolmo, pero escribió en un trozo de papel una pequeña nota para que la leyera el embajador de los Estados Unidos en su nombre:

"Carente de toda habilidad para pronunciar discursos y sin ningún dominio de la oratoria o la retórica, agradezco a los administradores de la generosidad de Alfred Nobel por este premio. 

Ningún escritor que conozca a los grandes escritores que no recibieron este premio, puede aceptarlo sin humildad. No es necesario hacer una lista de estos escritores. Todos los aquí presentes pueden hacer su propia lista de acuerdo a su conocimiento y conciencia.

Me resulta imposible pedir al embajador de mi país que lea un discurso en el cual un escritor diga todas las cosas que están en su corazón. Las cosas que un hombre escribe pueden no ser inmediatamente captadas, y en esto algunas veces es afortunado; pero eventualmente se vuelven claras, y por estas y por el grado de alquimia que posea, perdurará o será olvidado. 

Escribir al mejor nivel, conlleva una vida solitaria. Las organizaciones para premiar escritores mitigan la soledad del escritor, pero dudo que mejoren su escritura. Crece en estatura pública a medida que se despoja de su soledad y a menudo su trabajo se deteriora debido a que realiza su trabajo en soledad, y si es un escritor suficientemente bueno, cada día deberá enfrentarse a la eternidad o a su ausencia. 

Cada libro, para un escritor auténtico, es un nuevo comienzo donde intenta cada vez alcanzar algo que está más allá de su alcance. Siempre intenta lograr algo que nunca ha sido hecho o que otros han intentado y han fracasado. Entonces algunas veces -con gran suerte- tiene éxito. 

Cuán fácil resultaría escribir literatura si tan sólo fuera necesario escribir de otra manera lo que ya ha sido bien escrito. Debido a que hemos tenido tantos buenos escritores en el pasado es que un escritor se ve forzado a ir más allá de sus límites, allá donde nadie puede ayudarlo. 

Como escritor, he hablado demasiado. Un escritor debe escribir lo que tiene que decir y no decirlo. Nuevamente les agradezco".