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¿Qué pensaba León Tolstoi de Don Porfirio Díaz?

Publicado: 22 jul 2010 22:43 GMT

¡Hola! ¿Qué tal?

Este año Rusia y México celebramos, entre otras fechas importantes, el 120 aniversario del establecimiento de las relaciones diplomáticas entre nuestros países. Con este motivo el embajador mexicano en Moscú, el Exmo. Sr. Alfredo Pérez Bravo, amablemente nos envió al Instituto de Latinoamérica un artículo aparecido en la capital mexicana hace unos años proponiendo publicarlo también en ruso. La idea nos gustó y por eso decidimos meter la traducción del trabajo ofrecido por el diplomático destacado al número 8 de la revista Latinskaya Amerika que está por salir la semana que viene.

El autor del texto titulado “La percepción que el gobierno imperial ruso tenía del México porfirista:1810–1911” fue el PhD. Evgueni Dik, historiador ruso que trabajó en 2001 en la Universidad Autónoma Metropolitana Iztapalapa y murió en el DF en 2002. El científico escribía que las relaciones bilaterales han tenido una larga tradición que se remonta hacia finales del siglo XVIII. Rusia a partir de la independencia de México intensificó sus vínculos comerciales con ésta y sólo la inestabilidad de la república criolla frustró los planes de la Compañía Ruso-Americana de impulsar el establecimiento de las relaciones diplomáticas entre los dos gobiernos en la década de 1830.

A partir de la década de 1870, y en especial con el creciente interés ruso hacia las costas del Pacífico mexicano, se crearon las condiciones óptimas. Así, en diciembre de 1890 se establecieron relaciones diplomáticas formales y se inició el desarrollo de los vínculos económicos, políticos y culturales.

Para aquel entonces, escribe E. Dik, la admiración del mundo civilizado europeo por los logros de la administración porfirista socavó casi por completo la imagen de México como una tierra sin ley y como la república nacida a raíz del regicidio de Maximiliano de Habsburgo.

Así, la percepción oficial rusa de México seguía el patrón común europeo hacia este país: república progresista que prosperaba bajo la mano dura de un gran hombre. Desde esta perspectiva el desarrollo de las relaciones hasta la caída de Díaz en 1911 se desenvolvió bajo la sombra del dictador mexicano. Hasta el propio León Tolstoi se refería a Díaz como un “prodigio de la naturaleza”.

 

Ni el Don Porfirio (izquierda), ni Su Majestad Nicolás II querían reconocer la realidad de sus tiempos. Como resultado cayeron ambos. El liberalismo económico no les salvó de la revolución social.

En efecto, para finales del siglo XIX los dos países presentaban algunos rasgos semejantes, tanto en su desarrollo económico, como en lo político, atravesando un período de rápida modernización e integración en el mercado mundial guiados por gobiernos autoritarios. Por otro lado, para fines del porfiriato, al igual que en los últimos años del zarismo, los intentos reformistas y de cambio político fueron apocados por la visión reaccionaria y conservadora de sus líderes.

En México la intransigencia porfirista, caracterizada por la reelección y el continuo fraude electoral junto con el clientelismo ya inoperante, desencadenó el movimiento maderista de 1910 que rebasó los límites de la simple oposición política y tomó el camino de la revolución.

Sin embargo, la opinión pública rusa tachaba a México como una especie de país modelo. Esta visión positiva de México fue compartida por los sectores tanto de la opinión pública conservadora como de la liberal de Rusia.

En conclusión, dice el autor, es importante tomar en cuenta lo siguiente: el México porfirista fue visto por muchos observadores rusos como una nación más preparada para los cambios sociales y económicos positivos que el imperio zarista.

Los círculos gubernamentales rusos no sólo estaban muy familiarizados con los principales lineamientos de la política interna y externa del régimen porfirista; también tenían una visión clara de los desafíos y problemas económicos y sociales de México. “Es importante mencionar que la figura de don Porfirio Díaz aparecía como la única garantía de la paz y del orden político y social; un verdadero maestro del poder capaz de dirigir a México, una nación débil y dividida, en peligrosa vecindad con la potencia norteamericana. De esta manera, el progreso y prosperidad de México se vinculaba en la percepción oficial rusa con la figura de Díaz y las políticas del liberalismo mexicano”. Así termina su ensayo el Dr. E. Dik.

Pienso que la imagen de México porfirista que cayó casi simultaneamente con el absolutismo ruso, correspondía más al deseo de aquellos en la Rusia zarista, que querían conservar el orden establecido en el imperio, que conocer y reconocer la realidad. Fracasaron. Es una buena lección histórica.

Y ustedes, ¿qué opinan?

Vladímir Travkin, e-mail revista;a@mtu-net.ru

Periodista, director de la revista rusa «América Latina» cuenta sobre las relaciones ruso-iberoamericanas.

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