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El Dr. Lev Klochkovski: la crisis mundial marginalizó América Latina

Publicado: 31 jul 2010 16:39 GMT

¡Hola! ¿Qué tal?

En el Instituto de Latinoamérica de la Academia de Ciencias de Rusia prepara un estudio colectivo sobre los resultados de la crisis económica mundial. Uno de los autores de este trabajo es el miembro del Consejo de la redacción de nuestra revista, el experimentado economista Dr. Lev Klochkovski que se dedica a los estudios de las relaciones internacionales de América Latina desde hace medio siglo. Él piensa que los años finales de la primera década del siglo XXI se marcan por los cambios serios de la situación económica y política en el mundo. Se trata de los cambios fundamentales en la correlación de las fuerzas básicas en la economía mundial y transformación de los modelos del desarrollo nacional de los centros del capitalismo y de la periferia. El mundo está entrando en un período de transición muy complicado, que se caracteriza por la muy elevada inestabilidad económica y social. Bajo estas condiciones América Latina, como otras regiones en desarrollo, tiene una tarea doble: la adopción activa a las nuevas condiciones internacionales y la elaboración de los modelos renovados del desarrollo nacional y la común estrategia regional, capaces de asegurar el avance por el camino del progreso económico y social, el fortalecimiento de la soberanía nacional y de las posiciones internacionales de la región.


El Dr. Lev Klochkovski

La crisis económica mundial de 2008—2009 es la primera de la época de la globalización y reflejó las contradicciones profundas de ésta, mostrando el desgaste de los modelos existentes del desarrollo. Por primera vez en la época de postguerra cayó la producción mundial, aumentó el desempleo, cayeron el comercio mundial y el flujo internacional de los capitales. La crisis era global. Pero las pérdidas máximas de la crisis las sufrieron los países en desarrollo y en transición, que son caracterizados por la predominancia de la producción de las materias primas y de la dependencia de los muy caprichosos mercados mundiales de éstas.

América Latina sufrió de la crisis más que otros. Bajaron considerablemente los volúmenes de su comercio exterior y de inversión extranjera, se disminuyeron los ingresos del turismo y las remesas de los emigrantes. De esta manera los factores exteriores influyeron decisivamente en el desarrollo de la crisis en Latinoamérica. A la vez estos fenómenos negativos fueron acompañados por algunos procesos interiores. La banca privada limitó considerablemente los créditos interiores, que a su vez provocó la disminución de la inversión y el consumo de la población. Como resultado, se aumentó el desempleo y la pobreza.

En lo cualitativo de las consecuencias de la crisis mundial para América Latina lo más importante es la bajada de la parte de la región dentro del PIB mundial de 9,8% en 1990 a 7,6% en 2009.

Las posiciones económicas de América Latina en el mundo ahora están debilitadas. Están perdidas sus posiciones de líder del mundo en desarrollo que fueron ocupadas por ella en las primeras décadas después de la Segunda Guerra Mundial, cuando los latinoamericanos ocuparon el lugar entre los centros del capitalismo y los países en desarrollo. Se observa cierta marginalización de América Latina, que está perdiendo en la competencia con los Estados dinámicos de Asia.

Estos fenómenos negativos están agravados por los procesos de desindustrialización que tienen lugar en varios países latinoamericanos siendo consecuencia de la aplicación del modelo neoliberal. Bajó la parte de América Latina en la producción industrial mundial (de 7% en 1980 a 4,6% en 2009). El proceso semejante se observa en la esfera del comercio exterior, así como en la inversión extranjera en la economía de América Latina, se baja el nivel de la importación del capital a la región.

Hay que tener en cuenta que en todo el sistema de las relaciones económicas internacionales tuvieron lugar los cambios sustanciales que agravaron seriamente la situación de América Latina. Es que ahora la parte más considerable de las corrientes comerciales y financieras y de los intercambios científicos y tecnológicos se concentran en los países industriales (EE. UU., Europa y Japón), y en los cada vez más cercanos a ellos países de Asia. Los que están fuera de estos tres polos son cada vez más aislados de la integración productiva y el desarrollo innovador. Los tres polos ponen a ellos diferentes obstáculos en forma, por ejemplo, de las barreras aduaneras y aplican otros métodos del bloqueo de la venta de sus productos manufacturados.

Claro está que Dr. Klochkovski no deja de mencionar los procesos positivos, entre ellos la modernización de la economía, que obtuvo importancia considerable durante los últimos 20 años, la creciente eficacia de la industria transformadora y la esfera de comunicaciones, la transmisión de la energía eléctrica, el abastecimiento de gas y agua, la revolución electrónica, la expansión del Internet (el ritmo más acelerado en el mundo) y de los teléfonos celulares. Pero todo eso no puede ni frenar, ni retroceder los procesos del retraso de la región de los centros del capitalismo. Vale la pena mencionar que el retraso de los Estados Unidos en la productividad del trabajo casi se duplicó en el período de 1970 a 2006. De todos modos América Latina está bajo la influencia de las dificultades bastante serias por las cuales pasan los centros del capitalismo que no encontraron la respuesta a los desafíos de la época de la crisis.

Ahora la economía mundial está en la fase de la evolución postcrisis. La misma no promete nada positivo para América Latina, sino todo lo contrario: los industrializados van a crecer muy lentamente, sus necesidades en la importación y las limitaciones del crédito comercial van a ir abajo; los precios de las mercancías latinoamericanas también, los créditos y las inversiones del extranjero van a bajar.

Los EE. UU., Europa y Japón van a ocuparse de sus problemas económicos internos y no pensarán mucho en América Latina. La China Popular tampoco, a pesar de sus éxitos económicos. Ella está demasiado interesada en la exportación de sus productos y ahora es más bien rival en este sentido que aliado de América Latina. Parece que las concepciones de China y de los gobiernos latinoamericanos en lo que se refiere a las relaciones económicas y comerciales entre ellos no son idénticos, por lo menos no son demasiado parecidos.

En general, piensa el Dr. Klochkovski, las condiciones exteriores para el desarrollo económico de América Latina son peores que antes. Y esto pone en orden del día nuevas tareas. La primera es la formulación de la nueva política económica, encaminada a la justicia social. Para esto hay que fortalecer el rol del Estado, su función de distribución, ampliar su base financiera. Hace falta realizar reformas radicales del sistema de los impuestos, lo que permitirá ampliar el mercado interior como base del crecimiento económico.

Y ustedes, ¿qué opinan?

Vladímir Travkin, e-mail: revistala@mtu-net.ru

Periodista, director de la revista rusa «América Latina» cuenta sobre las relaciones ruso-iberoamericanas.

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