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Encarcelados: El hombre con el cigarrillo

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En el transcurso de una fiesta bien aderezada con alcohol y drogas en un complejo de viviendas sociales de Ohio, EE.UU., se produce un incendio que acaba con la vida de Cynthia Collins, una niña de dos años. Los vecinos señalan como culpable a Kenneth Richey, que supuestamente habría provocado el fuego para acabar con su exnovia. Condenado a muerte, comienza un viacrucis de apelaciones que acabará sacándolo de la cárcel 21 años después, cuando se revelen las deficiencias de la investigación.

El suceso que llevó al escocés Kenneth Richey a una celda del corredor de la muerte durante 21 años y medio tuvo lugar en el pueblo de Columbus Grove, en Ohio. Era 1986, cuando Cynthia Collins, una niña de dos años, murió calcinada en su casa.

Richey, que tenía 21 años y nunca admitió su culpabilidad, fue acusado y condenado por provocar el fuego. Las pruebas demostraron que prendió fuego al apartamento de su vecina, Hope Collins, con la intención de matar a su exnovia y a su nueva compañero, que estaban pasando la noche juntos en el piso de abajo. La pareja escapó, pero la niña murió en el incendio.

Durante las dos décadas que estuvo en el corredor de la muerte, a Richey se le dijo en 13 ocasiones la fecha y hora exacta en que sería ejecutado en la silla eléctrica."Es deprimente. Te hunde, te afecta mentalmente. Cada día moría una parte de mí", comenta.

Finalmente, casi 20 años después, Richey y sus abogados demostraron que hubo deficiencias en la investigación que llevaron a conclusiones incorrectas. En enero de 2008, fue puesto en libertad.

El incendio

El 29 de julio de 1986 hubo una fiesta con alcohol y drogas en el complejo de apartamentos Old Farm Village, que comenzó alrededor del mediodía y continuó hasta primeras horas de la mañana. En aquella época, Richey atravesaba una depresión y bebía mucho

En el juicio, Hope Collins, la madre de Cynthia, la niña fallecida, afirmó que Richey aceptó cuidar a su hija, mientras ella se marchó de fiesta fuera del complejo. Richey sostuvo que se negó a cuidar a la niña. En la fiesta tras desplomarse en unos arbustos por la borrachera –un extremo que los vecinos corroboraron–, se marchó a su apartamento, que estaba justo detrás del lugar.

El Tribunal de Ohio consideró que se aprovechó de que no había nadie en el apartamento de al lado, salvo la pequeña. Se concluyó que su intención era que el fuego se extendiera al piso de abajo donde dormía su novia. La sentencia se fundamentó en los testimonios de los invitados a la fiesta, que afirmaron, bajo juramento, que estaba borracho y había amenazado con quemar la casa.

Campaña internacional

Richey presentó repetidos recursos de apelación. A principios de la década del 2000, su caso comenzó a llamar la atención de los medios de comunicación de ambas orillas del océano y se inició una intensa campaña internacional.

"Es una pantomima de juicio, una pantomima de jueces y una pantomima de acusación", explica Richey, que hoy tiene 54 años. Y agrega: "Amnistía Internacional declaró públicamente que mi caso era uno de los casos de inocencia más flagrantes que jamás hubieran visto los defensores de los derechos humanos".

En el 2007, sus abogados llegaron a un acuerdo con los fiscales para que los cargos por incendio intencionado y asesinato fueran rebajados a homicidio imprudente. Esto supuso su puesta en libertad, teniendo en cuenta el tiempo de condena ya cumplida. 

Su vida después de salir de prisión no ha sido fácil. Tras unas series de desencuentros con una persona que le intentó ayudar, Richey no pudo encontrar trabajo y se mudó de un piso alquilado a una tienda de campaña en el bosque. En el momento en el que se realizó el documental, no tenía trabajo fijo ni una fuente de ingresos estable.

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