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Encarcelados: El hombre de la fiesta

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¿Cuánta gente ha pasado años en la cárcel por estar en el lugar equivocado y en el momento equivocado? Jerome Morgan estuvo más de dos décadas encarcelado, condenado por un homicidio cometido en una fiesta a la que asistía. No huyó de la escena del crimen. Tenía testigos. No le sirvió de nada: la Policía necesitaba un culpable para salvar la cara. Y por si fuera poco, cuando unos abogados decidieron ocuparse de él y reabrir el caso, el huracán Katrina vino a complicarlo todo.

Para muchos jóvenes estadounidenses, ser invitado a una fiesta de Dulces 16 forma una parte inalienable de la adolescencia y supone una alegre tradición para celebrar la transición hacia la mayoría de edad.

Sin embargo, para Jerome Morgan, el hecho de haber sido uno de los invitados se convirtió en 1993 en una pesadilla que le cambió la vida. Durante los festejos, que se llevaron a cabo en el hotel Howard Johnson en Nueva Orleans (Luisiana, EE.UU.), una pelea derivó en un tiroteo y se cobró la vida de uno de los adolescentes.

Unas semanas más tarde, Jerome, en ese entonces de 17 años, fue arrestado y acusado de homicidio luego de que dos testigos lo identificaran como el autor de los disparos. Como consecuencia, fue sentenciado a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional y enviado a la penitenciaría estatal de Luisiana.

Infierno en carne propia

"Un verdadero infierno". Así recuerda Jerome sus primeros días en la cárcel, conocida popularmente como Angola en referencia al origen de muchos esclavos explotados en el pasado en el lugar que actualmente ocupan las instalaciones. El penal aún conserva signos de esa historia y hasta el día de hoy la vasta mayoría de sus presidiarios son afroamericanos sentenciados de por vida.

Durante los veinte años que pasó en reclusión, Jerome se ha dedicado a perfeccionar sus habilidades para la barbería y siempre defendió con firmeza su inocencia. En 2001, el Innocence Project New Orleans (IPNO), una organización no gubernamental que representa a prisioneros que podrían haber sido injustamente condenados, comenzó a investigar su caso.

El IPNO presentó pruebas sólidas de su inocencia, citando a los mismos dos testigos que —presionados por los agentes— habían ayudado a inculpar a Jerome y que ahora revelaron lo que ocurrió realmente durante la identificación policial. Ambos admitieron que nunca estuvieron convencidos de que Jerome fuera culpable.

Perder la última chance

Sin embargo, cuando el huracán Katrina azotó Nueva Orleans en 2005, el desastre natural por poco destruyó las chances de Jerome de recuperar la libertad ya que complicó la tarea de encontrar a los testigos indispensables y los archivos relacionados con el caso.

Finalmente, después de dos décadas tras las rejas por un crimen que no cometió, su sentencia por asesinato finalmente fue revocada. Pero a pesar de haber sido injustamente privado de tantos años de su vida por la Justicia estadounidense, Jerome intenta encontrarle un sentido positivo a esa dura experiencia.

Amigos en la desgracia

"Ahora supongo que lo entiendo así. La respuesta que tengo para la pregunta: '¿Por qué, Dios, por qué?' es que reconozco que desde el fuego de mis sufrimientos salieron muchas cosas buenas, muchos diamantes, muchas joyas salieron de ahí dentro", confiesa.

Y concluye: "Conocí a muchas personas que se convirtieron en amigos para toda la vida. No tengo dudas sobre qué significan para mí y qué significo yo para ellos. Eso significa más para mí que cualquier otra cosa".

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