Donbass: brigadas internacionales

En un conflicto, una cosa son los mercenarios, que ponen sus habilidades al servicio del mejor postor, y otra los voluntarios. A estos últimos solo los guía aquello en lo que creen y por lo que están dispuestos a arriesgar la vida. Entre los voluntarios que luchan por la liberación de Donbass hay europeos, hispanoamericanos y hasta estadounidenses, y por muy distintos que sean, su compromiso es idéntico y su decisión irrevocable: de hecho, a muchos les aguardaría la cárcel si decidieran volver.

Muchos de los voluntarios extranjeros que forman parte de las milicias de la República Popular de Donetsk creen que el conflicto en Ucrania pudo haberse evitado, de no ser por la agenda bélica impulsada por la OTAN y EE.UU. Además, dicen luchar para que "no haya más nazismo". Uno de ellos es Bojan Dzaferovic, originario de Serbia, quien llegó a la región del Donbass en enero de 2015.

"Vine tras enterarme que había empezado una guerra civil contra los nacionalistas y que los civiles se rebelaron porque no querían estar con ellos. Lo mismo pasó en nuestro país en 1999. Recuerden cómo la OTAN bombardeó Serbia, donde murieron miles de personas. Más de 80.000 toneladas de bombas aéreas cayeron sobre tierra serbia. La mayor parte de ellas llevaba uranio radiactivo", recuerda.

Dzaferovic asegura que como él "hay muchos extranjeros y locales" luchando contra las fuerzas de Kiev. "Simples mineros de unos 50 años, que básicamente salieron de la mina y tomaron las armas para defender su casa. Si por alguna razón en un futuro cercano vuelvo a Serbia, puedo enfrentarme a una pena de 10 a 25 años de prisión por una ley que aprobó" su Gobierno, dice.

"A los nacionalistas ucranianos no les importan los civiles"

El estadounidense Zlatko Nóvkovich también combate en las filas prorrusas y condena a EE.UU. y la OTAN por haber bombardeado y destruido la antigua Yugoslavia, donde él nació. "Cuando llegué, en el 2015, conocí a mucha gente. Había chicos españoles, franceses, algunos serbios, por supuesto. Y también un par de estadounidenses. Pero, de algún modo, todos fuimos en direcciones diferentes. Cuando llegué a Donbass, primero trabajé de corresponsal de guerra y luego me hice profesor de inglés", relata.

En un principio, no todos los voluntarios extranjeros la tenían fácil para ser aceptados en las fuerzas de la República Popular de Donetsk, como es el caso del italiano 'Spartak'. "Llegué en el 2014 y me uní al batallón Vostok. Fue difícil, porque no hablaba ruso. Al principio no me querían aceptar. En Italia era paracaidista, serví en una unidad especial de paracaidistas. También entrené y califiqué como soldado de las fuerzas de choque alpinas en Italia", comenta.

'Spartak', que ha sido herido en tres ocasiones, asegura que "a los batallones nacionalistas ucranianos no les importan los civiles" del Donbass, a quienes "usan como un escudo humano" y los "tratan muy mal". Este voluntario también es consciente de que si regresa a Italia sería arrestado y juzgado como mercenario que luchaba por dinero. "Pero no fue por dinero que vine aquí. Vine por mis ideas", asegura. "Lucho porque ahora esta es mi casa. Vivo aquí con mi esposa y mis dos hijos pequeños. No puedo quedarme de brazos cruzados, mirando y esperando a que acabe todo esto", añade.

"La OTAN se derrumbará"

Nóvkovich califica a la población del Donbass como héroes, puesto que hacen todo lo posible para tratar de seguir con su vida cotidiana pese a los constantes bombardeos. Además, señala que la operación militar rusa "evoluciona con brillantez" y que, tras la derrota de EE.UU. y la OTAN en Ucrania, la Alianza Atlántica "se derrumbará".

Por otro lado, el mercenario británico Aiden Aslin, capturado por las tropas rusas, dice que tras su rendición en Mariúpol y enterarse de las atrocidades cometidas por las fuerzas ucranianas contra los civiles ha "abierto los ojos a la realidad". "Ahora mismo estoy imputado como mercenario por un tribunal de la República Popular de Donetsk. Si me declaran culpable, cabe la posibilidad de que me condenen a muerte", reconoce.

Su compatriota Shaun Pinner, también cautivo, confiesa que "lo que más temía" era que lo capturaran. "Pasé unas 5 o 6 semanas escondiéndome de los tanques. Básicamente nos aplastaron. Nos destrozaron […]. He visto lo peor de esta guerra y no quiero volver a verlo nunca más. Quiero que termine y que haya un diálogo", afirma. "Todos los días siento angustia. Estoy como paralizado. No quiero morir. Quiero volver a ver a mi esposa. Quiero seguir con vida", lamenta.